Cambio climático, demasiado presente como para ignorarlo

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El cambio climático está sucediendo aquí y ahora. Las predicciones de la Organización Mundial de la Meteorología (OMM) anticipan que fenómenos extremos que se alejan de los comportamientos habituales como las olas de calor, las temperaturas récord y las sequías o lluvias por debajo de la media serán lo habitual en el futuro. Acelerar la transición hacia energías limpias y renovables es más urgente que nunca.

Incendios devastadores en el Amazonas, que afectaron a más de 2.5 millones de hectáreas, sumado a los de Indonesia, que junto a la primera están entre las regiones tropicales más importantes del mundo. Las temperaturas superaron los 30 grados en el círculo polar ártico. Hace pocos días, más de 11.000 científicos de todo el mundo advirtieron que es inevitable “un sufrimiento humano inevitable” a menos que haya cambios radicales en la actividad humana para reducir las emisiones de dióxido de carbono y otros factores que contribuyen al cambio climático.

Hay algo innegable: es imposible observar estos desastres naturales extremos y no pensar en las consecuencias que pueden potenciar aún más el cambio climático. No podemos dejar de lado el hecho de que es muy posible que estos fenómenos dejen de ser aislados: lejos de tratarse de situaciones puntuales, las predicciones de la Organización Mundial de la Meteorología (OMM) anticipan que este clima extremo será lo habitual en el futuro. Así, es un hecho que estos fenómenos extremos que se alejan de los comportamientos habituales como las olas de calor, las temperaturas récord y las sequías o lluvias por debajo de la media, sucederán de manera cada vez más frecuente.

Una agenda ambiental posible

A nivel local, el panorama no mejora: el cambio climático está sucediendo aquí y ahora. Acelerar la transición hacia energías limpias y renovables es más urgente que nunca. Sin embargo, la deforestación en el Gran Chaco argentino es una realidad y actualmente hay 10 millones de hectáreas de bosques nativos amenazadas por la ganadería intensiva. A su vez, las intenciones de continuar invirtiendo en Vaca Muerta y explotar la segunda reserva de gas del mundo, no van de la mano con estrategias para mitigar el cambio climático. Deforestar y abrir más reservas de petróleo, gas y carbón es condenar al mundo a impactos climáticos devastadores.

La propagación de estas olas de calor apunta al cambio climático como un factor claro, aún cuando tenemos 1 grado de calentamiento desde la era preindustrial. La perspectiva de lo que podría suceder si las temperaturas suben más allá del objetivo de 1,5 grados establecidos en el acuerdo climático de París es impensada. Por eso, los gobiernos de todo el mundo deben priorizar el tema en sus agendas: ya no es abstracto, los efectos del cambio climático se sienten y se ven. El momento de actuar es hoy: apostemos a las energías renovables.

*Por Leonel Mingo, coordinador de Clima y energía de Greenpeace Andino

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