El eterno Plan Burundi

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Si el horizonte al que debemos volver según nuestros economistas serios es el del 2002, nos sobran casi 4 millones de beneficiarios de la AUH, así como 3 millones de jubilados sin aportes que accedieron a la jubilación mínima gracias a las moratorias previsionales. ¿El Estado ausente que nuestro actual oficialismo lamentó durante años se combate con menos policías, menos médicos, menos asistentes sociales y menos maestros, y además, peor pagos?

En agosto del 2018, Mauricio Macri fue entrevistado por Andrés Oppenheimer, periodista serio radicado en EEUU. Había pasado un año desde la victoria de Cambiemos en las elecciones de medio término y Macri ya no era el “líder de otra galaxia”, según la embriagada definición de Andrés Fidanza en La Nación, sino un presidente maltrecho cuya suerte dependía del FMI, su prestamista de última instancia. Habían pasado cosas.

Durante la entrevista, Oppenheimer afirmó que según “la mayoría de los economistas”, Macri habría pecado por exceso de optimismo al no tomar las medidas necesarias para bajar el gasto público, esa calamidad constante en el universo monocausal de cualquier analista serio. “He visto cifras que van de un millón de subsidiados, que no trabajan y reciben dinero de los contribuyentes, hasta diecisiete millones de subsidiados que usted heredó del gobierno kirchnerista”, detalló el periodista antes de concluir, rotundo: “Ningún país puede vivir con tantos millones de subsidiados que no trabajan”.

No sabemos qué diablos incluye Oppenheimer al hablar de “subsidiados” –si sólo se trata de quienes reciben algún subsidio público o también forman parte de ese colectivo de vagos los jubilados, pensionados y beneficiarios de la AUH– pero saludamos la precisión del rango establecido: entre 1 y 17 millones sobre una población total de 44. Al parecer, los gobiernos kirchneristas empobrecían a la sociedad a la vez que lograban que casi el 40 por ciento de la misma pudiera vivir sin trabajar.

El yaguareté mimoso y el martillo de herejes

Hace unos días, el periodista Diego Cabot incluyó en un tuit un gráfico publicado en Foco Económico, blog fundado entre otros economistas por Sebastian Galiani, actual Secretario de Política Económica de la Nación. El gráfico forma parte de un post que analiza la evolución del gasto público argentino en los últimos veinte años. El periodista señala que “en 15 años se duplicó el Estado. Pasó de 22,4 % del PBI en 2002 a 42,2 % en 2015/2016” y opina que eso sería “el inicio de todo”. Podemos intuir que nada bueno augura ese “todo”.

El post de referencia arranca de forma contundente: “El gobierno del presidente Macri heredó un nivel de gasto público insostenible” y explica que “el mismo alcanzaba 42,2% del producto bruto interno (PBI) en 2015. Este gasto, antes de la crisis de 2001-2002, era de 25,6% del PBI. Trepó desde entonces casi 17 puntos del producto. Algo así como agregar otro Estado a la castigada economía argentina”.

Si bien el nivel de gasto público durante los gobiernos kirchneristas no sólo fue sostenible sino que se mantuvo a la par de una política sostenida de desendeudamiento, es cierto que si el horizonte al que debemos volver según nuestros economistas serios es el del 2002, nos sobran casi 4 millones de beneficiarios de la AUH, así como 3 millones de jubilados sin aportes que accedieron a la jubilación mínima gracias a las moratorias previsionales. También nos sobra la jubilación mínima, de aproximadamente 10.000 pesos en la actualidad, en comparación con la jubilación mínima del 2002, de 150 pesos (unos 38 dólares al cambio de aquella época, es decir unos 1.600 pesos al cambio de hoy). Los sueldos públicos, desde los empleados de la ANSES que se hicieron cargo de los clientes de las AFJP al terminar esa estafa, hasta docentes, pasando por investigadores, policías o enfermeros, también aumentaron su poder adquisitivo durante esos años catastróficos en los que se le agregó “otro Estado a la castigada economía argentina”.

¿Deberíamos dejar a la intemperie a los futuros jubilados que no tuvieron aportes y que representan hoy más de un tercio de la población activa? ¿Debemos eliminar la AUH, una asignación familiar para desempleados y subempleados? ¿Para lograr el desarrollo tan deseado, deberíamos frenar la inversión en investigación, que tanto ha aumentado entre el 2002 y el 2015? ¿El Estado ausente que nuestro actual oficialismo lamentó durante años se combate con menos policías, menos médicos, menos asistentes sociales y menos maestros, y además, peor pagos?

Como ocurrió cuando González Fraga, actual titular del Banco Nación, afirmó que el kirchnerismo “le hizo creer a un empleado medio que su sueldo servía para comprar celulares, plasmas, autos, motos e irse al exterior», es difícil entender cuál es el modelo de país detrás de las letanías reaccionarias que denuncian a 17 millones de vagos y se ilusionan con jubilaciones de 38 dólares.

Tal vez la respuesta consista en aceptar que el único modelo de nuestra derecha, el que nos conduce cada tres lustros al incendio, sea el Plan Burundi: lograr el desarrollo y la equidad de Alemania, con los sueldos, las jubilaciones, el gasto público y la presión fiscal de Burundi.

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