El aluvión alienígena

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Desde hace algunos días, Chile padece la peor crisis política desde el golpe de 1973. De “oasis” latinoamericano, según palabras del propio Piñera, y referente de nuestra derecha por su continuidad política y su paz social, Chile se transformó en un sangriento campo de batalla contra un enemigo tan implacable como imaginario.

En febrero de 1946, Juan D. Perón ganó las primeras elecciones no fraudulentas desde el golpe de 1930 que derrocó a Hipólito Yrigoyen. La victoria del entonces Partido Laborista contra una amplia coalición formada por radicales, demócratas-progresistas, socialistas y comunistas, apoyada con ahínco por la embajada de EEUU y su extravagante embajador Spruille Braden, generó un odio tenaz hacia el ex Secretario de Trabajo y Previsión.

En la Cámara de Diputados, los votos se tradujeron en 158 diputados peronistas y 44 radicales que, como no podían imponer ningún proyecto de ley, aprovecharon sus bancas para atacar al nuevo gobierno y, sobre todo, dejar en evidencia la inexperiencia parlamentaria que tenía la mayoría de los legisladores oficialistas.

El diputado radical Ernesto Sammartino se refirió a éstos con una expresión que quedó en la historia: “El aluvión zoológico del 24 de febrero parece haber arrojado a algún diputado a su banca, para que desde ella maúlle a los astros por una dieta de 2.500 pesos. Que siga maullando, que a mí no me molesta”.

Unos años antes, cuando todavía no existía el peronismo, el aluvión zoológico estaba conformado por los correligionarios del diputado Sammartino. La Fronda, periódico reaccionario dirigido por Francisco Uriburu, denunciaba en 1929 el “predominio de la mentalidad negroide” como consecuencia del triunfo de Hipólito Yrigoyen: “La manumisión de los negritos en masa es un fenómeno característico del yrigoyenismo (…) hablan, actúan, hacen ruido, expresan opiniones e impregnan de catinga la atmósfera política del país”.

Años después, en 1956, el escritor Ezequiel Martínez Estrada, quien confesó padecer de “peronitis aguda”, escribió: “El 17 de octubre parecía una invasión de gentes de otro país hablando otro idioma”.

Chile y su noche de brujas: el incendio espontáneo del modelo neoliberal

Desde hace algunos días, Chile padece la peor crisis política desde el golpe de 1973. El aumento del precio del transporte decidido por el gobierno de Sebastián Piñera generó manifestaciones estudiantiles que fueron reprimidas duramente por la policía, decisión que sólo logró amplificar el conflicto. Desbordado por las protestas generalizadas, el Presidente decretó el Estado de Emergencia en siete regiones del país y el despliegue de las Fuerzas Armadas y de Seguridad bajo el mando de un general de división. En una conferencia de prensa en estado de emoción violenta afirmó: “Estamos en guerra contra un enemigo poderoso e implacable”.

Fue una decisión catastrófica, que generó muertos y heridos, además de denuncias por torturas y violaciones. De “oasis” latinoamericano, según palabras del propio Piñera, y referente de nuestra derecha por su continuidad política y su paz social, Chile se transformó en un sangriento campo de batalla contra un enemigo tan implacable como imaginario.

La primera dama de Chile, Cecilia Morel, envió un mensaje de WhatsApp que se filtró a la prensa en dónde calificó a las protestas como “una invasión extranjera, alienígena” y concluyó que “vamos a tener que disminuir nuestros privilegios y compartir con los demás”. Un destino sin duda atroz.

Como en Argentina durante el yrigoyenismo o el peronismo, el establishment chileno descubre con horror y perplejidad a sus propios negritos en masa, esos alienígenas llegados de otra galaxia. El problema de Chile, “un país obsesionado con las leyes, los procedimientos, los partidos, las reformas de toda suerte que no cambian nunca la distribución tribal de la riqueza”, como escribió Rafael Gumucio, es que esa continuidad política tan aplaudida eliminó la posibilidad de un modelo alternativo y de un partido que pudiera canalizar el hastío ciudadano.

Como escribió Hebe Uhart: “En Chile faltó un fenómeno que es el peronismo”. Es el momento de saber si todavía lo puede encontrar.

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