El rey de la noche

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La operación cognitiva de los medios de comunicación para sostener a Mauricio Macri me recuerda al esfuerzo de la voluntad en el último capítulo de la serie Game of Thrones. Pero la vida real es menos épica que las series de HBO. Los diarios de la hegemonía financiera instalan una cultura del sometimiento a lo inevitable. Necesitamos pasar a una instancia superior a base de amor.

Sábado de mayo. Soñé que tomaba el té con Mirtha Legrand y le decía señora. Ella vivía al lado de una gran escuela que demolían para rematarla y vender los terrenos. Llegaban compradores en camionetas 4×4 y transcurría una asamblea de padres y maestros en la que me veía con un músico y un escritor amigos dentro de una oficina gigantesca como un galpón en el desierto. Uno de mis amigos establecía una lista de prioridades en la pared y yo estaba perdido.

El cuento onírico terminaba en un sin lugar donde se jugaba al fútbol y se gritaban chistes contra CFK desde parlantes gigantes en las canchas. Especie de campo de mutantes que al trabar la pelota se descomponían con el más mínimo contacto físico. Mi actitud aparecía como la de un observador en estado de asombro.

Ya despierto, leí los diarios del día. Una costumbre añosa típica del siglo XX. Las ediciones mostraron una notable alineación de los grandes medios “sobre el acuerdo” con el Gobierno y el presunto apoyo empresarial. Aunque destacaban que el oficialismo no tenía el consenso de Roberto Lavagna y Sergio Massa.

La operación cognitiva para sostener a Mauricio Macri me recuerda al esfuerzo de la voluntad en el último capítulo de la serie Game of Thrones.

El Rey de la Noche no habla. Su objetivo es la aniquilación de la vida humana y la muerte de la memoria en los ojos del muchacho inválido que ve el mundo a través de los cuervos. ¿Qué busca el Rey de la Noche? El invierno eterno y la propagación de una masa de muertos.

Este monstruo encarna el miedo y la venganza infinitos. Pero la especie humana posee monstruos propios tan o más peligrosos que el Rey de la Noche, que después de todo cae vencido por una jovencita asesina romántica llamada Arya. De mirada oscilante y agilidad felina, Arya hunde su puñal en él. La mano creadora es la mano mortal.

De pronto los muertos que revivían por la voluntad del Rey de la Noche pierden la batalla final por la existencia y la alquimia del ciclo del pánico continuo se paraliza en un tiempo de incertidumbre. ¿Qué vendrá? Quizá el futuro presagia nuevas batallas con un Ejército deshecho.

La vida real es menos épica que las series de HBO. La teatralidad de las circunstancias se disipa en el espejo del cotidiano. La condición humana soportó el siglo más criminal de la historia con un férreo apego a la supervivencia. Los hijos del siglo XX somos sobrevivientes avezados. Por eso leemos los diarios en papel. Una manía que necesita de una costumbre de contacto de la mano con la palabra impresa. La creencia de que el tiempo quedará encapsulado. Pero no.

Me distraigo con los debates semióticos de la era líquida en las plataformas virtuales. La disputa por el sentido entre políticos y comunicadores se precipita en las redes sociales como el intento de  entender el vacío. En definitiva luchamos para persistir y la filosofía busca descifrar el misterio de vivir con la certeza de la muerte. Por eso El Rey de la Noche. El monstruo.

Política y publicidad

La monstruosidad humana resulta insuperable. La manipulación psicológica y emocional de millones de apáticos genera la llegada al teatro televisado de seres peligrosos. Las tapas de los diarios ya no contienen ni el meo de los gatos. Los diarios son pura basura que se amontona para que alguien saque provecho de la industria del desperdicio.

Pensar, pensar en serio, requiere salirse de cuadro y de normativa. Lo que vemos como (real) es la mano del operador puesta en la consola de sonido. Los diarios de la hegemonía financiera instalan una cultura del sometimiento a lo inevitable. La iniciativa es pura resignación.

El Rey de la Noche, ese monstruo muerto por el acto de una joven heroína que había tenido su primera experiencia sexual la noche anterior con un herrero que también fue a la Guerra a luchar, sería mucho más que el brazo estirado de nuestra imaginación. Esa necesidad de creer religiosa.

A tal punto es así que se nos mueren los héroes. La gloriosa juventud peronista de los ‘70 cae producto de la enfermedad y del otoño en la puerta del invierno del viento Sur. Entonces, la mirada azul del monstruo de la serie se posa sobre nosotros y tenemos la ansiedad de ver los dragones de fuego que vuelen por encima de la tormenta gris del invierno perpetuo. El odio vomita signos primitivos con anonimato neurótico por el carretel inasible de la virtualidad.

Ni malos tan malos, ni buenos tan buenos. Ni santos ni devotos. La palabra está en disputa bajo el cielo de los creyentes y no hay pontífices del bien capaces de enterrar el cuchillo con la habilidad de Ayra. El Rey de la Noche es nuestro propio miedo en las pesadillas. La escuela demolida, los parlantes con voces ajenas, el té con Legrand y la teatralidad delirante.

Son tiempos de avidez. El desguace de la esperanza que produjo Macri en apenas cuatro años. Todo lo que significa su decadencia moral, social y económica nos deja en la fila del hospital y en el mejor de los casos en la cola de la panadería. Necesitamos pasar a una instancia superior a base de amor.

Un diario comparó tarde y mal la Argentina con Portugal. Pero la Provincia de Buenos Aires tiene más superficie que Portugal y en ese país viven diez millones de habitantes, aquí somos 44 millones de habitantes en uno de los países más grandes de América detrás de Estados Unidos y Brasil. No es lo mismo.

Hay muchos seres semejantes al Rey de La Noche en el planeta humano. El actor que dio vida al personaje es un doble de riesgo lituano. Se maquilló seis horas para hablar con una mirada gélida durante segundos eternos. Un ejercicio para el archivo de la memoria emocional.

En Europa se reglamenta el derecho de los animales y un filósofo alemán dijo que en los países escandinavos se habría aprobado el nombre de un río como sujeto de derecho y hasta podría tener un abogado litigante.

Todo muy bien, pero el alcalde porteño Horacio Rodríguez Larreta transformó los volquetes de residuos de la Ciudad en una prisión para que los indigentes no coman ni reciclen basura y eso no pueda verse fuera de la Argentina.

Estamos muy lejos de los países escandinavos.

Todos somos de alguna parte y de ninguna. “Las raíces son importantes”, dijo la Madre al escritor cínico Jep Gambardella, luego de preguntarle por qué había escrito un solo libro en el film “La gran belleza”.

Y los flamencos volaron al sol.

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Juan Alonso

Juan Alonso

Periodista y escritor. Columnista con Roberto Caballero en Radio del Plata. Distinguido con el premio Rodolfo Walsh que entrega la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de La Plata (2017). Fue editor de policiales en Tiempo Argentino.

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