Calamidades imaginarias

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Más temprano que tarde el aborto será legalizado y al igual que con el voto femenino, el divorcio vincular y el matrimonio igualitario, el día después, a pesar del anuncio de terribles calamidades, nada ocurrirá.

Foto: Joaquín Salguero

 “(Repudiamos) la droga, la pornografía, la inseguridad que impera en las calles, la infiltración marxista-leninista que sufrimos en la educación y el acercamiento peligroso al enemigo ateo y totalitario de la Unión Soviética”.

Cruzada Cristiana Anticomunista / marcha contra la ley de divorcio / 1986

El 9 de septiembre de 1947, el Congreso de la Nación, integrado únicamente por hombres, aprobó la ley de voto femenino. El debate fue acalorado y algunas intervenciones en el recinto quedaron para la posteridad: “Como legislador y como médico quiero dejar bien establecido en esta sesión que el hombre y la mujer no son iguales. Y yo me pregunto entonces para qué otorgar igualdad política a dos seres que no lo son”, opinó un legislador sin sonrojarse. Otro, más mesurado, propuso que el voto fuera optativo y no obligatorio como lo era para los hombres: “La obligatoriedad del voto femenino atenta contra la familia argentina. Las discusiones, las pasiones que llevan implícita la actividad política, ¿no producirán acaso que el hombre y la mujer se peleen, teniendo como testigos innecesarios a sus propios hijos? Diciendo que sí al voto femenino seremos responsables de que se rompan muchos hogares”.

Más allá de algunas ideas cavernícolas expresadas con ahínco y repudiadas con pasión, la aprobación del proyecto fue unánime y sólo unos pocos legisladores se retiraron del recinto para eludir el voto.

Cuarenta años después, el 3 de junio de 1987, el Congreso aprobó la ley de divorcio vincular, discutida durante casi un año frente a la obstinada oposición de la Iglesia. Como en el caso del voto femenino, muchos legisladores advirtieron las consecuencias nefastas que la ley generaría en la familia e incluso el país. “Existe un auge de elementos sociales negativos que atacan y vapulean las células básicas de la sociedad, como la familia”, alertó el diputado Alberto Medina y con estadísticas imaginarias sostuvo que “el divorcio, entre otras cosas, aumenta la delincuencia juvenil”. Por su lado, el senador Vicente Saadi explicó que “el vínculo matrimonial no puede ser sino perpetuo. Hablar de un vínculo disoluble o revocable es sencillamente imposible”, mientras el senador Ricardo Leconte señalaba, en el mismo sentido, que “el matrimonio es indisoluble por reclamo de la propia naturaleza”.

Contra el embarazo como fatalidad

El 15 de julio del 2010, el Congreso aprobó la ley de matrimonio igualitario, un proyecto que también generó debates acalorados. La senadora Liliana Negre de Alonso aseguró que la aprobación de la ley podría abrir “la puerta al comercio ilegal de óvulos, espermas y de vientres” y sostuvo que la propuesta es impulsada desde Buenos Aires donde se montó “un gran negocio” con ese sector de la sociedad: “Hay un fuerte movimiento con la llegada de buques gay, se hacen restaurantes gay, hoteles gay, galerías gay, shopping gay. Hay todo un movimiento artístico muy fuerte económicamente que necesita sí o sí que salga esta ley para poder fortalecer esta posición”. Eduardo Amadeo, por su lado, se manifestó preocupado por “la implicancia que esto puede tener en los derechos de los niños” y la posibilidad, sin duda escalofriante, de adopción que se habilitaría con el matrimonio gay. La diputada del Séptimo Día Cynthia Hotton se opuso al proyecto con una lógica algo contorsionista: “Que se respeten los derechos de las minorías pero que se legitimen los de las mayoría”, y concluyó que “matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer. ¿Por qué no mañana entre tres o cuatro o un mayor con un menor si se aman?”. El diputado Mario Merlo, en plena epifanía, sostuvo que “la unión de un hombre y una mujer es una situación racional para la sociedad porque su resultado es la procreación, asegurándose así su vida eterna”.

En estos años en los que las mujeres no sólo votaron sino que fueron votadas, en los que el matrimonio pudo rescindirse como cualquier contrato y como cualquier contrato pudo ser establecido por cualquier pareja, más allá de su orientación sexual, no hemos padecido ninguna de las calamidades anunciadas. La familia no se disolvió y ni siquiera fue vapuleada, las parejas siguieron teniendo hijos, biológicos o adoptados, no fuimos sojuzgados por la pornografía (al menos no más que antes), no padecimos ningún tráfico de semen, óvulos o vientres, no aumentó la delincuencia juvenil por culpa de los divorcios ni vimos llegar buques gay para apropiarse de nuestros bebes indefensos. La infiltración marxista-leninista y el acercamiento peligroso al enemigo ateo y totalitario de la Unión Soviética no sólo no ocurrió sino que la Unión Soviética dejó de existir antes que el matrimonio.

Esta semana, la Cámara de Diputados tratará el proyecto de ley de legalización del aborto. Como las ampliaciones de derechos antes mencionadas, esta iniciativa también generó enfrentamientos apasionados y hasta último momento no sabremos si contará con los votos necesarios para lograr la media sanción. Lo que sí sabemos es que al igual que el voto femenino, el divorcio vincular y el matrimonio igualitario, es un proyecto que cuenta con el apoyo de la ciudadanía. Es decir que, más temprano que tarde, será votado y una vez que lo sea veremos que el día después, al igual que en los casos anteriores, nada ocurrirá.

Nada, sólo la ampliación de derechos que implica contar con más gente protegida por el sistema.

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