Honras a Marielle

Compartir

El asesinato de Marielle Franco por un grupo de tareas revive lo peor de la violencia política latinoamericana. La militarización de las favelas por parte de Temer y la impotencia para crear alternativas a las armas y drogas como determinantes del lugar de los pobres en la economía de mercado. 

No podemos disociar el asesinato de Marielle Franco de la situación con la que el gobierno argentino está tratando la cuestión de la seguridad pública, y alentando a la policía argentina a actuar en medio de una supuesta “guerra social”. En Brasil, sin embargo, se trata de un asesinato político realizado por un grupo de desconocidos, más bien un grupo de tareas, de lo que no hace falta ninguna probanza adicional para suponer con total certeza que son parte de la policía del Estado de Río de Janeiro, con antecedentes sobrados para que sea verosímil esta presunción. Podemos decir que habría cierta diferencia en los casos de Maldonado, Nahuel, los chicos en supuesta o real situación de delincuencia, en gran medida ocasional. No son operaciones planificadas con un blanco predeterminado, a la manera ya bien conocida de los parapoliciales. Aquí son muertos por la espalda por algunos de los numerosos miembros de las fuerzas de seguridad, esparcidos de a miles sobre el territorio, con una alegación oficial de que esa acción no solo es facultad policial, sino que se la elogia y sostiene como necesaria por el propio presidente. Por eso este asesinato político en Brasil, a pesar de ser un paso muy adelantado en relación a cómo percibe el Estado su relación con la acción de sus fuerzas de seguridad –ampliándose al infinito sus “manos libres” para actuar de maneras extremas sin posteriores intervenciones judiciales-, no se da del mismo modo en nuestro país, ni  había evidencias sistemáticas de ello en las zonas faveladas de Rio, aunque el recuerdo de los “escuadrones de la muerte” está siempre presente, y que la acción policial a la manera del actual momento argentino, era allí moneda corriente.

Transformación y transformismo en Brasil

No obstante, en los últimos meses, el ejército brasileño, por una disposición de Temer, se hizo cargo del control poblacional integral de las favelas, en especial una de ellas, la Rocinha, siempre señalada como una plataforma del narcotráfico. Lo cierto es que las favelas de Río, mucho más que la de cualquier ciudad brasileña, son históricas. Se pueden decir que han crecido a lo largo de un siglo. Provienen pues de tiempos lejanos, y tienen ligazones comunitarias muy fuertes, procesos de urbanización propios, medios de transporte muy mejorados por los gobiernos de Brizola –en su momento- y luego por el PT. Son efectivas experiencias de urbanización singular, para una población trabajadora heterogénea, de empleos volátiles y precarios, pero no inexistentes, donde a pesar de que se han convertido en ciudades “medieval-modernas”, pues -como efecto de las inversiones que traen los grande eventos deportivos-, el impulso a la radicación habitacional garantido (la “ciudadanización”, diría un sociólogo) fue fortalecido, todo ello ocurrió junto al crecimiento de economías del tráfico ilegal, que crean aparatos financieros y armados en combinación con policías y partes de las clases políticas de derecha, que recluta un “personal estable juvenil” del modo ya conocido. Toda la vida en las favelas, sin embargo, es eventual, endeble y trágica.

Este es un nudo complejo y difícil de desatar, sobre todo si se tiene en cuenta que la crítica a la financiarización de la economía que hacen los partidos de izquierda y progresistas en general, no termina de construir elementos más incisivos para tratar de estas economías de la ilegalidad en el mundo popular –un sector de él-, amparadas por formaciones específicas de negocios cuyas mercancías intercambiables son las armas y la droga, donde la incidencia institucional de un enorme  cuerpo policial en las sombras es siempre estudiada y reconocida, pero todo se tiñe de la resignación de que allí crece un “aparato de Estado paralelo”, cuya fuerza económica es precisamente su ilegalidad.

Brasil: mito, cultura y reconstrucción

Evidentemente, la irrupción de las fuerzas armadas en esta zona de “negocios particulares” de otras instituciones de “seguridad”, siempre mueve las piezas en un sentido inesperado y no pocas veces lúgubre. Marielle Franco, del partido PSOL, se hallaba en plena campaña contra esa doble intervención, que por otra parte, al presidente marioneta Temer le está sirviendo para demorar en la cámara el tratamiento de una ley parecida a la aprobada aquí, la vergonzosa ley de recalculo de las asignaciones jubilatorias, para la que no tiene los votos necesarios. Tantos planos se cruzan en esta cuestión, que en cierto momento se siente en la atmósfera el vil preanuncio de un asesinato, que de algún modo coloca en otro plano, de confuso dramatismo, todo el juego de fuerzas que no tiene fórmula alguna para estabilizarse: ejército, policía, el tráfico comercial ilegal, la historia social y poblacional de una parte importante y fundamental de Rio, la de los morros.

Lo cierto es que el partido  de Marielle Franco, ocupa hoy una posición importante en la legislatura y el consejo municipal de Rio. Es un desprendimiento del PT, al cual le critica toda su última gestión en torno a alianzas con sectores de la “burguesía financiera”, con el propósito de detener el golpe contra la presidenta Roussef. Recuérdese que luego de triunfo del PT, por escaso margen, se le ofreció el ministerio de economía al mismo economista que lo hubiera sido si ganaba el candidato contrario a Dilma. Era inevitable entonces que hubiera esos desprendimientos “por izquierda” en el PT, y en su corto lapso de existencia, el PSOL hizo muy buenas elecciones en Rio, pero debe apreciarse que concentra poco menos el 2 por ciento del electorado nacional. De modo que tenemos varios dramas paralelos. En uno, Lula, a pesar de su reconocida voluntad negociadora, condensa símbolos y memorias que lo hacen inadmisible para una ultraderecha kamikazi que gobierna el poder judicial-financiero, con aliados importantes, como el impertérrito F. H. C., enigmáticas, quizás lóbregas siglas del señor Cardoso, autor en illus tempore, de los manuales contra la “dependencia”. La lucha para conseguir que Lula pueda ser candidato en las muy próximas elecciones aún tiene vigencia y no pude dejar de acompañarse.

En el otro paño, la izquierda no lulista acentuó su trabajo denunciando el modo en que el Estado –a través de policías o militares, con o sin pretexto de las voluminosas economías irregulares que ellos mismos también controlan-, comenzaba a aplicar técnicas de “aldeas estratégicas” a las poblaciones más características y castigadas de la Ciudad. Los temas propios de la movilización feminista y del movimiento LGBT, que un amplio espectro político comparte, eran y son tomados con particular énfasis por el PSOL. Marielle Franco fue despedida como negra, feminista, lesbiana, un conjunto de índices existenciales que señalan una nueva y cruda situación. Venía de denunciar una muerte de un joven asesinado al “estilo argentino”, y por lo que se ve en las fotos  y videos que circularon, se sentía en lo profundo de su tarea por esa exposición crítica que en esencia no era nueva. El representante más encumbrado y famoso de su partido el legislador Marcelo Freixo había pasado por las mismas situaciones y peligros, y ella en su momento, era su adjunta o asesora.

Una lluvia de balas acribilló un Río de igualdad

¿Quién podía pensar que iba a ser alcanzada? Era una vida lanzada, arropada, arrojada en una misión, que venía del corazón profundo, tal vez profético de las favelas. Como muchas veces era considerada de un modo erróneo –venir de la vida más golpeada, hacer estudios universitarios, llegar por la militancia a cargos de representación políticas importantes y generosamente votados-, quizás ella consideró también que no figuraba en el libro de las sentenciadas, tal como los están escribiendo los nuevos procedimientos de los Estados.

Pero su itinerario vital no era solo la de alguien que levantó su vida por encima de una desgraciada situación de carencia, sino la de quien portaba un mismo sentido de biografía reivindicante en sus múltiples aspectos. Pero fue asesinada de una vez y en todas sus condiciones. Nadie espera su propio martirologio. La esencia de una muerte cuyo responsable máximo es una cara anónima del Estado, que piensa día y noche, convertido en un bólido giratorio, y  de pronto, como en un bolillero fatal, los verdugos se detienen en un nombre que antes les pudo haber pasado indiferente por su visillo. Y ahora alguien dice dese la penumbra es hora de apretar el gatillo. Fácil. Así se hizo la política de las sombras durante siglos. Por eso no se agotan en nuestra conciencia los mártires y por eso nadie sabe en el renglón de que libro aciago figura su nombre. ¡Honras a Marielle!

Comentarios

Comentarios

Horacio González

Horacio González

Horacio Luis González (Buenos Aires, 1944), sociólogo, docente, investigador ensayista argentino. Nació en Buenos Aires en 1944. Es profesor de Teoría Estética, de Pensamiento Social Latinoamericano, Pensamiento Político Argentino y dicta clases en varias universidades nacionales, entre ellas las de la ciudad de La Plata y Rosario. Entre 2005 y 2015, se desempeñó como director de la Biblioteca Nacional.

Hacé tu anotación Sin anotaciones