Cola de león

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Hace unos días, Paolo Rocca fue procesado por el juez Bonadio en la causa de los Cuadernos Escaneados. Una empresa con sede en Luxemburgo habría pagado a funcionarios argentinos para obtener un beneficio del gobierno venezolano, un asombro legal. Al parecer, la corrupción que debemos combatir es la de nuestras empresas privadas y la solución estaría en conglomerados más grandes y, por supuesto, extranjeros.

FOTO: SERGIO PIAMONTE

“Tal vez Somoza sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”

F.D. Roosevelt

A principios del 2008, Hugo Chávez tomó la decisión de expropiar las acciones de la metalúrgica Sidor que pertenecían al grupo Techint. El entonces presidente de Venezuela quería tomar el control de la misma ya que consideraba que la empresa privilegiaba la exportación por sobre el abastecimiento del mercado interno, una crítica similar a la que el gobierno kirchnerista le haría a YPF y que llevaría a su expropiación en 2012. Como suele ocurrir con las empresas de los países serios que –según una obstinada letanía mediática– debemos imitar, Paolo Rocca, el titular de Techint, solicitó la intervención del gobierno argentino ante su par venezolano. La mediación del ex presidente Néstor Kirchner permitió que el holding llegara a un acuerdo razonable con el Estado venezolano.

Hace unos días, Paolo Rocca fue procesado por el juez Bonadio en la causa de los Cuadernos Escaneados. La razón invocada fue justamente aquel acuerdo. En efecto, Luis Betnaza, alto ejecutivo de Techint, denunció ante el fiscal Stornelli que algunos funcionarios kirchneristas pidieron dinero a la compañía a cambio de agilizar el pago de la indemnización. Así, una empresa con sede en Luxemburgo habría pagado a funcionarios argentinos para obtener un beneficio del gobierno venezolano, un asombro legal. Rocca afirmó desconocer el pago de esas coimas.

El tiempo dirá si el alto directivo de Techint dijo la verdad o sólo cedió a la amenaza de la prisión preventiva, el martillo de herejes con el que el juez Bonadio consigue que la realidad se adapte a sus certezas. Quienes niegan lo que afirma la denuncia son encerrados preventivamente, mientras que aquellos que confirman las acusaciones o incluso lanzan algunas nuevas pueden volver junto a sus familias. Las investigaciones de Comodoro Py tienen la efectividad de las hogueras del Santo Oficio: su fuego sólo calcina a los culpables.

No hace falta ninguna teoría conspirativa para sospechar que la causa de los Cuadernos Escaneados, surgida en el seno de nuestra Santísima Trinidad –conformada por los medios, los servicios y la Justicia federal– con la amable participación de la embajada de EEUU, poco tiene que ver con una cruzada moralizadora.

Los Cuadernos Escaneados abonan la fantasía de muchos sobre una “revolución ética” que vendría para poner freno a la corrupción galopante de las multinacionales autóctonas, personificadas en esta oportunidad por Odebrecht y Techint.

Mientras tanto, el gobierno de los Estados Unidos como sus compañías deben sonreír, satisfechos. No es que los conflictos de intereses les sean ajenos y no los enfrenten a diario, pero parafraseando a F.D Roosevelt, tienen en claro la máxima que insta “hay negociados, pero son nuestros negociados”.

La foto de los vencedores

Por el momento, la única certeza que nos depara el procesamiento de Rocca es que, en base a una denuncia sin pruebas materiales, una de las mayores empresas del país acaba de entrar en una situación inédita de zozobra, a merced de todo tipo de contingencias legales.

En los ´90, el sentido común de época nos hablaba de empresas públicas ineficientes y corruptas que debían ser privatizadas para dejar de serlo y permitir ese desarrollo que, al final, nos fue esquivo. Hoy el paradigma parece haber cambiado: la corrupción que debemos combatir es la de nuestras empresas privadas y la solución estaría en conglomerados más grandes y, por supuesto, extranjeros.

Nuestro establishment parece adherir a esta afirmación desconfiando de su propia grandeza, convirtiéndose en la cola de un león que no domina. Evita así ser la cabeza de un ratón, aunque deberían entender que al menos sería nuestro ratón.

Los iluminados indican que este complejo de inferioridad nos llevaría, esta vez sí, al desarrollo tan esperado.

Como la curación a través de gemas, es sólo cuestión de fe.

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