El Centro Cultural San Martín ya es un flete cultural

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La administración macrista lo usa para mudar orquestas y otras reparticiones. Los trabajadores temen un posible vaciamiento. Las negociaciones del señor Pititto con los “Gordos” de la CGT y el auge del negacionismo videlista con tonos de progresismo dietético.

Foto: Prensa GCABA

La idea de la flamante «chetocracia» oligárquica es sencilla: vaciar de memoria y toda referencia colectiva de la lucha de los trabajadores. Con tal fin no vacilan en usar las herramientas del Estado para pagar empleados de escasa calidad intelectual como sicarios del pensamiento, sumergiendo con mentiras el fango de las redes sociales y los diarios de la hegemonía económica, para esconder el desfalco permanente, la deuda externa trepidante, la pobreza y la miseria planificada; además de la represión de los caídos del sistema con falsas promesas de redención.

El dispositivo cultural macrista tiene una doctrina de vaciamiento y se da en todos los organismos del Estado. Mientras el discurso zen avanza a paso redoblado desde las usinas cerebrales de Balcarce 50, los oficinistas de la negación se ocupan de cuestionar la cifra de detenidos-desaparecidos en la dictadura y llaman “negocios de los derechos humanos” a la lucha de miles de víctimas.

Tan lejos han llegado en estos 15 meses, que la deuda externa aumentó 28.048 millones de dólares en el primer año y el gobierno ya tomó compromisos financieros por 192.462 millones de dólares. Macri no cumplió con ninguna promesa de campaña, pero superó el récord de Martínez de Hoz y Videla en deuda externa.

Según un estudio del Centro de Economía Política (CEPA), en la Capital Federal durante el primer bimestre de 2017 se registraron un total de 74 conflictos: 39 durante el mes de enero, 35 en febrero, o sea más de un conflicto por día. Y existieron otros 44 casos en 23 días de marzo, que duplican la tasa de conflictividad a casi dos conflictos por día. Así gobierna Macri: sin resolver el salario de los maestros perseguidos por la daga de buchones, carneros y agentes de policía que van a las escuelas a preguntar quién adhirió al paro.

Un caso curioso es el que se produce en el Centro Cultural General San Martín, dirigido por otro exponente de la chetocracia argenta, Diego Pimentel, que responde a Hernán Lombardi y su mano diestra Gabriela Ricardes, hoy empoderada en el control de Pakapaka, Canal Encuentro, Tecnópolis, y el Centro Cultural Kirchner, que ellos quisieran llamar Isaac Francisco Rojas, pero no se animan.

El fuego lo encendió a comienzos de marzo el ministro de Cultura de la Ciudad, Ángel Mahler, cuyo nombre es Jorge Pititto. En ese momento, el señor Pititto le dijo al diario La Nación, que «la actividad privada es compatible con la función pública”. Los trabajadores del San Martín se enteraron por el diario que dos pisos del Centro Cultural serían ocupados por el conservatorio Manuel de Falla lo que provocó una reacción de protesta y el corte de calles en el centro porteño. Poco antes, el bueno de Pimentel y los perseguidores al mando de Lombardi y Ricardes habían dado de baja a unos 20 contratados, quienes fueron reincorporados, pero nadie les quita la angustia de haber estado tres meses sin salarios.

Fuentes de la Legislatura de la Ciudad y de la CTA cuentan que los trabajadores del San Martín ven como mucha preocupación “la escalada del vaciamiento” en el Centro Cultural, que es responsabilidad del alcalde Horacio Rodríguez Larreta. Al cierre de esta nota, los funcionarios de confianza del señor Pititto –quienes no quieren que se los mencione en este artículo por temor a la supuesta neurosis de su jefe- ya se habían reunido con sectores cercanos al triolet de la CGT para tratar de acercar posiciones en búsqueda de la “paz social” dentro del Centro Cultural.

Lo cierto es que el Teatro San Martín está en obra y los ruidos de la orquesta impiden realizar los cursos y actividades del Centro. Para mal de males, el inefable señor Pititto mudó a la Sinfónica de la Ciudad a la Sala F del Centro Cultural, que así las cosas se parece mucho a una empresa de fletes culturales o una de esas caravanas de mercachifles que venden heladeras usadas los fines de semana. El edificio del Centro Cultural de 14 pisos se cae a pedazos con ascensores que no funcionan, pero eso no impide la programación de la Radio y el Canal de la Ciudad cuya paleta de colores y construcción de sentido es una mezcla de Utilísima con el Libro Azul de Spruille Braden en su flamante versión progresista.

Este cronista reveló en octubre de 2015, en una nota publicada por el diario Tiempo Argentino, que en sólo en 10 meses del período 2014, la Ciudad le había otorgado a Nicolás Caputo (el amigo íntimo de Macri desde el colegio Cardenal Newman) una serie de concesiones por obras que superaron los 5 millones de pesos en el Centro Cultural San Martín, que dependía por entonces, del prestigiosísimo Lombardi. Todas las obras fueron por adjudicación directa en la que intervino la mano diestra del funcionario, la señora Ricardes, ahora a cargo de completar el plan sistemático de la chetocracia, pero esta vez a nivel nacional.

El 26 de marzo, el periodista Horacio Verbitsky contó en Página 12, que el señor Pititto le concedió a la Fundación de la Iglesia Católica, “Scholas Ocurrentes”, unos 15 millones de pesos para “proyectos culturales”, según la Resolución 329/MCGC/17 del Boletín Oficial de la Ciudad Nº 5084. Pero nada de esto le preocupa demasiado al gremio de los Municipales de la Ciudad dirigido por el histórico “Gordo” Amadeo Genta, cercano a Luis Barrionuevo de Camaño y a Hugo Moyano, el camionero con la pirotecnia puesta en AFA.

En tanto, la chetocracia persiste en su diatriba negacionista con funcionarios banales premiados en embajadas y revestimiento progresista.

Todo pasa.

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Juan Alonso

Juan Alonso

Periodista, escritor y docente. Columnista con Roberto Caballero en Radio Colonia y del programa ADN en C5N. Distinguido con el Premio Walsh de la Facultad de Periodismo de La Plata en 2017. Fue editor de Policiales de Tiempo Argentino.

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