El peronismo racional

Compartir

Los facultativos de urgencia de los focus groups del gobierno agonizante, hacen su llamado al peronismo dócil a través del concepto de peronismo racional. En los días que corren, donde los augurios se mueven al compás de tasas de interés, el peronismo produce diversos reacomodamientos, entre los cuales parece descartado ser el borde exterior del macrismo.

Foto: Charly Diaz Azcue / Comunicacion Senado

Alguien inventó esa expresión, en tiempos que son evidentemente actuales, y como suele ocurrir con las habituales leyendas, adquirió la difusión con que las favorece su relativo carácter enigmático y el probable anonimato de su creación. No obstante, no es necesario ser investigador de leyendas -como la recordada investigadora Berta Vidal de Battini-, para imaginar el certero pero oscuro origen de la expresión. Son los gabinetes gubernamentales y los grandes medios de comunicación a su servicio -y viceversa-, que después de algún “brain storming” donde habrá reinado la estupidez en cómodas cuotas, llegaron a la conclusión que esa era la leyenda específica para provocar el apoyo del peronismo. O bien el agrado de muchas de sus derivaciones y ramales. La palabra elegida, “racional”, entraña un complejo juicio sobre el peronismo, que nace de una diferenciación con lo “irracional”, como en su momento hicieron grandes pensadores europeos del siglo XX, que temieron que todas las formas del irracionalismo aceptadas por vastos sectores de la población, se apoderaran de las conquistas del homo sapiens y marcaran el momento de su decadencia. No es este el caso; tanto no lo es que Ernesto Laclau se atrevió a escribir La razón populista, poniendo la racionalidad del lado del pueblo, como Esteban Echeverría y como lo que Hegel estuvo a punto de dar y no dio: una eticidad de lo popular. Lo cierto es que el peronismo, desde sus orígenes, no tiene nada de irracional, por el contrario. Hay exceso de racionalidad donde parece haber pasionalismo y disloque desbordante, turbulento. El “solicitante descolocado” del gran poeta Leónicas Lamborghini, parece hablar de estos tumultos del espíritu, recogiendo un peronismo poético que prefiere la cauta pena al poder del Estado.

Sin embargo, el esquema originario del peronismo se desprende de formas de la razón, no una razón dialéctica, diríamos, sino de una razón analítica y organizativa. Basta recordar lo que Perón llamó “conducción”, una noción tomada del cálculo de equilibrios compensados entre diferentes líneas de voluntad o pasión. Su pedagogía al respecto, desciende de los grandes maestros de la estrategia, que trabajan con el “desorden pasional” -eso es cierto, incluso pueden elogiar el exceso irreflexivo-, pero es para darle luego perfiles orgánicos y procedimientos de “realidad efectiva”. En ese sentido, aunque el conductor habla de dramas violentos y pasionales, su comportamiento real es el del que impone la razón última. Y la última ratio, es el rostro elevado de la propia razón. Todo contemporáneo, testigo o militante del peronismo sabe de lo que se trata. Uno de los grandes planificadores del peronismo, Figuerola -un poco inspirado en los planes soviéticos, otro poco en el franquismo, digamos la verdad-, acudió a las bases de un racionalismo, con altos niveles de expresividad de las tecnologías sociales. Este peronismo racional -permítasenos aplicar aquí este mañoso concepto-, hacía de la sociedad un flujo constante de fuerzas productivas y emotivas que podían ser objeto de encuadres disciplinadores. Figuerola fue preso en el ´55 en la vieja Cárcel de las Heras, en el mismo tiempo en que allí se fusiló a Valle y se le hizo simulacro de fusilamiento a Cooke. Los fusiladores lo veían como el principal asesor de Perón, aunque en verdad esto no era estrictamente así, y su condición de catalán le impedía tener posiciones más altas en el gobierno. Se le debe a Figuerola uno de los mayores libros escritos en la Argentina sobre la condición carcelaria. No son “memorias de la cárcel” sino un estudio sobre los procedimientos disciplinarios de la vida cotidiana del encarcelado, con un estudio pionero de los resultados de control que establece el panóptico, cuestión que varias décadas después sería motivo de estudio en las aulas universitarias, a través de la perspicacia que tuvo Foucault para tratar el mismo tema, pues él hizo también el elogio racionalista del desatino.

Peronismo y macrismo

Los facultativos de urgencia de los focus groups del gobierno agonizante, hacen su llamado al peronismo dócil a través del concepto de peronismo racional, que ya vimos que tiene una vigorosa historia en los planos internos de la lengua peronista -que ellos, ni unos ni otros, conocen-, a fin de promover un enlace activista entre pasión y razón. Ya olvidados de estas entrelíneas nunca bien tratadas en la historia de las ideas argentinas, tanto los tristes sinvergüenzas que “desgobiernan” (permítaseme esta antigua expresión de cuño jauretcheano), como los peronistas que esforzaron sus oídos para escucharlos, creen que así se separan de lo que sería contrario a la “razón”. La barbarie, el populismo, el caudillismo. Pobre gente. Ansiosos de una alternancia que les de la habilitación para reemplazar a su “turno” a los barbarismos sorprendentes del macrismo, y dispuestos en silencio a realizar semejantes planes económicos, FMI incluido, pero como peronistas racionales, no son pocos los que disimulan que ser llamados “racionales” por los bárbaros, es un doble insulto a la razón (Discépolo dixit) y a una antigua historia de la racionalidad política en la Argentina. Aquí sería más bien fácil que difícil, poner al peronismo, desde ya, en el mismo lugar que ahora quieren concederle los expropiadores y vándalos del neoliberalismo. Ellos, ni siquiera están advertidos de lo que es la racionalidad técnica o la racionalidad instrumental -dos cuestiones sin duda bajo un necesario juicio adverso-, y se limitan a ser los bárbaros de las nuevas tecnologías.

En estos dos últimos años el macrismo (esa coalición ahora en ruinas) tuvo a su servicio a peronistas racionales, en especial, en las provincias, en las cámaras de senadores y de diputados. En ambos casos, sus políticas eran transmitidas por esos Homo Rationalis. Todos los conocemos bien. Preferían, en tanto, ser llamados dialoguistas o republicanos, para así pasar el duro examen cartesiano al que eran sometidos por un señor que en estos días, al inaugurar un frigorífico utilizó su más depurado lenguaje presidencial y emitió un concepto “tipo Real Academia”, como diría la Vicepresidenta.  “Nos quieren cagar”. Tal fue el concepto surgido de los labios presidenciales. Un estremecimiento pudo haber recorrido la espina dorsal -y quizás la columna vertebral- de los examinandos. El viejo Perón, como se recuerda, era sumamente cuidadoso con la lengua en todos sus planos, desde casticismos como “trabajadores, os digo”, hasta su cuentística picaresca (“vamos a pescar le dijo el pescador a la lombriz”).

Da la impresión en los días que corren, donde los augurios se mueven al compás de tasas de interés y otros “tipos”- tipo el lenguaje de la Michetti-, el peronismo produce diversos reacomodamientos, entre los cuales, parece descartado ser el borde exterior del macrismo, exonerado por éste de sus culpas por haberse dejado bombardear o fusilar por los perdonadores mismos. ¿No es que la cosa ya pinta para que entremos nosotros en el vacío alucinado que crea al macrismo, a fuer de producir los relevos sucesorios? Pues bien, ese nosotros es el problema. Por el momento, se asiste a una múltiple recomposición de piezas alrededor de varios focos de interés, todos portando candidaturas eventuales y esgrimiendo el mismo apólogo, la unidad del peronismo. Nadie sería tan ingrato con la historia nacional y consigo mismo como para negar la importancia de ese nombre. Pero sería verdaderamente apático a las vicisitudes del drama nacional para tomarlo sin abrirlo a las preguntas que no solo deben incomodarlo, sino que deben darle la dignidad de colocarse a la altura de las memorias de las que (aun sin saberlo) es portador. A un tiempo, esa memoria debe ser tomada también para una revista de todas sus estrías internas. De lo contrario, decir unidad del peronismo será una comodidad o una simulación. ¿Entonces sería así vaciado? No, porque hay una masividad de lo popular que aun porosa a las proclamas del conservadorismo clientelista, no percibe en los nombres que han viajado a través de toda clase de escollos hasta nuestro tiempo, una condición adversa para recuperar la autonomía del existir colectivo, sino al contrario.

No obstante, rechazado por absurdo el peronismo racional, subsiste el peronismo dialoguista. Gobernadores, diputados, senadores, todo el enjambre multifacético que encarna el peronismo, se mira en el espejo borroso que dificulta revelar un destino. ¿Está mal el diálogo? Claro que no, es el pólemos, el encuentro de argumentos diferentes que arrastran una avalancha de creencias lijadas, verdades derruidas, convicciones duraderas, aptitudes para interpretar el mundo histórico repleto de nuevas exigencias. Por ejemplo, las preguntas precisas y cruciales que le hizo Kiciloff a Dujovne, personaje que al parecer elabora una máscara de inmutabilidad para explicar el modo con que han herido de lleno a la habitabilidad democrática de un país. Por eso, la absurda indiferencia de funcionarios portadores de una identidad peronista ante la grave situación que atravesamos, a los que primero se les presentó el buen comportamiento como cosa buena, y ahora se le presenta el reemplazo de los fondomonetaristas como parte de un campeonato donde la pelota está ahora de este lado… ¿seguirán pensado con una lógica de abstracciones y manierismos sostenidos en frases sueltas alguna vez pronunciadas, invocando un peronismo que sería el talismán de unidad, aunque solamente en cuanto no se piense a sí mismo, en su historia, en sus múltiples significaciones?

Antiperonismo

Eso no es posible, y de serlo solo daría un horizonte de reemplazo donde nuevamente se darían cita las mismas fuerzas económicas, financieras, comunicacionales y judiciales, que tomadas de la manito, gobernaron con, sin, sobre y tras de Macri, para aplicar las mismas preposiciones con el hipotético peronismo que guarde en su inconsciente la designación de “racional” que le adjudicaron los filósofos del gobierno, en una de esas noches embrujadas en las que dicen alguna frase de Nietzsche pero la enmascaran con alguna de Sebreli para que parezca “racional”. Dicho esto, sería bueno agregar que en la noche de la filosofía del peronismo, no todos los gatos deben ser pardos. La necesidad de dar fin al macrismo de forma eleccionaria y masivamente, y con un gran frente de acción, no debe disponer de una solución basada en acuerdos y tanteos transitorios, seguidos de una compulsa interna, siempre necesaria, pero no de aquellas en las que el gobierno meta mano o en las que -como vasto campo de maniobras que es-, una porción nunca ausente del peronismo, adopte un emblema parcelario que actúe según las clásicas manganetas electorales, sustrayendo votos al núcleo real del procedimiento más decisivo para terminar con esta injuria que se le hace a los trabajadores, a la vida pública, a las existencias colectivas e individuales y a la nación misma. No debe haber peronista que no siga preguntándose qué es el peronismo, pues si está seguro que fuera una sustancia inmodificable en el tiempo, comprará casi seguro un pasaporte al Campo de Agramante donde actúan y seguirán actuando los cazadores de cabezas y los reducidores que jibarizan un país, con perdón de los Jíbaros.

El tema tiene que ver no solo con el rotatorio carrusel de candidaturas intuidas, sino con la interpretación del kirchnerismo, que no fue solo un pasaje transitorio sino el efecto, con todas las cuotas de azar y sombras que se le atribuyan, de un deseo social de construir en el país un gran frente político que no parta de una voluntad previa obtenida de cualquier diccionario al paso, sino de las grandes movilizaciones sociales, cuya confluencia necesaria y difícil está en el horizonte ofrecido hoy por las grandes movilizaciones. Movilizaciones sociales, feministas, laborales, sindicales, universitarias, periodísticas, intelectuales, artísticas. Podremos asistir en momentos muy próximos a la develación de estos temas. Ya no será posible debilitar la presencia del kirchnerismo para volver a un peronismo monolítico, sin aquel espíritu de acogimiento que se tuvo con las procedencias más dispares que evitaban las ambigüedades que tanto gustan en el Tigre y otras tantas regiones con nombre de prócer, de montículos o de lomas. Mejor poner en discusión franca y audaz al peronismo antes que le aparezca un gobernador represivo como Morales o un orzuelo intolerable como Carrió. Un partido popular corroído por el tiempo y las circunstancias. Corrijo: ya están en latencia en el peronismo las figuras que corresponden a aquellos maniquíes de la enajenación. Precisamente por eso, los radicales dignos deben estar en ese frente, los temas de la izquierda también, aunque no lo desean los militantes de izquierda, que asimismo deberían participar. El peronismo solo podrá retener la facultad de convocar si deja de ensimismarse en las cuitas de una mala unidad, esa creencia sumatoria que, si hablamos con la gravedad que merecen los acontecimientos, no es lo fundamental. En vez de la suma indiscriminada -la razón lineal e insípida-, importan las definiciones sobre el Fondo -ya se sabe, esa es la cuestión de fondo-, y los ejemplos personales. Importa menos la astucia del reacomodo, que la capacidad -que nunca fue escasa en la historia del peronismo-, de hacer aflorar el espíritu de sacrificio, hermandad y épica secreta, no declamatoria. El calculista electoral, por eso, no es el personaje mayor de esta historia. El que ayer pensaba que con alguien no alcanzaba, ahora rehace los números y dice que sí, que alcanza. Tudo bem. Gracias por el aviso. No está mal hacer cálculos, un día hay que hacerlos. Pero lo político guía al cálculo y no el cálculo lo político. Por lo que veo, es lo que hasta ahora ha venido considerando Cristina Kirchner.

Comentarios

Comentarios

Horacio González

Horacio González

Horacio Luis González (Buenos Aires, 1944), sociólogo, docente, investigador ensayista argentino. Nació en Buenos Aires en 1944. Es profesor de Teoría Estética, de Pensamiento Social Latinoamericano, Pensamiento Político Argentino y dicta clases en varias universidades nacionales, entre ellas las de la ciudad de La Plata y Rosario. Entre 2005 y 2015, se desempeñó como director de la Biblioteca Nacional.

Hacé tu anotación Sin anotaciones