Bienvenido Mister Marshall

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Cambiemos transformó a la Argentina en Villar del Río, el pueblo español de la comedia de García Berlanga que esperó ansiosamente la visita de diplomáticos estadounidenses y se preparó para recibir los beneficios que el plan Marshall traería. Al parecer, el programa no incluía a España y la comitiva pasó pero no se detuvo. El urgente pedido de socorro al FMI, nuestro prestamista de última instancia, es el último capítulo en la larga espera de nuestro Mister Marshall.

Hace un poco más de 60 años, en pleno franquismo, se estrenó en España “Bienvenido, Mister Marshall” una comedia brillante dirigida por Luis García Berlanga, que se transformó con los años en un ícono del cine español. El argumento es simple: “Villar del Río, un pequeño pueblo español, es alertado sobre una visita inminente de diplomáticos estadounidenses. El pueblo comienza los preparativos para impresionar a los visitantes, con la esperanza de obtener beneficios bajo el Plan Marshall. Esperando demostrar el lado de la cultura española con el cual los visitantes estadounidenses están más acostumbrados, los ciudadanos visten trajes típicos andaluces (algo poco común), contratan un famoso intérprete de flamenco y redecoran el pueblo según el estilo andaluz”.

Mientras los habitantes son alentados a disfrazarse de lo que el intérprete imagina que le gustará a la comitiva, también son invitados a pedir lo que necesiten ya que “los americanos son un gran pueblo que no vacila en ayudar a sus hermanos de más escasa fortuna”. En una de las mejores escenas de la película, el pueblo reunido en la plaza establece una larga lista con pedidos específicos como “dos mulos, tres gallinas, una bicicleta con timbre, veinte sacos de abono” o incluso “un clarinete”.

Al final de la película, la tan esperada comitiva estadounidense atraviesa el pueblo, sin detenerse en él. Al parecer, el plan Marshall no incluía a España.

El Frente contra el Fondo

Cambiemos transformó a la Argentina en Villar del Río. Desde el inicio de su gestión impulsó iniciativas políticas con el argumento de que serían bien vistas por comitivas tan esperadas como la de los funcionarios norteamericanos e igual de imaginarias. Como los pobres castellanos disfrazándose de andaluces para obtener un par de mulos o algunas gallinas, el gobierno le pagó a los fondos buitre esperando conseguir la esquiva lluvia de inversiones. Lo mismo ocurrió con el blanqueo de capitales o la eliminación de retenciones. Eran decisiones que formaban parte del Tai chi que Cambiemos llevaba a cabo con “el mundo”, una entelequia que nadie toma la precaución de definir pero a la que todos debemos volver.

El urgente pedido de socorro al FMI, nuestro prestamista de última instancia, es el último capítulo en la larga espera de nuestro Mister Marshall. Ahora debemos llevar adelante una seria de reformas no porque sean positivas para el país sino porque forman parte de la pantomima que, según los mismos “intérpretes de flamenco” que nos condujeron a depender de un rescate multimillonario, logrará por fin que el mundo entienda que somos eso que quiere que seamos. Un mundo que, por otro lado, jamás aplicaría las recetas que nos exige.

Como la Alianza en su momento, Cambiemos llega así a la perfección del sistema de representación, ya no política sino teatral. El gobierno defiende sus iniciativas no por creer que sean buenas políticas, sino por considerar que son buenas señales. No dependemos de lo que hagamos ni de lo que logremos producir sino de lo que otros comprendan a nuestras pantomimas.

Es asombroso que el mejor equipo de los últimos 50 años no perciba lo que sí entendió el rústico alcalde de Villar del Río, es decir, que las comitivas pasan de largo.

Una respuesta posible es que al mejor equipo le convenga no percibirlo.

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