Despechados

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Luego de las PASO, nuestros periodistas serios, que durante 3 años y medio defendieron con ahínco a Cambiemos, limitando sus críticas a aspectos instrumentales o a asperezas formales, vieron ese enorme trabajo desmoronarse en una noche. Federico Andahazi, por ejemplo, –rústico defensor de Mauricio Macri hasta unas horas antes– denunció al gobierno por “vaciarle el bolsillo a la gente”, un descubrimiento que no por tardío deja de ser real. 

La Guerra de las Malvinas fue una victoria argentina, al menos estadísticamente. Ganamos durante 72 de los 73 días que duró el conflicto y sólo perdimos uno, el último. Eso fue, en todo caso, lo que reflejaron los medios serios de aquella época luego de descubrir azorados que la Argentina había capitulado y que el general Galtieri no era aquel sólido estadista admirado por la Casa Blanca que tanto habían alabado. Todavía flotaban en el aire los gritos triunfalistas del periodista José Gómez Fuentes en el programa 60 minutos: “¡Seguimos ganando!”

En realidad, los medios no denunciaron que Galtieri haya llevado al país a un conflicto delirante, en base a un diagnóstico falso y con muy pocas chances de éxito, condenando a jóvenes conscriptos con escasa formación militar a combatir contra uno de los ejércitos más poderosos del mundo, sino que lo culpaban por no haber ganado.

Algo similar ocurrió el domingo 11 de agosto, con el resultado de las PASO. Nuestros periodistas serios, que durante 3 años y medio defendieron con ahínco a Cambiemos, limitando sus críticas a aspectos instrumentales o a asperezas formales, vieron ese enorme trabajo desmoronarse en una noche. Algunos pocos resistieron como soldados japoneses perdidos en alguna isla del Pacífico. Fue el caso de Alfredo Leuco, quién amonestó a los votantes de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, explicando que su voto se transformaría en una “amnistía para los corruptos”.

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La mayoría, de sus colegas, en cambio, optó por el camino inverso utilizando el Nado Sincronizado Independiente (NSI), una técnica que permite que varias personas lleguen a las mismas conclusiones pero de forma independiente. Federico Andahazi, rústico defensor de Mauricio Macri hasta unas horas antes, denunció al gobierno por “vaciarle el bolsillo a la gente”, un descubrimiento que no por tardío deja de ser real. Jorge Lanata, otro fiel compañero de ruta del gobierno macrista, se burló de las explicaciones oficiales sobre un posible fraude, se indignó con las medidas de alivio decididas por el presidente “no podés darle a la gente en 3 meses lo que no le diste en 3 años” e incluyó a Antonia Macri en sus ironías, probando que la miseria profesional es inmune a los vaivenes electorales. Por su lado, Luis Majul, quien profesó hacia el presidente una pasión cercana a la carne trémula y no dudó en compararlo con Nelson Mandela, descubrió gracias al cruel resultado de las PASO que la gente “no llega a fin de mes y que está harta del crecimiento de la pobreza”.

Como ocurrió con sus colegas de hace 37 años luego de la capitulación de Puerto Argentino, nuestros periodistas serios no denuncian al gobierno por haber aumentado la pobreza y el desempleo o desplomado el poder adquisitivo de sueldos y jubilaciones, políticas que generaron el rechazo del electorado. De hecho, las apoyaron con fervor. Lo que les genera indignación, aún en el caso de los pocos que siguen aferrados a la baranda del Titanic, es que el presidente que apoyaron haya perdido.

Como en 1982, no es análisis político, ni siquiera electoral. Es despecho.

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