Contra el embarazo como fatalidad

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Ayer comenzó la primera jornada de debate sobre el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo. Dora Barrancos, socióloga e historiadora, fue una de las 16 expositoras a favor: “Me encuentro entre quienes defienden el aborto legal para afirmar el derecho al disfrute sexual separándolo absolutamente de la reproducción”, aseguró. Compartimos su intervención completa.

Foto: Joaquín Salguero

Muchísimas gracias por esta oportunidad que es inédita, única e histórica. Quiero reconocer todos los esfuerzos, antecedentes a la Campaña y la Campaña. Como ustedes ven cargo muchísimos años, muchísimas luchas y muchísimas expectativas en este momento histórico en el que por fin nuestro parlamento va a debatir la despenalización y la legalización del aborto.

Tengo vicios de historiadora y por lo tanto quiero comentarles que nuestro país se situó en América Latina como uno de los más aventajados en materia de transición demográfica. La transición demográfica, como sabemos, es un fenómeno que supone una baja de mortalidad de la población y una baja de fecundidad de la población. La Argentina, desde fines del siglo XIX, restringió el número de nacimientos a raíz de procesos de transformación intensos: la inmigración ultramarina, las expectativas de vida de nuestras abuelas, abuelos, bisabuelas y bisabuelos, que emprendieron un nuevo camino en este lugar, y es conocida la restricción de nacimientos que primero tuvieron las españolas y después las italianas.

Ahora bien, es inimaginable el trayecto de la transición demográfica en Argentina (Francia también es un país pionero, sin la intervención, para interrumpir gestaciones). ¿Ustedes se imaginan en 1910, 1920, cuál era la falibilidad de las técnicas anticonceptivas? Quiero recordarles que el más usado de los métodos era el coitus interruptus y que, por lo tanto, esa técnica ha brindado una enorme cantidad de niñas y niños en este país. De modo que es imposible pensar el fenómeno de la transición demográfica sin la intervención de parteras, de obstetras y demás. Yo he trabajado esta cuestión y los invito a nuestras y nuestros representantes a ver inclusive la cierta inocencia con que nuestras obstétricas en 1910, 1920 emitían avisos en los diarios en la que se dice partera muy especializada Turin, se hacen trab. Esp. y se da pensión.

Quiero decirles que es, en efecto, clarísimo, que nuestro país ha gozado en sombras de una larga legitimidad del aborto y que contradice esa larga legitimidad social del aborto con las formas de la punición que subsistieron aún con la reforma de 1921. Lo cierto es que más allá del impedimento legal y de las circunstancias, es clarísimo también reconocer en nuestra sociedad una auténtica diferencia de clases que ha dividido a las mujeres, que ha subrayado la tremenda división de clases porque efectivamente para las clases medias, para las mujeres de las clases medias y de las clases más altas de esta sociedad, el aborto se hizo con todas las garantías sanitarias y que para nuestras mujeres de los sectores populares es evidente que existió una forma alarbada, ominosa, de pena de muerte porque han pagado con sus vidas esas decisiones.

Yo aborté, hoy soy madre y estoy agradecida por mis decisiones

Pero quisiera decir que me encuentro entre quienes defienden el aborto legal para afirmar el derecho al disfrute sexual separándolo absolutamente de la reproducción. Es un derecho humano fundamental que tiene que sernos dado a las mujeres. Por lo tanto, yo sostengo que debe dársenos esa prerrogativa para igualar las condiciones del ejercicio de la sexualidad diferencial entre varones y mujeres. El sexo, yo estoy segura de que los varones conocen muy bien, no embaraza a los hombres. A menos, obviamente, que se trate de una modificación anatómica y en el caso de personas transgéneras. Pero el embarazo, cambia de cuajo la vida de cualquier mujer y la cambia desde el momento mismo del intercambio sexual, ya que basta situarse en la experiencia de toda mujer, de cualquier mujer en edad de fecundar para comprender que el coito no puede liberarse de la sombra del embarazo aunque se tomen responsablemente todas las medidas.

Una noción por tanto elemental de soberanía de nuestros cuerpos impone que los Estados modernos avancen en esta legalización. Yo quisiera decirles finalmente que insisto en sostener el aborto, su despenalización, como una contribución fundamental entonces para la vida de las menos protegidas, de las excluidas, pero lo hago igual enfáticamente en nombre de nuestros derechos fundamentales.

El embarazo es generalmente una contingencia, no puede convertirse en una fatalidad por lo tanto insto a todas y todos nuestros representantes a pensar, a reflexionar, a cambiar de opinión a la luz de todo lo que hemos dicho. Felicito a los varones que estuvieron en este momento; una ruptura extraordinaria de las fauces del patriarcado acabamos de ver. Y creo entonces, para terminar, que ustedes con ese voto, legalizando y despenalizando el aborto, van a aumentar extraordinariamente, entonces sí, la vida digna de ser vivida de las mujeres y van a incrementar esencialmente con este nuevo derecho una vida mucho más justa, más equitativa y más democrática.

*Directora del CONICET. Socióloga y Doctora en Historia.

Compartimos el video con las intervenciones en la cámara de de Diputados de los expositores a favor del proyecto:

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