A Fondo con más inflación

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Subió el dólar, volvió el FMI y pasó el último vencimiento de las Lebac. Ahora habrá que ver el impacto que esto tendrá sobre el nivel de actividad, los salarios y la inflación, que en abril fue la más alta del año. El acumulado del IPC nacional entre enero y abril de este año ya da 9,6 por ciento y supera los guarismos necesarios para cumplir la meta inflacionaria del 15 por ciento.

Foto: Joaquín Salguero

En las últimas semanas la atención de la sociedad estuvo concentrada en temas como la suba del dólar, el anuncio de la vuelta al FMI, o la incertidumbre que generaba el vencimiento de las Lebac. Pasados los momentos de mayor tensión, el interrogante que se abre ahora se vincula a la magnitud del impacto negativo sobre variables clave como el nivel de actividad, la inflación y los salarios.

La inflación resulta preocupante. Se conoció el dato del IPC de abril, que arrojó un incremento a nivel nacional del 2,7% mensual, según el Indec. Cabe aclarar que esa medición no recoge el aumento del dólar entre fines de abril y mediados de mayo, pero que comenzará a sentirse a partir de los registros de mayo. La evolución de la inflación se explica a partir de las políticas gubernamentales, entre ellas los tarifazos, la desregulación del precio de los combustibles y la evolución cambiaria. Antes que sumemos el efecto de la reciente depreciación del peso (aumento del dólar), conviene reparar en qué nos está diciendo la inflación de abril.

Es una inflación alta. Hasta ahora es la más alta del año. Y no es un pico aislado, sino que viene a representar la continuidad de un proceso inflacionario constante. Supera hace rato los guarismos necesarios para cumplir la meta inflacionaria del 15 por ciento anual, presentada el 28 de diciembre pasado, y que desde el inicio lucía improbable de alcanzar.

En abril hay un rubro que resalta, y es el de los servicios públicos, que aumentó 8 por ciento. Le sigue transporte con 4 por ciento. Otros indicadores que miden la inflación también marcan un avance, como por ejemplo los precios mayoristas, que en lo que va del año ya promedian el 15 por ciento de aumento.

Dujovne, un superministro off shore

El acumulado del IPC nacional entre enero y abril de este año ya da 9,6 por ciento. Seguramente la devaluación seguirá impactando en los meses siguientes (lo reconoció el Banco Central en su comunicado de Política Monetaria del 22.05.18) y, encima, junio vendrá con nuevos aumentos de tarifas. Con ese escenario, a mitad de año seguramente se pasará la meta pautada para todo el año.

La inflación núcleo (sin precios regulados ni estacionales) también se mostró elevada, un 2,1 por ciento para abril, con un acumulado en el año del 8,6 por ciento, muy cerca del Índice General. No debe sorprender: los tarifazos de los precios regulados, si bien son excluidos de esta medición, se terminan trasladando a los precios finales del resto de los bienes y servicios de la economía.

El gobierno resolvió el episodio cambiario reforzando las políticas que vino implementando hasta el momento, con pésimos resultados para el conjunto de la población. El BCRA subió la tasa ofrecida por las (a esta altura) muy conocidas Lebac al 40 por ciento anual (desde el 26,30 % anterior), forjando un aumento general en las tasas del mercado financiero, encareciendo especialmente los préstamos de todo tipo, tanto para empresas como para personas. Junto a esto, elevó el nivel del dólar a 25 pesos, lo que significa un aumento de la divisa norteamericana del 20 por ciento en tan sólo 12 días hábiles. Como broche de oro, incrementó su compromiso de ajuste, con mayor reducción del déficit fiscal, orientado a conseguir el préstamo solicitado al FMI.

La meta inflacionaria del 15 por ciento para 2018 aún no ha sido formalmente reemplazada por otro guarismo, aunque en la práctica está descartada por el gobierno nacional. Primero lo reconoció el ministro Nicolás Dujovne, al declarar que habrá que esperar “más inflación y menor crecimiento”. Luego el propio presidente Mauricio Macri al decir: “Fuimos muy optimistas con las metas de inflación”. No obstante, a pesar de haber dejado prácticamente en el pasado la meta recalculada en diciembre, el gobierno no tiene intención de hablar del tema de las paritarias, habiendo presionado a los sindicatos (y lo logró en la mayoría de los casos) para cerrar los aumentos salariales del año en línea con este valor.

De la crisis autoinfligida a la dolarización

En este sentido, el gobierno intenta avanzar (con el apoyo de los condicionamientos del FMI) en el llamado “aumento de la competitividad” que no es más que una política para favorecer los negocios de los grupos empresariales más concentrados y de los inversores externos, principalmente a costa de la baja de los salarios en términos de dólar, y la consiguiente pérdida de su poder adquisitivo.

Un ejemplo global: un informe del Banco de España indica que “la recuperación de la competitividad ha descansado en los costes laborales mientras que los márgenes empresariales han seguido estables, lo que indica falta de competencia entre las empresas”. Es decir, las empresas no obtienen las ganancias innovando, sino por la vía de la contracción salarial. Todo un mensaje para la sociedad argentina.

En nuestro país, la vuelta al FMI es parte de la estrategia de profundización de la dosis neoliberal, que desde que asumió el gobierno está implementando (no sin resistencias). La historia permite prever que la condicionalidad del FMI caerá sobre las espaldas de los sectores del trabajo y la producción, en especial las pymes. En los últimos documentos del FMI dedicados a la Argentina, puede leerse que el Fondo recomienda avanzar sobre los contratos de trabajo, reduciendo el pago de indemnizaciones y limitando la negociación del salario mínimo, entre otros puntos.

El FMI aterriza en suelo argentino con un nivel del dólar más elevado, algo que no resulta llamativo considerando que era uno de los puntos recomendados por el organismo financiero internacional, y también un reclamo de los sectores exportadores.

Pero tampoco hay que olvidarse de otros beneficiarios de esta nueva paridad cambiaria. La devaluación y posterior inflación tiene la función de licuar los salarios reales y afectar la distribución del ingreso en la Argentina.

En definitiva, con los sucesos recientes se cristaliza lo que muchas veces dijimos antes de la asunción de Macri: que Cambiemos trataría de desmantelar conquistas esenciales. Sin lugar a dudas, la supuesta “campaña del miedo” no era tal: lo sostuvimos en su momento y en esta gestión macrista la realidad lo confirma.

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