Crianza con apego para la paz

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Las sociedades de hoy nos exponen a la exigencia de ser buenas madres sin abandonar el sistema productivo, pero ¿qué tipo de hijos/as estamos formando y para qué sociedad? La crianza con apego supone repensar la manera de conectarnos con nuestros niños y niñas y adoptar una crianza basada en la cercanía y la atención continua. ¿Terminaremos exhaustas en una maternidad total? ¿Seremos capaces de criar niños y niñas para vivir en la paz y no en la guerra?

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Llama la atención el surgimiento en los últimos años de madres, padres y profesionales que se dan encuentro en las redes y en los espacios físicos de las comunidades que habitan para informarse y acompañarse mutuamente en la crianza de sus hijos.

Nuestro rol en la reproducción del núcleo familiar más las exigencias del sistema productivo nos dejan sin respiro. Es bueno, hace falta darse el tiempo, parar el vendaval cotidiano y escuchar nuevas tendencias que se verán plasmadas en nuestras vidas en muy pocos años.

¿Para qué los estamos preparando? ¿Qué roles y atributos de personalidad requerirán para desenvolverse en salud y plenitud? ¿Qué sociedad los espera, nos espera? Son algunos de los interrogantes que todo adulto interesado por los niños se plantea.

¿Los criamos para la paz o los preparamos para la guerra? ¿Incentivamos la competividad o buscamos modos de organización que potencien lo cooperativo y solidario? ¿Dejamos y acompañamos el surgimiento y desarrollo de su ser o los guiamos a un modelo y forma que consideramos conveniente?

La respuesta a muchas de estas preguntas se construye en conjunto en los ya conocidos grupos de crianza por la paz (crianza con apego, crianza natural, apoyo a la lactancia, maternidad consciente, entre otros) que se multiplican en red por el territorio global y sostienen que no se puede construir una sociedad más justa si seguimos violentando sistemáticamente a los niños desde que nacen.

Existen múltiples grupos de crianza por la paz que sostienen que no se puede construir una sociedad más justa si seguimos violentando sistemáticamente a los niños desde que nacen.

Además, existen, organizaciones a nivel mundial como “Attachment Parenting International” con base en Estados Unidos, “Attachment International Network” la versión inglesa o “Fundación América por la Infancia, con base en Chile para la región América Latina, que ofrecen formación profesional en el tema del apego y de las neurociencias y buscan ampliar las redes para lograr promover lo que entienden ha revolucionado nuestra manera de entender la infancia, lo cual repercute directamente en nuestra manera de criar.

Sandra Ramirez, es ecuatoriana residente en Estados Unidos, autora de los libros “Crianza con apego: de la teoria a la práctica” y “Sin gritos ni castigos: Educando para la autodisciplina”. Es licenciada en Psicología, con maestrías en Educación Primaria y en Psicología Educativa y actualmente trabaja en su doble rol apoyando a las familias hispanas.

Sandra nos cuenta que ha escrito y continúa escribiendo los libros que le hubiera encantado tener y leer como madre. Cita a autores como Dr. Sears (creador del término apego), Carlos González y Rosa Jové (precursores de este estilo de crianza) y nos advierte sobre la importancia de derribar mitos y promover prácticas beneficiosas, sin herir, sin culpabilizar y, sobre todo, sin entrar en fanatismos.

En términos generales,  la crianza con apego es una crianza sensible a las necesidades del niño, que respeta su individualidad y desarrollo espontáneo. Implica conectarse con el bebé, con sus señales y con las expresiones espontáneas de su personalidad.  La crianza con apego supone interacciones respetuosas entre padres e hijos como cimientos en los cuales se apoyan no sólo sus conexiones cerebrales y futuros aprendizajes sino además sus futuras interacciones sociales con otros individuos. Y quienes lo promueven lo consideran una responsabilidad social: Ya no podemos aludir a la vieja excusa de: ‘los hijos vienen sin manual de instrucciones’ ni a la conocida frase ‘a mí me pegaron y salí bien’”.

La crianza con apego es una crianza sensible a las necesidades del niño, que respeta su individualidad y desarrollo espontáneo. Implica conectarse con el bebé, con sus señales y con las expresiones espontáneas de su personalidad.

Mientras la escucho, me surgen mil interrogantes: ¿Cuál es el impacto social de este tipo de crianza? ¿Cómo concilia la Mujer la exigencia de los niños con su rol en el sistema productivo?

Una de sus frases resulta contundente: “Las sociedades más sólidas son aquellas que invierten sus recursos en prevenir los problemas sociales y no en resolverlos. El hogar es, sin duda, el primer lugar donde se fundan las bases para una sociedad sana y pacífica. A pesar de los obstáculos y las exigencias de la sociedad actual, sin embargo, la inversión que los padres hacen al dar prioridad al tiempo con sus hijos es quizás la inversión más importante que tengamos los adultos que hacer en nuestra vida”.

Respecto a la Mujer y el desarrollo de su maternidad deja en claro que no significa que como mujeres debamos olvidar nuestros roles fuera del hogar por lo que señala que es fundamental complementar la idea de crianza con apego (que básicamente se refiere a estar atentas a los procesos y necesidades de los niños) con la idea de maternidad consciente, que está más relacionada con los procesos que nos ocurren a nosotras, las madres.

“Las sociedades más sólidas son aquellas que invierten sus recursos en prevenir los problemas sociales y no en resolverlos. El hogar es, sin duda, el primer lugar donde se fundan las bases para una sociedad sana y pacífica.

En este sentido, Sandra asegura: “La maternidad consciente nos dice que somos libres de elegir cada acción en la crianza, pero que cada elección estará hecha desde nuestras circunstancias, historias, necesidades, la cultura en la que estamos insertas, y es de esto de lo que debemos ser conscientes para poder criar repetuosamente”.

En relación a la crianza compartida de la pareja, Sandra nos advierte que sin duda una crianza involucrada requiere tiempo y esto, que es visto como un “inconveniente” por la demanda de la sociedad actual a la mujer como trabajadora, en realidad puede convertirse en una posibilidad de repensar y ajustar los roles dentro del sistema de producción, evidentemente, patriarcal: “Así como las mujeres hemos salido del rol tradicional dentro del hogar, los hombres también están gradualmente empezando a salir del campo laboral, poniendo más tiempo e interés en la crianza de sus hijos, muchos –mi esposo incluido– son padres a tiempo parcial o completo. Sin embargo, en la mayoría de casos, la responsabilidad de la crianza recae solo en una persona (usualmente la madre), y es por eso que la labor de la crianza se experimenta con mucha más abnegación”.

Hace tiempo que sueño, que veo un camino que nos llevará a una sociedad más sana, consciente, evolutiva, trascendente, de profunda humanidad y comunión con la Tierra como contrapartida a un mundo en guerra. La vuelta a casa, a lo propio, está guiando. ¿Y por dónde empieza? Por varios lugares, por tantos como banderas de demandas feministas hay que hoy se van amalgamando en un discurso común, complejo y abundante, para luego continuar la institucionalización de las políticas públicas, –actualmente no priorizadas y desfinanciadas por el sistema y por el gobierno–, con complicidad estructural de la Justicia y el aparato represivo del Estado. Y se van plegando otros llamados, otros colectivos minoritarios que se expresan por la vuelta a lo natural, por el cuidado animal, por la revolución alimentaria, por la diversidad sexual, por los refugiados, y por toda causa que intente devolverle al hombre su humanidad.

La violencia solo es posible porque seguimos teniendo una serie de creencias y paradigmas culturales que la sostienen y nutren. Y ese lenguaje se aprende en la infancia, desde la experiencia de los adultos sometiendo a los niños, manipulándolos, haciendo abuso de poder, quitándoles su tiempo, haciéndolos conectar con el nervio, el trajín y el estrés desde muy temprano.

El lenguaje de la violencia se aprende en la infancia, desde la experiencia de los adultos sometiendo a los niños, manipulándolos, haciendo abuso de poder, quitándoles su tiempo, haciéndolos conectar con el nervio, el trajín y el estrés desde muy temprano.

En este punto Sandra es clarificadora: “Muchos expertos dicen que esta crisis en las sociedades está relacionada con una profunda falta de conexión de los niños con sus padres y con su comunidad. Este sentimiento prevalece entre los niños y adolescentes con problemas de tipo mental sin importar sus razas, clases sociales y religiones.  Muchos psiquiatras, psicólogos, educadores y médicos a nivel mundial estamos empezando a luchar por una solución social que, lejos de ser una solución rápida, parece ser la única vía segura. Hoy por hoy, muchos profesionales de la salud y de las ciencias humanas creemos que la clave para prevenir problemas de tipo mental, emocional, físico y social está en el vínculo de apego que los niños establecen con sus padres y que posteriormente transfieren a la sociedad”.

El avance del patriarcado sobre la maternidad es un buen sitio donde cambiar el límite. Es un buen punto para que la Mujer se plante y dé el giro de pensamiento que habilita la posibilidad concreta de “edificar” una sociedad más sana. Otra crianza es posible, otro mundo es posible.

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