El 25 de mayo, la Soberanía y la Causa Malvinas

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Por Daniel Filmus. Desde 1833, la alegría que sentimos los argentinos al recordar la lucha patriótica anticolonial que tuvo en el 25 de mayo de 1810 una de sus máximas expresiones, no es completa.

En enero de ese año, el Imperio Británico ocupó militarmente las Islas Malvinas con el objetivo de extender su dominio colonial, controlar militarmente el Atlántico Sur y llevarse las riquezas que pertenecían a los habitantes de esta región del mundo.

Desde aquel momento, en una parte de nuestro país no se puede festejar esta fecha patria porque continúa bajo el yugo colonial británico. La restitución del ejercicio de la soberanía sobre las Islas Malvinas es una asignatura pendiente en la lucha por la liberación de nuestro país, que cobra mayor sentido cuando sentimos que, como ocurre actualmente, el gobierno nacional ha dejado de colocar a esta causa como uno de los ejes de la política exterior argentina.

Mauricio Macri ha sido el primer Presidente que, desde la recuperación de la democracia en 1983, no menciona a las Malvinas en su discurso de asunción a la Primer Magistratura. Tampoco lo ha colocado como un tema central en su entrevista con David Cámeron a los pocos días de haber asumido. Siguiendo esta postura, su Canciller, Susana Malcorra, ha planteado recientemente que las Malvinas ya no es el principal tema en nuestra relación con el Reino Unido. Por esa razón ha dejado de estar presente en la agenda de las reuniones bilaterales y multilaterales que sostiene nuestro país. Y también por esta razón este gobierno nunca ha planteado que la intención británica de llevarse la riqueza hidrocarburíferas y pesquera del Atlántico Sur y la instalación en Malvinas de la mayor base militar en la región es una violación permanente de las Resoluciones de las Naciones Unidas y de nuestra soberanía.

De esta manera se vuelve atrás una política de Estado que desde el año 2003, en consonancia con el texto de nuestra Constitución y nuestras leyes, colocó a la demanda por la restitución de las Malvinas como un reclamo irrenunciable e imprescriptible.

Siempre por la vía pacífica y diplomática. Durante estos años, la voluntad de recuperar la integridad territorial a partir de terminar para siempre con el colonialismo en nuestro país, fue una parte indisoluble de una perspectiva más general de la construcción de la soberanía. La decisión de no integrar el ALCA, el desendeudamiento externo, la recuperación de la capacidad del Estado de decidir autónomamente la política económica y la política exterior, el trabajo en dirección a la autonomía científico-tecnológica, la prioridad otorgada a la integración regional con nuestros hermanos latinoamericanos fueron algunas de las estrategias que permitieron concebir la soberanía como un concepto integral que recoge la tradición de las mejores gestas emancipatorias surgidas a partir de aquel 25 de mayo del 1810.

En esta dirección, todos lo organismos regionales como el Mercosur, la UNASUR, la CELAC, la OEA y muchos de los organismos que representan a los países en vías de desarrollo como el G77 y China que agrupa 133 naciones, la cumbre de los países africanos y la cumbre de los países árabes, entre otros, han apoyado el reclamo argentino por Malvinas y exigido el cumplimiento de las Resoluciones de Naciones Unidas.

Por el contrario, la actual estrategia de desmalvinización de la política exterior argentina está íntimamente vinculada a una política donde la soberanía ha dejado de ocupar un lugar central en las preocupaciones del gobierno.

La sumisión a los dictados de las potencias centrales, la decisión de acatar las exigencias de los fondos buitres, la extranjerización de las decisiones económicas, la parálisis de los principales programas científico-tecnológicos, la escasa importancia dada al Mercosur y a la relación con los países de la región, etc. son algunos de los ejemplos de estas políticas.

Pero es posible que estemos ante un hecho de una gravedad inusitada.

Que el Gobierno de Mauricio Macri pacte con la potencia colonial británica el compromiso de no veto a la reciente proclamación de Susana Malcorra como candidata a Secretaria General de la ONU, a cambio de disminuir la intensidad del reclamo argentino por Malvinas significaría un hecho sin precedentes en detrimento de nuestra soberanía.

El veto de cualquiera de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU es suficiente para imposibilitar el éxito de una candidatura a la Secretaría General. Las declaraciones de la Canciller reduciendo la cuestión Malvinas al 20% de la relación con el Reino Unido después de su visita a Londres, permite inferir que explícita o implícitamente este acuerdo puede estar en vigencia.

Por eso este 25 de mayo, tan cercano al bicentenario de la independencia, debe hacernos reflexionar acerca de los desafíos que hoy debe contemplar la lucha permanente por consolidar la soberanía por la que tantos patriotas a lo largo de estos dos siglos dieron su vida. Si ya en 1810 el colonialismo comenzaba a resultar insostenible en América Latina, en el Siglo XXI no existe ninguna razón para que una parte de nuestro territorio siga bajo la dominación de una potencia colonial. Trabajar para que prontamente podamos festejar en las Islas Malvinas el definitivo final del colonialismo en nuestro territorio es el compromiso que debemos asumir en esta fecha tan sentida por todos los argentinos.

*Ex-Secretario de Asuntos Relativos a las Islas Malvinas de la Cancillería

@FilmusDaniel

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