Estado, gastos y desigualdad: ¿quiénes deben pagar los costos de la pandemia?

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La crisis del coronavirus no golpea por igual. Sus catastróficos efectos negativos, la caída de ingresos y el incremento del desempleo fueron devastadores e incrementaron las desigualdades existentes. Muchos Estados han desplegado millonarios paquetes de asistencia a familias, trabajadores y empresas. La pregunta es: ¿cómo financiar esos gastos inmensos para atender la emergencia?

Publicado en Sputnik

La globalización neoliberal ha profundizado la desigualdad de oportunidades y estas son enormes según cuál sea el género (mujeres) y estrato socioeconómico (pobres e indigentes). Las brechas se ampliaron entre sectores medios y sectores populares y la crisis amplificó las diferencias.

La debacle económica global ha abierto debates en casi todos los países en relación a la necesidad de avanzar en una mayor justicia tributaria.

Con Estados que han desplegado millonarios paquetes de asistencia a familias, trabajadores y empresas irrumpe el interrogante acerca de cómo financiar esos gastos inmensos para atender la emergencia.

Impuestos

El debate en varios países es el de aplicar un impuesto excepcional a los ricos para obtener recursos que permitan enfrentar los gastos derivados de la pandemia y, a la vez, para avanzar en la equidad tributaria.

El diario financiero conservador Financial Times (FT) publicó un editorial en el cual admitió la necesidad de que los Gobiernos lleven adelante reformas radicales, que reviertan la dirección política prevaleciente en las últimas cuatro décadas y adopten un rol activo en la economía.

El FT advirtió que la redistribución del ingreso volverá a estar en la agenda y los impuestos sobre la renta y la riqueza tendrán que estar presentes.

Que un medio de comunicación vinculado a las finanzas internacionales y con posiciones económicas históricamente neoliberales planteara la necesidad de que los ricos hagan un aporte tributario mayor, refleja las tensiones que existen en esta globalización desigual.

La pandemia y el sistema-mundo

Ganancias

Hasta el Fondo Monetario Internacional (FMI) recomendó la adopción de medidas fiscales que involucren el aumento de las alícuotas para los tramos más altos de impuesto a las ganancias y bienes personales.

El 6 de abril el FMI publicó un informe elaborado por el Departamento de Asuntos Fiscales que forma parte de una serie especial de sugerencias sobre políticas para responder ante la emergencia del coronavirus.

Recomienda, entre otras cosas, asegurar los ingresos y promover la solidaridad.

Propone que los países deben «considerar aumentos de las tasas en los tramos superiores del impuesto sobre la renta, del impuesto sobre la propiedad y del impuesto sobre el patrimonio, quizás a modo de ‘sobretasa solidaria'».

Sugiere, además, monitorear de cerca a los grandes contribuyentes que puedan cumplir con el pago de sus obligaciones, reconociendo que los problemas pueden ser mayores para las empresas más pequeñas.

Ricos

El economista estadounidense John R.Talbott, experto en finanzas y quien escribió varios libros acerca de las crisis, señaló que en esta debacle hay que obtener el dinero de quienes más lo tienen. Estimó que ese grupo de personas involucra al 10% más rico del mundo.

En su reciente artículo Para enfrentar el coronavirus, necesitamos un impuesto de riqueza de emergencia, propuso uno al patrimonio del 3% sobre los más ricos del planeta, lo que proporcionaría nueve billones de dólares necesarios para financiar gran parte del plan global de emergencia.

Talbott comentó que consultó la idea con uno de los millonarios de Wall Street, Peter Fahey, un rico socio retirado de Goldman Sachs, quien le contestó: «Creo que las circunstancias actuales presentan la oportunidad de organizar a ‘multimillonarios patrióticos’ para que den un paso adelante para someterse ellos mismos a un sustancial impuesto a la riqueza para abordar la crisis fiscal que surgirá de la crisis COVID-19».

Un aspecto interesante es que no se trata de filantropía o de una búsqueda de mayor equidad económica, sino que esos representantes de ultrarricos están preocupados por la continuidad del actual régimen económico que los benefició.

Fahey lo dice en forma clara: «Si los sujetos de ese impuestos (los ricos) declaran su deseo de rescatar el sistema económico bajo el cual se enriquecieron, cómo podrían negarse los políticos».

Para ellos no se trata de buscar una estructura tributaria equitativa, sino simplemente la ambición de auto preservación de privilegios.

Europa

Los países europeos están debatiendo la propuesta de cobrar un impuesto extraordinario a los ricos.

En España la fuerza política Unidas Podemos, integrante de la coalición de Gobierno junto al Partido Socialista Obrero Español (PSOE), ha manifestado la intención de crear un «impuesto de solidaridad temporal» a las grandes rentas o los grandes patrimonios para costear las medidas sanitarias y las consecuencias económicas provocadas por la pandemia.

Por otro lado, el partido Más País, que integra Iñigo Errejón, propuso la creación de un impuesto «a la solidaridad cívica a quienes más tienen». Impondría una alícuota entre el 1% y el 1,7% para los patrimonios mayores a un millón de euros y del 2% para los de dos millones.

En Italia se estudia establecer una tasa COVID progresiva durante los años 2020 y 2021. La propuesta consiste en crear una enmienda al decreto Cura Italia, un plan económico de ayuda lanzado por el Estado Nacional.

La propuesta radica en aplicar un impuesto del 4% a las ganancias anuales entre los 80.000 y los 100.000 euros; un 5% entre 100.000 y 300.000; un 6% entre 300.000 y 500.000 euros; y un 8% por encima del medio millón de euros. Alcanzaría a 803.000 contribuyentes —con la exclusión de los médicos—, lo que representa el 1,95% de los 41,2 millones totales.

De esta manera, aspiran recaudar 1.300 millones de euros para «todos aquellos que se encuentran en situación de pobreza a causa de la crisis» y para las familias «que no tienen recursos suficientes ni siquiera para la compra de bienes de primera necesidad».

En Reino Unido, el integrante del Partido Laborista y hasta hace unas semanas el shadow cancellor —Canciller en las sombras, un puesto que posee la oposición para controlar y discutir las políticas de gobierno— John McDonnell, propuso, antes de dejar el cargo, que se defina un impuesto a la riqueza sobre los sectores más ricos del país.

Para el laborista, el país podría pagar las medidas necesarias a través «de un impuesto inmediato sobre las ganancias extraordinarias en el sector financiero que rescatamos cuando provocaron la crisis hace una década».

En Rusia, el presidente Vladimir Putin anunció que aplicará un impuesto del 15% a los dividendos en las cuentas extranjeras y un impuesto del 13% a los depósitos bancarios de más de un millón de rublos, que afectará solo al 1% de los titulares.

Según Putin, lo recaudado será destinado «para apoyar a las familias con niños, a las personas que han perdido sus empleos o están enfermas».

También en Suiza existen proyectos liderados por la oposición para aplicar un impuesto único del 2% sobre fortunas superiores a los cuatro millones de francos. Se lo denomina «impuesto de solidaridad de coronavirus».

El capitalismo está desnudo

América Latina

A diferencia de Argentina, donde el Gobierno impulsa el proyecto de impuesto a los ricos, en la región son fuerzas de la oposición que lideran la propuesta.

En Brasil existen cuatro presentadas en el Senado. El Partido de los Trabajadores propuso la aplicación inmediata de un impuesto del 2,5% sobre activos que superen los 50 millones de reales (8.9 millones de dólares).

En la Constitución brasileña está previsto el Impuesto sobre las Grandes Fortunas, pero se necesita una ley que nunca fue aprobada para empezar a aplicarlo.

En Perú, la fuerza de izquierda Nuevo Perú difundió distintas propuestas para paliar la crisis por COVID-19, entre las que se incluye un impuesto del 1% sobre las empresas más grande del país.

En Chile, la diputada Camila Vallejos presentará en el Congreso una propuesta realizada por un equipo de economistas del Partido Comunista. Consistirá en un impuesto dirigido al 1% más rico del país, con una tasa anual del 2%.

En Argentina, el gobierno de Alberto Fernández promueve un impuesto del 1% a los contribuyentes muy ricos, por encima del equivalente a 3 millones de dólares. La iniciativa es rechazada por gran parte de la oposición.

Equidad

La propuesta de impuestos a los ricos se está planteando en distintos países de Europa y de América Latina. La idea es avanzar en una mayor justicia tributaria, apuntando a recaudar más de parte de quienes más poseen.

La solidaridad como concepto político es otro eje de análisis. Una amplia mayoría de las propuestas analizadas incluyen esa palabra en la denominación del impuesto.

Los efectos de la pandemia de COVID-19 son regresivos: afectan de manera sensible a los que menos tienen, no solo en materia de salud (peor acceso a la salud y situación de insalubridad en su vida cotidiana) sino también en lo referido a la cuestión económica.

El aislamiento obligatorio y la paralización de importantes sectores de la actividad implican afectar los ingresos de los trabajadores sin empleo o de empleo informal, que no acceden a licencias pagas y carecen de protección sindical.

Esto deriva en una profundización de la desigualdad, a menos que el Estado revierta o al menos compense esa situación. Esa tarea tiene dos pilares: la forma de recaudar y las decisiones de ejecución del gasto.

El impuesto a los ricos sería entonces una iniciativa que permitiría transitar el camino de la equidad de la pandemia del coronavirus.

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