El grito del final

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En el cierre de campaña, el presidente denunció con furia a quienes quieren “volver al pasado”. El grito del final de Mauricio Macri muestra un viraje simbólico de aquel exitoso cambio de tono de 2015. Momento en que prometía un “kirchnerismo mejor administrado”. Algo así como la conjunción de paritarias generosas y un Apple Store en cada esquina para todos y todas. Cambiemos volvió a la trinchera.

El 19 de julio del 2015, Horacio Rodríguez Larreta le ganó la segunda vuelta de la elección porteña a Martín Lousteau, quien por aquel entonces todavía oficiaba de opositor a Cambiemos. Además del margen estrecho, lo que sorprendió aquella noche fue el discurso de Mauricio Macri, quien abandonando la tradicional arenga antikirchnerista del PRO afirmó que no tenía intención de volver al sistema de las AFJP como alguna vez lo había enunciado y aseguró que YPF y Aerolíneas Argentinas seguirían en manos del Estado, pero “bien administradas”.

El cambio de tono, que sorprendió a propios y extraños, ayudó a apuntalar la victoria electoral de Cambiemos en las elecciones presidenciales de aquel año al proponer un relato más amable que el del rechazo absoluto o la indignación permanente que la oposición al gobierno kirchnerista había frecuentado hasta ese momento. Al contrario, Macri parecía proponer más continuidad que cambios, una especie de “kirchnerismo mejor administrado”. Para una gran parte del electorado fue una promesa muy atractiva. “No vas a perder nada de lo que ya tenés”, afirmaba a dúo con María Eugenia Vidal, candidata a gobernadora de la provincia de Buenos Aires, mientras aseguraba que “podemos vivir mejor”.

Fue la gran tentación de mantener el mismo nivel de consumo y poder adquisitivo del modelo kirchnerista pero sin esa crispación que se asimilaba a un estilo de gobierno más que al resultado de las iniciativas de ese gobierno. Algo así como la conjunción de paritarias generosas y un Apple Store en cada esquina para todos y todas.

La realidad no fue exactamente la esperada. Perdimos las paritarias generosas sin lograr el Apple Store en cada esquina y aunque respetó la promesa de no implementar nuevamente las AFJP ni privatizar Aerolíneas Argentinas, al menos en esta etapa, bajo el “kirchnerismo bien administrado” aumentó el desempleo y la pobreza a la par que el poder adquisitivo de sueldos y jubilaciones se desplomó entre un 15% y un 20%, según los conservadores índices del INDEC.

El mejor equipo de los últimos 50 años, el que jugaba en la Champions League de las finanzas globales, no sólo nos deja a la puerta de un nuevo default, apenas encubierto por el aporte de campaña del FMI, sino que consiguió además derrumbar la inversión privada, esa que prometió transformar en el motor de nuestro desarrollo.

En el acto de cierre de campaña presidencial, cuatro años después de aquella noche en la que Rodríguez Larreta estuvo a un par de puntos de perder y Macri propuso un camino sin crispación, el presidente denunció con furia a quienes quieren “volver al pasado” y terminó aullando “¡No se inunda más, carajo!” en referencia a la obra del arroyo Maldonado empezada por Aníbal Ibarra y terminada durante el segundo mandato de Macri como Jefe de Gobierno. Al parecer, luego de gobernar el país durante 4 años, el gobierno de los contratistas del Estado sólo tiene para mostrar una obra municipal finalizada hace siete años.

No sabemos cual será el destino electoral del oficialismo en las PASO del domingo próximo, pero el grito del final puso un cierre simbólico a aquel exitoso cambio de tono. Cambiemos volvió a la trinchera.

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