Interpelaciones

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Ricardo Rouvier analiza en esta nota el escenario político actual enturbiado por la insistencia de una oposición sin cabeza que ataca y aumenta su histórica aversión al peronismo y por los nubarrones han aparecido en el cielo del propio espacio oficialista. El caso Vicentin, la articulación entre poder económico y político, Clarín y la batalla cultural y definir cuál es el tipo de capitalismo al que debemos ir como objetivo estratégico. Un debate estructural mientras se navega por la democracia formal, buscando la normalización económica y pagando la deuda externa.

Publicado en La Tecl@ Eñe

Desde el comienzo de la gestión, el Presidente asumió la decisión de conversar con todos, aunque la emergencia suponía un director de orquesta más distante. Alberto Fernández hace de la lucha contra la hipocresía una causa y no toma en cuenta que los callejones y vericuetos de la política ponen palos en la rueda permanentemente y obliga, a veces, al contragolpe del silencio. El Presidente eligió conversar, virtud de la política, enojarse en el barrio y devolver cada pelota que le llega al arco.

La complejidad del momento nos lleva a cada instante al origen del Frente de Todos y al reparto de los papeles de la obra. La unidad del peronismo, mérito en gran medida del actual Presidente, logró la victoria y ahora hay que gobernar esa diversidad.

Nadie pudo ordenar el ramo de las mil flores desplegadas. Perón se murió cuando intentaba, en mi opinión infructuosamente, encarrilar por el centro el fiel de la balanza política. El frente electoral comprende diferencias cuyas características tenemos que adivinar o interpretar, porque el peronismo no discute nada de nada y remite cada uno a ser exégeta del líder. Ni siquiera el peronismo puede mostrar una reunión como la de Gualeguaychú, realizada por un Partido en franca decadencia. Está claro que hay un costado de centro izquierda dentro del oficialismo, cuyo imaginario genera tensiones con otros que están en otra parte del horizonte ideológico. Las discrepancias sobre el gobierno de Venezuela es uno de los varios ejemplos que muestra las suturas en carne viva. Adoptar una posición intermedia que consiste en reconocer la legitimidad de Maduro, asegurando un cronograma electoral y aceptar que se han violado derechos humanos, resulta inadmisible inclusive para aquellos comunicadores que aprovechan la oportunidad de diálogo presidencial para interpelarlo sin respeto.

Está claro que Vicentin y la palabra del escándalo, expropiación, generaron que la derecha se encrespara, convocando a rescatar del museo al oso del comunismo, atacar la estrategia oficial contra la  pandemia, etc. Pero eso también repercutió en las grietas internas entre retardatarios y apresurados. Algunos sintieron que se capitulaba con la derecha; cuando se avanzaba amenazando el corazón sistémico: la propiedad privada. Más allá de las interpretaciones polares, la realidad es que desde la lucha política, Vicentin debe contabilizarse como una derrota, aunque parcial porque el Gobierno tiene aún margen de acción.

En el oficialismo, gobernar con cierto discurso moderado supone entrar en la línea de tiro de los ajenos y los propios. Los gestos ampulosos y las guerras personales no conducen al cambio que el país necesita, sino a continuar una frustración que tiene mucho tiempo recorrido.

Ya han desfilado un conjunto de tiradores con la camiseta peronista que, en general, reconocen el liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner y la presidencia de Alberto Fernández, dejando flotar la diferencia entre una cosa y la otra. En su gimnasia mediática, Berni llegó a señalar; “Cristina es mi jefa”, hablando del Presidente.

Nos resistimos a analizar la relación personal entre el Presidente y la Vicepresidenta. Ya los medios y la oposición gozan alrededor de construir un culebrón que alienta la imaginación conspirativa. No vamos a considerarlo porque no tenemos información objetiva suficiente. Pero sí, fuera de toda ingenuidad, sabemos que los espacios políticos existen y que la fuerza de los votos mantiene su vigencia; en política nada se regala.

Entre las controversias, se mencionó también el retweet que CFK realizó a un artículo de Alfredo Zaiat publicado en Página 12, lo que indicaba una señal de identificación con su pensamiento. La nota, muy bien escrita, concita objeciones sobre el fundamento de sus afirmaciones. El objetivo principal del artículo es señalar el camino equivocado del Presidente al pretender conseguir un nuevo sistema económico, con el G6. Contraponiendo la imagen de ARCOR (¿un remedo de burguesía nacional?) a la de Techint y a la del Grupo Clarín, porque la primera es una empresa, en buena medida, dedicada a abastecer el mercado interno. El error presidencial, según nos señala el autor, es no comprender la relación entre el poder económico y el político. Señala a dos grupos económicos sobresalientes en nuestro país (Techint y Clarín) como los “que conducen políticamente” a los grupos económicos nacionales. En realidad, Zaiat no nos dice cómo es el mecanismo de relación, causalidades mediante, entre una esfera de poder y la otra.

Hay una simplificación del teatro de la historia, ya que se mencionan a los personajes  pero no la trama. No se hace un análisis de cómo se articulan y trepan al poder político las empresas mencionadas. El capitalismo en la argentina no se agota en tres corporaciones, por más poder que tengan. El régimen económico nacional es mucho más complejo y por una razón de escala no puede equipararse a lo que United Fruit Company (esto no lo dice Zaiat) tuvo en América Central.  El articulista no usa esos nombres como símbolos, sino que les adjudica los atributos reales de poder económico y político, lo que es una concentración irreal. Hay otros sectores que no son mencionados y que tienen un gran peso en la existencia y dinámica capitalista en el país.

Respecto a Clarín en función de la batalla cultural, se omite que el gobierno de Néstor Kirchner prorrogó el 20 de mayo del 2005 por diez años la licencia del Grupo. Y el 8 de diciembre del 2007, Guillermo Moreno firmó la adquisición de Multicanal por parte de Cablevisión. Estos hechos objetivos muestran la desnudez del largo y cambiante camino hacia la soberanía y la desconcentración. Después vendría la malograda ley de medios.

Una tarea inicial pero transformadora, es hacer un diagnóstico exhaustivo sobre el poder económico nacional, internacional y el poder político. Cómo funcionan las estructuras subterráneas del poder fáctico y su incidencia en la cotidianeidad pública. Por supuesto que nos gustaría estar en otra etapa, mundial, regional o local, que en la que estamos. Pero estar en una realidad deseada sin base material ni moral sería caer en la construcción de un imaginario con una gramática tan fuerte como estéril. También falta definir cuál es el tipo de capitalismo al que debemos ir como objetivo estratégico que surge después de la insatisfacción manifestada por el peronismo/kirchnerismo durante años.

Todos esos debates estructurales hay que darlos mientras navegamos por la democracia formal, buscando la normalización económica y pagando la deuda externa. Los gobiernos, también los populares, muchas veces administran la cosa pública sin bajar al sótano de la sala de máquinas que mueve el país. Mientras tanto, a pesar de los enredos, de los enojos cruzados y de las interpelaciones, la mayor energía debería estar puesta en cerrar filas detrás del Presidente, en este momento crucial de nuestra historia.

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