El arte de adjetivar

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El arte de adjetivar permite que los medios editorialicen a escondidas, sin pagar el costo de hacerlo. De esa forma, ante un mismo hecho, Macri guarda un “respetuoso” silencio mientras que el mismo silencio en CFK es “incómodo”. Que 30 tipos insultaran a Kicillof mientras viajaba con su mujer y sus hijos chicos era “justo fastidio ciudadano”. Que un desconocido insulte a Marcelo Birmajer nos habla de la violencia kirchnerista. Macri “avanza” contra los malos jueces, CFK preparaba un “embate contra la Justicia”.

“Trate de no adjetivar, devuélvale todo su esplendor a los sustantivos”

J.L. Borges

 Además de prestar atención a lo que cuentan nuestros periodistas serios, es recomendable analizar cómo lo hacen. En particular, cómo adjetivan.

Hace muchos años, cuando Carlos Reutemann era todavía la esperanza blanca de nuestra derecha, mucho antes de los hoy también olvidados Ricardo López Murphy, Jorge Sobisch, el falso ingeniero Juan Carlos Blumberg, Francisco De Narváez, el capitán Guillermo Tarapow o el actual referente Alfredo Casero, era frecuente leer en nuestros medios serios menciones a los “silencios elocuentes” del entonces senador santafesino. Los silencios de CFK suelen ser, en cambio, “incómodos” mientras que los de Mauricio Macri, pasan por “respetuosos”. De esa forma, ante un mismo hecho, Macri guarda un “respetuoso” silencio mientras que el mismo silencio en CFK es “incómodo”. En esa misma línea, hace unos días, el incansable Ernesto Tenembaum se indignó por el “silencio” de la abogada Graciana Peñafort sobre un tema que a él le preocupaba y argumentó, para justificar su fastidio, que Peñafort suele hablar de “muchos temas”. Alfredo Leuco, por su parte, exigió que Alberto Fernández opinara sobre los dichos de Horacio González en referencia a la lucha armada de la década del ´70, pese a que González no asesora ni tiene un rol relevante dentro de la campaña del candidato kirchnerista. Como el colesterol, hay silencios buenos y otros realmente malos.

Del mismo modo, CFK es “obcecada” mientras que Angela Merkel, por ejemplo, es “tenaz”. En el caso de CFK al aspecto político se le agrega el suplemento de género. A ningún presidente varón se lo calificaría de loco o bipolar ni se lo retrataría en la tapa de una revista masturbándose con el poder.

El gusto de CFK por las carteras y los zapatos era “indignante” mientras que los “outfits” de la Primera Dama Juliana Awada son “divinos” y le quedan “bárbaros”. En sus viajes oficiales, CFK se hospedaba en hoteles “lujosos”, Macri elige hoteles “vanguardistas” o “modernos”.

Cuando el dólar pasó de $20 a $47, «se reacomodó»; al pasar de $58 a $56, «se desplomó».

Mempo Giardinelli es un “intelectual K”. Marcos Aguinis o Santiago Kovadloff, pese a su apasionado oficialismo, son simplemente “intelectuales”. Roberto Navarro u Horacio Verbitsky son “periodistas militantes”, Luis Majul o Alfredo Leuco son sólo “periodistas”.

Cuando Martín Lousteau presentó un ensayo junto a buena parte de la primera plana de Cambiemos en la Feria del Libro, fue sólo la presentación de un libro.

Cuando CFK presentó “Sinceramente” en el mismo predio y juntó a buena parte de la primera plana del peronismo se transformó en un acto político que “desvirtuaba” a la Feria e incluso a la literatura (“Sinceramente no es literatura” afirmó Kovadloff, una aclaración que no creyó necesario hacer sobre el libro de Lousteau o de cualquier otro político).

Cuando la policía reprime una marcha opositora en Venezuela es “represión”, en Argentina son “incidentes”. “Sincerar tarifas” equivale a aumentarlas, “sincerar sueldos” significa bajarlos.

Despechados

Que 30 tipos insultaran a Kicillof mientras viajaba con su mujer y sus hijos chicos era “justo fastidio ciudadano”. Que un desconocido insulte a Marcelo Birmajer nos habla de la violencia kirchnerista. Es más, según afirmó Birmajer: “me preocupa que, si ganan los Fernández, esto se convierta en una política de Estado”.

Cuando un fallo es a favor del oficialismo, falló “la Justicia”. Si la decisión beneficia a un kirchnerista, “falló el juez X”. En el primer caso se trata de una decisión institucional, en el segundo es un juez “polémico” que seguro tiene razones “turbias” para hacer lo que hizo.

La inflación kirchnerista era culpa de la impericia del gobierno, la inflación macrista es «un problema estructural que no pudimos resolver como sociedad en décadas»

Macri “avanza” contra los malos jueces, CFK preparaba un “embate contra la Justicia”.

Denunciar lo que cobraba un periodista de 678 era «investigación», denunciar lo que Majul le factura al gobierno es «método stalinista»

Opinar que las ideas del kirchnerismo son equivocadas es ejercer una necesaria “libertad de pensamiento”, opinar que las de Cambiemos lo son es “confrontación”. Del mismo modo, Cambiemos busca “consensuar” una mayoría mientras que el kirchnerismo “imponía” la suya.

El arte de adjetivar permite que los medios editorialicen a escondidas, sin pagar el costo de hacerlo. De ese modo, los periodistas se presentan como críticos de teatro cuando, en realidad, forman parte de la obra que nosotros, los lectores-espectadores, estamos viendo.

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