Es hora de retirar el PBI: no mide todo lo que importa

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La forma en que evaluamos el desempeño económico y el progreso social es elementalmente errónea, y la crisis climática ha puesto estas preocupaciones en primer plano. La brecha entre lo que muestran nuestras estadísticas y lo que necesitan mostrar.

Foto: Joaquín Salguero

Publicado en The Guardian

El mundo enfrenta tres crisis existenciales: una crisis climática, una crisis de desigualdad y una crisis en la democracia. ¿Seremos capaces de prosperar dentro de nuestros límites planetarios? ¿Puede una economía moderna generar prosperidad compartida? ¿Y pueden prosperar las democracias si nuestras economías no logran generar prosperidad compartida? Estas son preguntas críticas, pero las formas con las que medimos el desempeño económico no dan siquiera una pista de que podríamos estar enfrentando un problema. Cada una de estas crisis ha reforzado el hecho de que necesitamos mejores herramientas para evaluar el desempeño económico y el progreso social.

La medida estándar del desempeño económico es el Producto Bruto Interno (PBI), que es la suma del valor de los bienes y servicios producidos dentro de un país durante un período determinado. El PBI  aumentaba constantemente año tras año, hasta la crisis financiera mundial de 2008. La crisis financiera mundial fue la mejor ilustración de las deficiencias en las estadísticas que se usan comúnmente. Ninguna de esas estadísticas dio a los encargados de formular políticas públicas o a los mercados, una advertencia de que algo andaba mal. Algunos economistas vieron más allá y  dieron la voz de alarma: las medidas estándar parecían sugerir que todo estaba bien.

Desde entonces, según la curva deI PBI, EE.UU. ha estado creciendo un poco más lento que en años anteriores. Pero no hay nada de qué preocuparse; los políticos, al observar estas estadísticas, sugieren ligeras reformas al sistema económico y, prometen que “todo irá bien”.

En Europa, el impacto de 2008 fue más severo, especialmente en los países más afectados por la crisis del euro. Pero incluso allí, aparte de las altas cifras de desempleo, las estadísticas no reflejan completamente los adversos impactos de las medidas tomadas, ni la magnitud del sufrimiento de las personas, ni los impactos en los niveles de vida a largo plazo.

Nuestras medidas estándar del PIB tampoco nos brindan la orientación que necesitamos para abordar la crisis de desigualdad. Entonces, ¿qué pasa si el PIB sube, y si la mayoría de los ciudadanos están peor? En los primeros tres años de la llamada “recuperación de la crisis financiera”, alrededor del 91% de las ganancias fueron un 1% superior. No es de extrañar que muchas personas dudaran de las afirmaciones de los políticos que decían que la economía estaba en camino a una recuperación sólida.

Durante mucho tiempo me ha preocupado este problema: la brecha entre lo que muestran nuestras estadísticas y lo que necesitan mostrar. Durante la administración de Clinton, cuando serví como miembro y luego como presidente del Consejo de Asesores Económicos, me preocupaba cada vez más cómo nuestras principales medidas económicas no tenían en cuenta la degradación ambiental y el agotamiento de los recursos. Si nuestra economía parece estar creciendo pero ese crecimiento no es sostenible porque estamos destruyendo el medio ambiente y utilizando los escasos recursos naturales, nuestras estadísticas deberían advertirnos. Pero debido a que el PBI no incluyó el agotamiento de los recursos y la degradación ambiental, solemos obtener una imagen excesivamente optimista.

Crisis climática

Estas preocupaciones se han puesto de manifiesto con la crisis climática. Han pasado tres décadas desde que la amenaza del cambio climático se reconoció por primera vez de manera amplia, y las cosas han empeorado más rápido de lo esperado en un principio. Ha habido eventos más extremos: mayor derretimiento de los glaciares y mayor destrucción del hábitat natural.

Está claro que algo está mal con la forma en que evaluamos el desempeño económico y el progreso social. Peor aún, nuestras estadísticas con frecuencia dan la impresión engañosa de que existe un balance entre ambos; que, por ejemplo, los cambios que mejoran la seguridad económica de las personas, ya sea a través de mejores pensiones o un mejor estado de bienestar, se hacen en detrimento del desempeño económico nacional.

Obtener la medida correcta es de vital importancia, especialmente en nuestra sociedad orientada a la estadística y al rendimiento. Si medimos lo incorrecto, haremos lo incorrecto. Si nuestras medidas nos dicen que todo está bien cuando realmente no lo está, seremos complacientes.

Debe quedar claro que, a pesar de los aumentos en el PIB, y a pesar de que la crisis de 2008 está muy por detrás, no todo está bien. Vemos esto en el descontento político que se propaga por tantos países avanzados; Lo vemos en el amplio apoyo a los demagogos, cuyos éxitos dependen de la explotación y del descontento económico. Lo vemos en el entorno que nos rodea, donde se producen incendios, inundaciones y sequías con intervalos cada vez mayores

Afortunadamente, una variedad de avances en metodología y tecnología nos han proporcionado mejores herramientas de medición, y la comunidad internacional ha comenzado a adoptarlas. Lo que hemos logrado hasta ahora me ha convencido a mí y a muchos otros economistas de dos cosas: primero, que es posible construir estadísticas mucho mejores para la salud de la economía. Los gobiernos pueden y deben ir mucho más allá del PIB. Segundo, que hay mucho más trabajo por hacer.

Como Ángel Gurría, secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, ha escrito: «Con tan solo tener mejores estadísticas que realmente reflejen la vida y las aspiraciones de las personas, podremos así, diseñar e implementar ‘mejores políticas para mejores vidas‘. «

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