Antiperonismo

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El antiperonismo revanchista está en los orígenes del propio movimiento peronista y es el gran problema de Argentina. Me refiero con antiperonismo a una forma de fanatismo y fundamentalismo que tiene en su base ideas racistas, sexistas y clasistas. El odio del antiperonismo está condensado hoy en la figura de Milagro Sala: mujer, negra, india, pobre, de Jujuy y presa política.

gobernadores ante la comisión de presupuesto y hacienda en el senado de la nación por acuerdo con fondos buitres Foto: Joaquín Salguero

Hay una frase muy común que dice que el problema de los argentinos es el antiperonismo. Quiero proponer una tesis: creo que el problema de Argentina, el gran problema, es el antiperonismo. No me refiero a las personas que no son peronistas, –hay millones de argentinos que no lo son–. No estoy pensando en personas que opinen distinto que el peronismo. Me refiero a una forma de fanatismo, de fundamentalismo. Estoy hablando de terrorismo lingüístico y simbólico y a veces simplemente, de terrorismo.

Con esto no estoy afirmando que no se puedan hacer críticas al peronismo. Más bien todo lo contrario: las críticas que necesitaríamos hacerle al peronismo quedan opacadas por la brutalidad del antiperonismo.

El antiperonismo es racista: cabecitas negras en el 45; la negrada, los negros, los bolitas, hoy. El antiperonismo es clasistas: los descamisados en el 45; los villeros, los muertos de hambre, los que van por el chori y la Coca, los que son llevados, hoy. Seguimos igual.

El antiperonismo es misógino y es sexista: esa mujer, viva el cáncer en el 52; la yegua hoy. Si alguien está en desacuerdo con Eva Perón o con Cristina Fernández de Kirchner, tiene todo el derecho, pero eso no significa que puede avalar o que necesite apelar al terrorismo lingüístico. Cuando se apela al terrorismo lingüístico se deslegitima la posición de crítica política a cualquier cuestión con la que se está en desacuerdo.

¿De dónde sale todo esto? ¿Por qué esta guerra de palabras? Mi respuesta es que entre los años 45 y 55 hubo grandes deseos de revancha y de venganza. Cuando obligan a Juan Domingo Perón, el 9 de octubre del 45 a renunciar a los cargos y después lo meten preso el 13 de octubre, nada más que el 15, la patronal se niega a pagar el feriado del 12 de octubre. Es decir, tres días les costó no cumplir las leyes de la Nación y eso ayudó mucho a que surgiera el 17.

El antiperonismo y la revancha del antiperonismo estuvo en el propio origen del peronismo. Una de las cosas centrales es que el avance de los trabajadores produjo un rencor muy hondo. Mucho odio. Eso explica que nunca se escuche a un antiperonista repudiar el terrorismo literal del bombardeo a la Plaza de Mayo de 1955.

La revancha del antiperonismo estuvo en el propio origen del peronismo. Una de las cosas centrales es que el avance de los trabajadores produjo un rencor muy hondo.

El antiperonismo siempre fracasó por dos razones. La primera, es que nunca pudo ofrecer a las mayorías populares un país mejor que el que ofreció el peronismo. Porque el antiperonismo derrocó en el 55 al peronismo diciendo que iba a resolver los problemas del país y mantuvo la proscripción por dieciocho años, con represión, con fusilamientos, entre otras cosas. La segunda razón es que el odio llevó al antiperonismo a una guerra que siempre terminó perdiendo.

¿Qué pasa entonces, con el gobierno actual? El presidente Mauricio Macri el 10 de diciembre, cuando asumió, dijo: “La mayoría de los argentinos que votó por nuestra propuesta fue basada en tres ideas centrales. Ellas son pobreza cero, derrotar al narcotráfico y unir a los argentinos”.

El presidente planteó como uno de los tres objetivos de su gobierno unir a los argentinos y sin embargo, lo que estamos viendo es que el odio, el ansia de revancha y de venganza está superando ese objetivo. Dentro del gobierno algunos conocen estas historias de las que estamos hablando y no pocos quisieron evitar el revanchismo pero no pudieron. Es más fuerte que ellos. El odio del antiperonismo; racismo, clasismo y sexismo, está condensado hoy en una figura pero podría ser en muchas otras: Milagro Sala, mujer, negra, india, pobre, de Jujuy, presa política.

El presidente planteó como uno de los tres objetivos de su gobierno unir a los argentinos y sin embargo, lo que estamos viendo es que el odio, el ansia de revancha y de venganza está superando ese objetivo.

¿Las Naciones Unidas son kirchneristas? ¿Nos hemos vuelto todos locos o estamos imbuidos en un terrorismo lingüístico que parece que prácticamente no va a tener fin? Ojalá algún días los argentinos podamos salir de esta locura que creo que es una enfermedad constante que no nos permite salir de nuestros laberintos culturales.

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Esta columna se difundió originalmente el martes 13 de diciembre en Radio del Plata en el programa “Siempre es Hoy”, conducido por Daniel Tognetti. Para escucharla pueden hacer click aquí.

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