Falta y resto

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Sí, ya sé que Falta y resto es el nombre de una murga uruguaya. El papel de la murga, heredera del coro griego y del circo medieval, recreada por la picaresca y el sufrimiento sudamericano, es revelar otro orden desordenado en el desordenado orden del mundo. Pero a la luz de ese lujoso nombre, diremos lo que nos pueden inspirar las tres magníficas movilizaciones de la semana que pasó.

El concepto esencial que las relacione, es lo que nos falta. Pero esa falta es el resto invisible que dejan las tres marchas, y que debemos saber pensar, reflexionar sobre esos niveles diferentes que se entrelazan entre ellos, y que a su vez son portadores de otros niveles internos desajustados pero dialogando entre sí. Mujeres, Trabajadores y Maestros. He allí el trípode del entrelazarse novedoso.

Se debe agregar a los trabajadores de la Economía Popular, que habiendo hecho acuerdos en términos de la ley de Emergencia Social, no han sido tampoco atendido en sus reclamos. Y agregando esto último, ya es el relleno cuadrilátero de la solicitación colectiva, que descifrado nos pone en el camino de la reconstrucción política y social del movimiento popular. Cada categoría atraviesa con su falta y resto a las otras. Es vital que cada especificidad se conserve con una rotación común, una armoniosa traslación mutua de temas sin necesidad de un centro unificador.

El novedoso reflorecimiento del movimiento feminista (espero que la metáfora floral no disguste a María Moreno), contrasta con el desgaste y eclipse vergonzoso de la CGT. Este contraste se vio en las calles, con las notas que hay que distinguir en cada caso.

En cuanto a la CGT, vemos que hace años la domina una ecuación de negociación “entre empresarios”, pues los que gobiernan lo son plenamente (al punto que la ley de conflicto de intereses es el eufemismo que quieren aprobar, pues solo en este gobierno sería concebible) y los perseverantes dirigentes de los grandes gremios lo son en su mayoría también, de una manera específica, no con esa identidad sino conservando la de sindicalistas, lo que les permite ser mediadores singulares entre la clase trabajadora estamentalizada y el gobierno entendido como “comité de negocios”, de cuya concepción participan aunque obligados por su condición sindical, a hablar el lenguaje de las reivindicaciones laborales, ya muy formalizado, protocolizado y esterilizado por ellos.

Las heterogéneas pecheras sindicales indican una necesaria filiación, pero por otro lado son los síntomas de esa estamentalización, por lo que sin abandonar las identificaciones por agrupación profesional y política, hay que reconstruir otro ente social que se aproxime a la noción clásica de clase trabajadora, productiva y autoconsciente. Ese sería el órgano laboral y creador de horizontes vitales, que reflexiona críticamente sobre los factores de la opresión humana y se organiza democráticamente para ampliar los derechos sociales y participar políticamente en las decisiones del máximo nivel de interés colectivo.

Las heterogéneas pecheras sindicales indican una necesaria filiación, pero por otro lado son los síntomas de esa estamentalización, por lo que sin abandonar las identificaciones por agrupación profesional y política, hay que reconstruir otro ente social que se aproxime a la noción clásica de clase trabajadora, productiva y autoconsciente.

El paro al que citen estos sindicalistas está en una encrucijada. Puede devolverles ese rol negociador infinito a los cegetistas del primer triunvirato, cuyo secretario hace un siglo era Rivadavia. Anticipador, este hombre había propuesto una educación lancasteriana (que paradójicamente interesó a Bolívar y San Martín) basada en la instrucción mutua, bastante discutible en su época, y que en su última deformación, hace un siglo inadvertida, se encarna en el pseudo-voluntariado educativo, inventado por el gobierno y los servicios de inteligencia para sustituir a los maestros.

Si los Triunviros llaman al paro será para deformarlo o incautarlo o para aceptar en su reemplazo un Segundo Triunvirato o un Directorio. En la historia argentina al Segundo Triunvirato le fue un poco mejor que al Primero, pero aquí no nos hagamos ilusiones. Ahora, luego del reclamo de una fecha, la encrucijada a la que nos referimos, podrá determinarse un paro con mayor conciencia social y colectiva sobre la gravedad laboral, económica y social que provoca el gobierno macrista. Por eso, una dirección de la CGT de esta índole, con sus “Juan José Pasos, Chiclanas y Sarrateas”, dirigida en las sombras por familias sindicales–empresariales, debe también ser cuestionada por el paro al que ellos mismos se ven obligados a llamar.

¿Cuál cuestionamiento? Conocemos perfectamente que este cuestionamiento tiene larga data y pocos resultados. Nunca como hoy tenemos un sindicalismo central abroquelado en sus intereses corporativos, lo que se corresponde con la corporativización del conjunto de la sociedad nacional. Gobierno corporativo, empresas corporativas, medios de comunicación corporativos, sindicalismo corporativo, clubes de fútbol corporativos, redes interactivas virtuales, interferidas por la invisible Corporación Troll. Una medievalización de toda la vida social fusionada.

Nunca como hoy tenemos un sindicalismo central abroquelado en sus intereses corporativos, lo que se corresponde con la corporativización del conjunto de la sociedad nacional.

La movilización de los maestros y maestras tuvo otro distintivo. Que puede identificarse a través de la maradoniana figura que eligió Yasky para referirse a los ataques del gobierno, sobre todo el necio chistecito de Macri sobre Baradel, que reveló a todos una íntima verdad, que detrás de la “sociedad de los afectos” se esconde una latencia represiva. Ya se expresó varias veces con la imagen de la policía esperando en las sombras.

Se la vio en la Catedral detrás de un vallado, en medio de un silencio amenazante, con una presencia velada, aviesa. Poco después ensayaron un modelo de redada con violencia específica, arrastrando mujeres de los cabellos, escenas cavernarias, justo después de la marcha antipatriarcal. Aquí hablamos de faltas y sobras. En las batidas policiales sobran también los símbolos que se anuncian, que de desplegarse por completo, presentarán un futuro aciago para la democracia en las calles.

Yasky eligió la imagen de los guardapolvos que “no se manchan”, expresión popular que contrasta blancura con oscuridad. Creo que es una nutrición elocuente para un pensamiento social que plasma acciones nobles y contundentes, cabeza adelantada de la protesta social. Observamos que nuestros mejores dirigentes no tienen por qué abandonar la eficacia emotiva y conceptual de sus discursos, por el hecho de que alguien –bien podría ser yo- señale que sin perder su valor, la metáfora de la pureza nos llevaría a otra reflexión.

Se trata de que el movimiento sindical de docentes es portador de la idea de una reforma educativa que impone relacionar la pureza determinante de la educación alfabetizadora, con las derivaciones múltiples (“impurezas necesarias”) que tiene ese concepto alfabetizador en su infinita extensión social. Pues la educación tiene significaciones compuestas, que brotan en su estruendosa espesura, ahora, en las horas cruciales del paro. Es la compleja pedagogía social de las calles manifestadoras y estudiosas.

El gobierno considera “político” el paro docente y busca apoyo en “las familias” y en “niños que pierden su clase”. El gremio docente, con sus dirigentes que crecen en la dificultad de esta coyuntura, responde que las huelgas son una forma de la educación; de la alfabetización colectiva más crucial; que desconociéndose su justo reclamo se abriría una compuerta gigantesca para la flexibilización laboral y la baja general de salarios, acentuándose los pormenores más dramáticos de la injusticia educacional, social y política.

El gobierno considera “político” el paro docente y busca apoyo en “las familias” y en “niños que pierden su clase”. El gremio docente, con sus dirigentes que crecen en la dificultad de esta coyuntura, responde que las huelgas son una forma de la educación.

Los guardapolvos están entonces en la intersección más intensa de las luchas sociales argentinas. Están puros y grávidos con el ejercicio legítimo de una representación específica, sectorial, y también de una noción de pueblo que está punto de sucumbir frente a la ideología de la “pseudo intimidad” del gobierno. Vidal le habla a los padres de los alumnos diciendo: “les cuento que…”; esta expresión supone una ficción amigable, una prefabricada familiaridad. Esa falsía es amparada detrás del vallado por un explícito orden policial.

Los maestros argentinos tienen una doble tarea, derrotar la injusticia salarial y derrotar el simulado empleo de una lengua pedagógica “entrañable” por parte de los funcionarios devastadores del espacio público educacional. Por eso los guardapolvos tienen que ser blancos, sin las manchas de la represión ni del lenguaje de una señorita que se pretende inocente. Aplica políticas de una “dama de hierro”, simulando que es una adolescente abandonada.

Por lo tanto, la pregunta por la escuela pública es una pregunta por su autonomía, mezcla de pureza expresiva en medio de una creciente heterogeneidad que conlleva la crisis de expectativas, esa oscura impureza generalizada que hoy atraviesa las existencias individuales y colectivas. No podríamos pensar al destacado movimiento gremial de docentes de otra manera que cómo iniciadores del horizonte de reforma moral e intelectual de la sociedad argentina. Quizás, en paralelo a la demanda de paritarias nacionales, un Congreso de la Cultura Educacional Pedagógica y Política pueda realizarse bajo un llamado de CTA o Cetera.

El entrelazamiento de la marcha docente con la marcha de la CGT nos da un nuevo panorama de la clase trabajadora argentina, ya no escindida entre trabajo manual e intelectual –esa distinción ha caducado hace varias décadas- sino entre las clases de pecheras o guardapolvos que cubren nuestros cuerpos. La carencia de más pasajes y reconocimientos vitales entre estas nuevas piezas fundamentales, es una falta que la memoria alberga y sabrá recrear nuevamente.

El entrelazamiento de la marcha docente con la marcha de la CGT nos da un nuevo panorama de la clase trabajadora argentina, ya no escindida entre trabajo manual e intelectual –esa distinción ha caducado hace varias décadas- sino entre las clases de pecheras o guardapolvos que cubren nuestros cuerpos.

No hablo irónicamente de las identificaciones gremiales, eso no es lo que sobra. Hablo para que sean un emblema asociativo, no de sectorialización de un universo que debe pensarse con más capacidad de horizontes comunes, con una respuesta hacia las tecnologías que no nos haga apéndices pasivos de ella, sino actores humanizantes de las innovaciones comunicacionales, que libradas a su automatismo robótico, pueden destruir movilizaciones (no lo han hecho hasta ahora) o clases enteras de profesores y maestros (tampoco ocurrió hasta ahora). No ocurrió por el impulso memorístico que las placas internas y profundas de la sociedad argentina aun custodian.

La movilización femenina social y política resguardó su singularidad novedosísima. Salió de los libros de textos para situar en la calle la idea de un nuevo modo de relación interhumana, el tema de los temas. Entiendo que muchas escritoras participantes de la revolución de género protesten porque perciben “hipocresía y oportunismo” en el vasto arco de apoyos que tuvo la movilización. Pero visto de otra manera, se trata de un cortejo fundamental, el séquito necesario que cubrió todas las posiciones políticas –del que se podrá decir “falta” y “resto”–, pues algo nos faltaba a todos y probablemente algo sobrara en todos.

Pero era una indicación dialéctica, en el sentido trivial de tesis –marcha docente–; antítesis –el palco de la burocracia mental cegetista–; y dos proyectos de síntesis, la clase trabajadora real que sacó de su pecho, con o sin pechera, el grito de “poné la fecha”, mientras el género femenino mostró en las calles una musicalidad de vastas notas y colores, que simbólicamente ya escribía las primeras letras de lo que sobrará si lo intenta un solo sector y faltará si lo intentamos con conjunciones que no sumen su aspecto cuantitativo a su dimensión cualitativa: un frente social y político capaz de enlazar o generar una hospitalidad común.

Pero lo anterior es una mera esquematización que lo real cotidiano astilla una y otra vez; el paro docente reaparece como una valiente frontera de autodefensa de la sociedad argentina. Confiamos en la profunda responsabilidad de sus dirigentes. Hay un nuevo hábitat frentista, imaginariamente compartido por todos estos pavimentos diferentes que recorrieron los mismos, los diferentes, las diferentes, los entremezclados pies de la nueva nación díscola, la de los desubicados –expresión del pensador presidencial– que buscan ubicación. Pero esta ubicación es un examen colectivo, es la tolerancia creativa a la desubicación consciente, generosa y socialmente altruista, de las marchas combinadas, y de una huelga enseñadora.

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Horacio González

Horacio Luis González (Buenos Aires, 1944), sociólogo, docente, investigador ensayista argentino. Nació en Buenos Aires en 1944. Es profesor de Teoría Estética, de Pensamiento Social Latinoamericano, Pensamiento Político Argentino y dicta clases en varias universidades nacionales, entre ellas las de la ciudad de La Plata y Rosario. Entre 2005 y 2015, se desempeñó como director de la Biblioteca Nacional.

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