¿Cuántas rondas más?

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El Hospital Posadas no se rinde, pese a los 1.300 despidos ejecutados como parte del plan de Cambiemos para desmantelar la salud pública. “Este sistema neoliberal está destruyendo nuestro derecho a una salud pública de calidad, y acá no es sólo un tema gremial por despidos de trabajadores de la salud, sean o no profesionales. Se trata de una mejor atención en salud, gratis y pública para nuestros chicos, jóvenes, adultos y ancianos”, dice Edith, una paciente que perdió la paciencia. Y cuánta razón tiene.

Hace dos meses, con la llegada de nuevos telegramas de despido en el Hospital Posadas,  la lucha en defensa de la Salud Pública comenzó a reavivarse. Desde el mes de febrero a la fecha más de 1300 trabajadores fueron despedidos de la institución, los servicios sufrieron fuertes recortes y varios sectores fueron desmantelados.

“El Hospital Posadas, además de ser una parte de mi vida adulta, es fundamentalmente y un emblema como centro de salud de alta complejidad, diagnóstico por imagen, medicina nuclear, tratamiento toxicológico. Es incluso un centro de formación profesional de médicos y enfermeros”, relata Edith González, jubilada y paciente del Posadas. “¿Cómo no lo voy a defender? Este sistema neoliberal está destruyendo, vulnerando nuestro derecho a una salud pública de calidad, y acá no es sólo un tema gremial por despidos de trabajadores de la salud, sean o no profesionales. Se trata de una mejor atención en salud, gratis y pública para nuestros chicos, jóvenes, adultos y ancianos”.

Como Edith, decenas de personas acompañan la lucha del mítico Hospital Posadas. Lo hacen en las rondas que semana a semana se realizan alrededor del mástil que se encuentra en la puerta principal de su edificio. Pacientes como Edith, trabajadores de la institución y sectores de la comunidad, decidieron defender la Salud Pública y resistir al recorte emulando la lucha de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Aquel tipo de lucha que, en tiempos de amnesia obligatoria, nos ayuda a salir a luchar por nuestros derechos.

Despidos que enferman

Las rondas comenzaron siendo Rondas del Silencio. Sin embargo, a más de nueve meses de iniciado su vaciamiento, se transformaron en Rondas de Resistencia creadas por la comunidad hospitalaria todos los miércoles a las 11:45 para encontrarse, resistir y visibilizar la lucha.  

“Esta es mi casa, es el lugar donde me formé, donde conocí a la madre de mis hijas. Lo defiendo porque lo están destruyendo y porque defiendo la salud pública digna y de calidad que este país supo construir”. Las palabras de Pablo, trabajador del sector de Terapia Intermedia Pediátrica, representan la historia de muchos de los autoconvocados. Pablo Candia es enfermero y vive el conflicto en primera persona desde sus inicios, cuando con sus colegas debía reclamar los más de seis meses de salario atrasado. Horas extras, ventas de comida y bebida al finalizar el turno y puestos en los alrededores del nosocomio permitieron a Pablo hacerse de un ingreso que le permitiera continuar la lucha y frenar el avasallamiento en sus derechos que incluía la extensión de la jornada laboral y la pérdida de beneficios básicos como la posibilidad de tomarse días de estudio.

Los profesionales y trabajadores de la Salud nos invitan día a día a formar parte de las rondas. Los últimos despidos fueron hace pocos días atrás, cuando el sector de Salud Mental quedó con sólo tres médicos a cargo, lo que por supuesto vuelve imposible satisfacer la demanda. Los profesionales despedidos aseguraron, en distintos medios y a través de los gremios, que la desatención de pacientes psiquiátricos puede ser fatal. Al gobierno nacional, responsable de este centro asistencial, poco le importa.

Las veredas también son de Iecsa

Algunos trabajadores renuncian ante la desesperación de no poder responder a la demanda. Otros se suman a las rondas y otros, sin capacidad económica de hacer frente a la lucha y por miedo a las represalias, se solidarizan desde el anonimato.

“Para mí el hospital significa disfrutar de mi hijo Bautista con vida”. Me dice Mariana Denisa Saldaña mientras camina en la ronda de la semana pasada. “Hoy tiene casi 5 años y se atiende ahí desde que detectaron su cardiopatía congénita en otro hospital a los tres días de nacer”. Mariana viene todos los miércoles a defender el Posadas consciente de que la salud es un derecho, algo que especifica la Constitución Nacional pero que el gobierno persiste en sostener como un privilegio de clase.

Mariana, Pablo y Edith, familiares, pacientes y profesionales, defienden todos los miércoles la salud pública y resisten para que el Hospital Posadas, hoy pseudo militarizado, vuelva a ser lo que era. Un hospital público de alta complejidad que asiste y acompaña a la comunidad, razón y motor de su existencia. Uno de los centros de salud más grandes de la provincia de Buenos Aires, con una influencia sobre más de seis millones de habitantes en alrededor de trece partidos y decenas de municipios. Un centro de formación profesional y un espacio de lucha para sus integrantes y para quienes los rodeamos.


Fausto Daniel Sosa es periodista, integrante de la Biblioteca Popular de Morón #YoSoyGardel y vecino del Hospital Posadas.

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