La ciudad como Polo Especulativo

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La venta del Tiro Federal con la excusa de financiar obras en la Villa 31 como una falacia de suma cero. Fachadas que encubren el desmantelamiento de áreas del Estado, negocios inmobiliarios y el molde de una ciudad Cambiemos trazado con bicisendas y Metrobús en la pluma de Horacio González.

“Solo existe la lucha por recobrar lo que se ha perdido / y encontrado y vuelto a perder muchas veces: y ahora en / condiciones que no parecen propicias…”.

T. S. Eliot, East Coker, “Cuatro Cuartetos”.

I

Es habitual escuchar cierto tipo de comparaciones en el macrismo: gastos llamados improductivos en relación a cuantas bicisendas se podrían construir con ellos; pavimentos sin terminar de la “pesada herencia” en relación a cuantas escuelas se hubieran levantado. El macrismo tiene una novedad; sus actos de desmantelamiento de sectores enteros de las políticas públicas, son acompañados por ostensibles esfuerzos en zonas marginales, como el caso de la Villa 31, que aquí trataremos. Son estos casos donde se produce un pensamiento político de balanceo y canje: “con los fondos que genere la venta del Tiro Federal se paga un porcentaje de los trabajos en Villa 31”. Es un razonamiento “suma cero”. Se saca de un lugar lo que se pone en otro. La ecuación no genera un horizonte nuevo, pero en el intercanje, sale aparentemente favorecida una zona para la “integración” versus una zona “ociosa”. Al Tiro Federal van solo una centena de tiradores y su terreno libre es una playa de estacionamiento de Ríver, piensa Rodríguez Larreta. Y ahí señala el esfuerzo por urbanizar la Villa e “integrarla” a la ciudad. Cuando el Jefe de Gobierno de la Ciudad, ensaya esas mismas comparaciones, aparece un elemento de “sensibilidad social” menos habitual en el macrismo, tomado en su amplitud más genérica. Hay en Larreta un ensayo específico, bastante generalizado, de los que ahora escuchamos constantemente llamar con el vocablo “proximidad”. Lo próximo como ilusoria ausencia de la materialidad del existir, el producir, el influir, el distorsionar. ¿Qué es? La mera relación volátil entre personas, una comodidad inconsecuente. Los publicistas también hablan de supermercados de “proximidad”.

Cambiamos Polo Audiovisual por negocio inmobiliario

Es el triunfo de la lateralidad compleja del Vecino –que está muy lejos de una proclama de intimidad- y una anulación de todo el sistema que funda la opacidad real, con la cual durante siglo se expresó y estudió una sociedad. Pero dejemos por ahora eso, que todo habitante de Buenos Aire sabe que se traduce en los constantes llamados telefónicos… “Hola, Soy Horacio Rodríguez Larreta, Y Quisiera Tomar Un Café Con Vos….”.

O fracasan sus llamados, o este hombre se pasa todo el tiempo tomando café con los ciudadanos porteños, lo que sería bastante irresponsable. Pero dijimos que hablaríamos de otra cosa. Precisamente, de lo que él anula, las interposiciones solapadas que caracterizan toda historia, toda sociedad, toda ciudad. Esto le permite pasar de un acto de gobierno a un acto de sensibilidad social como si en el medio no hubieran complejas madejas de ideologías privatistas y cálculos de un supuesto saber no declarado.

Elsztain y Larreta se hacen los buenos

Y aquí nos enfrentamos con la cuestión del “populismo macrista” o del “macri-peronismo”, que como nadie, encarna este perspicaz político que proviene de una familia desarrollista. Toda ciudad es un cuerpo vivo, su presente es una suma de tensiones financieras y de circulación de personas deseos, trabajos, obsesiones y objetos mecánicos. Su memoria también está siempre activa, no descansa, porque solo se gobierna dentro de una memoria, aunque se la desconozca. Incluso, en un comprensible exceso, podría decirse que ese desconocimiento podría ser necesario para un gobierno, para todo gobierno. Pero en el macrismo, esta necesidad que siempre es fisurada por irrupciones diversas del pasado, es obligatoriamente taponada por cuadrillas incesantes de arreglo de veredas y podas de árboles, borramiento de grafittis y otras acciones de “proximidad”. No una de las más conocidas filosofías del ser, que se basa justamente en la idea de proximidad. Es el movimiento en torno a la fachada, concepto al que aludiremos aunque que tiene sus problemas.

Suele considerarse a las fachadas como una pantalla, un ejercicio de encubrimiento o una superficie que no nos lleva a comprender lo que alberga o protege. No discutiremos esta interpretación, que hace de la fachada una impostura. A veces es útil para señalar las consecuencias de acciones como las que emprende el macrismo sobre la ciudad. Obras de tipo cosmético, afeites, retoques y maquillajes que se presentan como alegoría de una vida saludable y una felicidad al alcance de la mano. Una fachada entonces hay que analizarla como una simbología o una semiología que no nos lleva necesariamente a la reproducción de la realidad que subyace soterrada bajo esa ilusión. David Viñas se destacó, entre tantas otras cosas, por mirar la ciudad de Buenos Aires, sobre todo lo que llamó la “Ciudad liberal” de las primeras décadas del siglo XX, como un entrecruce de fachadas destinadas a ocultar las auténticas formas de vida. Era el símil del “encanto burgués” como encubrimiento del sufrimiento social y humano. Pero también en Viñas las fachadas querían decir algo, tenían en sí mismas un conjunto de advertencias cifradas que remitían a la imaginería popular, a los credos más diversos, a los cultos heterodoxos, al dispendio exhibicionista o el gasto inútil de opulencias que llevaban directamente a la fatuidad de una clase social

II

¿Son fachadas de una Ciudad el Metrobús, la Bicisenda, la “integración urbana” de la Villa 31 y el Eco-Parque que habría en el Jardín Zoológico, la elevación ferroviaria de Palermo a Paternal? Para responder esta pregunta hay que pensar en un doble aspecto del concepto de fachada. Por una lado tenemos el ejemplo del puente ferroviario de la calle Bulnes sobre la línea del Sarmiento, de duro hierro abulonado. Típico de la arquitectura ferroviaria inglesa de comienzos del siglo XX. El macrismo lo recubrió de flores. No artificiales, pero parecidos a eso: mini-jardines colgantes sostenidos por pequeños bolsito de tierra. ¿Es una fachada? Pensamos que sí. La bella construcción del puente de hierro, contemporáneo de la torre de Eiffel y otros monumentos al hierro en el cruce del siglo 19 al 20, quieren ser borrados de la memoria urbana y hacerlos víctimas de “design”. Esto viene de lejos pero ahora es metáfora superior del macrismo.

Ahora pasamos por un ficticio corredor floral ocultando la áspera perfección del puente ferroviario, artefacto de mera utilidad que con el tiempo se ha convertido en un indicio histórico de la estética de la ciudad. El poder artístico de la ciudad está en la tensa vinculación del pasado con el presente. Su vigoroso art decó, o art nouveau, o lo que queda de la segunda mitad del siglo XIX, los pasajes de Avenida de Mayo y Rivadavia, el Barolo, simples ejemplos del tesoro arquitectónico histórico y moral de la Urbe. Igual que el edificio de Tiro Federal y el Zoológico, construido antes de que finalizara el siglo XIX con sus edificios alegóricos, cierto que respondiendo a una antigua concepción sobre el ocio naturalista burgués ante lo animales, pero aun así una reliquia fundamental.

Para el macrismo estas cosas no son desconocidas, pero si bien las preservan desganadamente, las ponen en tensión con lo que ellos no pueden dejar de ser: agentes perseverantes de la reproducción urbana por medio de una lógica de la especulación inmobiliaria, sub sección de la especulación financiera. De tal modo, no es cualquier tipo de especulación sino una que tiene diversas graduaciones con la noción de fachada. La llamaremos fachada ideológica. ¿Ideología en el macrismo? ¿Cuidad neoliberal? Sí y no. La ideología a la que aquí nos referimos es la del control urbano a los fines de una razón financiera y el disciplinamiento laboral. En lo específico, garantizando un tipo sutil de coacción para la Ciudad despojada de su aire de libertad, sino sometida a una administración total de la vida, es decir, la renta urbana como distribuidora de los usos de espacios y existencias comunes, laborales o domésticas. He allí la ideología, una plusvalía urbana que como novedad macrista incluye graduaciones de fachadas, o dicho de otra manera, un ramillete de pretextos cuyo modelo central reza: se construye una nueva ciudad para la circulación de mercancías y se justifica todo eso con un discurso sobre espacios verdes, metros cuadrados de felicidad, ahorro de tiempo en el viaje por Metrobús, y venta de propiedad públicas que antes no eran supuestamente conocidas. Sí lo eran; puede ser que haya habido alguna incerteza sobre qué hacer con ellas, pero principalmente se las preservaba como patrimonio del común, y no cómo inversiones privadas del Estado bajo el nombre de remates de predios para financiar la placidez felicidad cívica.

Los Larreta sean unidos 

Este es un tema delicado e importa. ¿Es el Metrobús una fachada? Nuevamente, sí y no. Por un lado, no es posible discutir su carácter de un medio de transporte que “ahorra tiempo de traslado”, lo que dicho así no es cuestionable pero convierte a la Ciudad en un valor de cambio. La circulación como canje de tiempo por coerción urbana. Y por otro lado, junto a su lógica de conectividad, otra lógica de descuartizamiento de las relaciones inter-barriales e inter-comerciales de la pequeña y compleja vivencialidad de Buenos Aires. Pues la colocación de estaciones en cada tramo del trayecto, hacen depender la ciudad de las vías circulatorias fijas, al modo de puestos de peaje, y no de la circulación de la red urbana en su propia peculiaridad de reciprocidades. Incluso con el horizonte paisajístico urbano de por medio, al que violentan con entusiasta agresividad. El Metrobús compite con el Obelisco, fruto de una racionalización de los años 30, que demoró varías décadas en ser integrada el cuerpo narrativo de la Ciudad.

En ese sentido, la ciudad macrista es una “fachada” de ámbitos que se superponen, como la especulación inmobiliaria o la restructuración de los barrios, e influye en operaciones políticas sobre desmembramientos de regiones administrativas en el conurbano. Y yendo mucho más allá en la imaginación de trasnoche, el Metrobús podría extenderse desde el conurbano hacia el resto de la provincia, repitiendo una suerte de campaña del desierto con colectivos serializados, reordenamientos territoriales, poblacionales y políticos. Desde el punto de vista de una estética urbana, no es lo mismo en la avenida Juan B. Justo que en Avenida 9 de Julio. A la primera puede estimularla, no a si a la segunda, a la que le quita su espacialidad originaria, la deteriora como paseo público y simbolismo urbano.

Será un golpe de gracia al ferrocarril, que en su momento cumplió el papel que ahora tiene el Metrobús, pero fundando pueblos lejanos y estableciendo redes de vinculación territorial, poblacional e interhumana. El soterramiento del Sarmiento, así encarado, puede ser una forma de dominio financiero sobre la expansión de la urbe hacia el Oeste, haciendo nuevos trazados en el territorio y expandiendo el control del poder central (que subyace en poderes comunicacionales, financieros y policiales). El subterráneo no agotó su eficacia en la Ciudad, aunque es cierto que si los viajes de Metrobús nos hacen “ahorrar tiempo”, también nos permiten la experiencia ocular del vértigo de la Pólis. Es inigualable el ómnibus frente al viaje en las profundidades de la tierra. No obstante, en el viejo trazado del Subte de la Capital, se percibe cierto encanto que los racionalizadores urbanos se empeñan en desplazar. Eliminando crudamente cierto “anacronismo” útil que tenía el subterráneo, canjean una supuesta comodidad por la señal de la Razón Transportadora.

En una importante entrevista en la Revista Crisis, dice Rodríguez Larreta sobre los terrenos del Tiro Federal (tema que tomamos como ejemplo de otras situaciones que se multiplican a diario). “Creo que es mucho mejor que el 40 % de ese predio se convierta en espacio público, libre y gratuito. Y los fondos que genere su venta van a contribuir a desarrollar la villa 31. Además va a generar un polo de investigación que aporta empleo, en coordinación con la UBA, integrando ese espacio a la Ciudad Universitaria, un lugar que está hoy muy aislado. Es toda ganancia”. En una sola frase, todo un soterramiento de intenciones.

Pues bien, de acuerdo con la urbanización integradora –fuerte experiencia demorada en la Villa 31, que como otras tantas tiene un imaginativo perfil arquitectónico sumergido en el hacinamiento, en la falta de servicios y la lógica de las más diversas carencias y entramados de identidades, economías y legalidades. Pero aquí está esbozado el trueque para la “ganancia”. El lenguaje del “polo de investigación”, de “terminar con el aislamiento” –que será bueno según como se haga, pues ciertas peculiaridades son defensivas contra la invasiva especulación sobre la renta territorial. Y eso nos faculta para investigar esta idea profunda del quid pro quo, no hacer “algo” sino es por “algo”. El primer algoritmo es la concepción de la ciudad de la felicidad mecanizada y policiada por gendarmes financieros, con un ojo en la legislatura y en las disposiciones amistosas del Jefe de Gobierno. La otra es la “sensibilidad humana” construida bajo largos ecos del “repudiado” populismo. La entrevista a Larreta puede leerse, como dijimos, en la Revista Crisis: esta nueva versión de esa clásica publicación, indaga en el corazón de la vida política y el lenguaje de los poderes, ejerciendo una curiosidad intelectual incisiva, un esmero crítico que no termina de decidir qué es el poder, en medio de un estilo que lo cuestiona y otro que lo sigue desde su interior y que acaso lo fascina. Un periodismo sociocrítico de inmanente factura literaria que reitera en entrevistas ejemplares, la vieja vocación por la literatura de nombres explícitos que era lo central de la revista en la época de Vogelius y Zito Lema.

III

En el macrismo, entonces, todo ocurre como si los espacios verdes, el buen vivir, el tener servicios amigables, el rasqueteo en las paredes de las leyendas políticas, la limpieza “suiza” de las calles, las veredas en permanente arreglos bajo la lejana inspiración del Barón Haussman taladrando la Avenida de la Ópera, todo eso, fuera la plataforma sigilosa para convertir a la Ciudad en un Polo Especulativo. Esta utopía que combina desiguales dosis de “progresismo-reaccionario” es su máscara. No obstante, no es un sistema de equilibrio entre la especulación y la sensibilidad. En realidad se trata de un sistema de trasvasamiento que con la postulación de “urbanismo social”, encuentra una serie de tácticas “ecologistas” para asentarse como un cuadro expoliatorio, que este sí, exige “empleos de calidad”. La Villa 31 sirve para transvasar el Paseo del Bajo, que son como las Lebacs, hacia el modelo semántico de toda la reproducción en materia de la rentabilidad ideológica de la Ciudad.

El Paseo del Bajo se tornará un tremendo corredor urbano de la globalización de Buenos Aires –una incisión más problemática que el “design” que aturulla el barrio de Palermo y lo aprisiona o deforma. Este “Paseo” se “justifica” por la invocación a espacios verdes que “gana la ciudad”. Pura ganancia, en la voz victoriosa de Larreta. Cierto: son espacios verdes que recubren superficialmente el cemento, un espacio ilusorio, una fachada ecológica o como se llame. Es la misma que recubre vistosamente las operaciones de Le mani sulla cittá, gran film de Francesco Rosi –años 60-, que denuncia la alianza entre especulación financiera, edilicia y política local. Eso en Roma. En la “Ciudad Autónoma de Roma”. En la nuestra, nada diferente ocurre, y en el lenguaje del urbanista macrista, o del macro-urbanista, sigue sonando la frase electoral “Estará Bueno Buenos Aires”, un juego de palabras, pero que también se introduce en la lengua común, reemplazando el “estará bien”, por el cancherísimo “estará bueno”, ambiguo forzamiento de la lengua y código entre traficantes de especulación de metros cuadrados macizos a cambio de ilusorios “espacios verdes”.

Pero más que esos verdes que tienen pocos centímetros abajo el cemento inhóspito, está en juego una llamada Ciudad de Polos. Es cierto que estos “polos” –no llamados nunca así en la clásica concepción de la ciudad abierta y democrática-, se formaban espontáneamente, homogeneizando ciertas zonas. Las calles de las joyerías, de los cines, de los teatros, de los repuestos de automóviles, de los electrodomésticos, de las pizzerías. Ahora, polos tecnológicos, inmobiliarios, audiovisuales. El kirchnerismo, como se sabe, lo intentó con la Isla Demarchi, y su proyecto, cuestionado por el sindicato de dragado que tenía allí sus barcazas, fue reemplazado ahora por un Polo Inmobiliario. Si la medida anterior ofrecía dificultades en su emplazamiento y no contaba con suficientes discusiones en torno al problema urbano, ésta agrava la situación y arroja un lánguida verdad: para el macrismo, la ciudad es concebida como una forma de plusvalía capitalista inmobiliaria; finalmente, encuentra su pretexto “populista” en la urbanización de las Villas. Con un lenguaje calcado del anterior período gubernamental, se habla de urbanización con integración. Dos cosas aquí: se debería haber avanzado más en aquel período, pero este encuentra un lenguaje “atractivo” para su fantasmagoría urbana.

Si se lo escucha a Larreta, dice cosas que revelan que ha pensado la figura del macrismo como un capitalismo urbano pretextual. Dice que desde Callao y Libertador hay cien metros hacia la villa 31, pero en territorio real los chicos tienen que ir a la escuela haciendo rodeos, saltando zanjas, etc. “Trescientos metros”. La distancia, vista así, es un pretexto. También aquí “ahorrar tiempo” a cambio de alisar el terreno para operaciones complejas, un tiempo de otra índole, el tiempo financiero. El macrismo-larretismo –digamos así-, compone su ideario citadino con una mezcla de disolución de las zonificaciones espontáneas en la vida popular, y una estamentalización drástica. Esta última acontece en el “polo” de la financiarización urbana. Los mentados “Polos”.

En cuanto a la primera observación de Larreta sobre las “distancias” de la mirada, debemos decir que no es necesariamente contradecible. Porque precisamente hace de la ciudad un contraste entre la mirada directa y el modo en que el territorio la espacializa. Esto último no se tiene en cuenta como singularidad o excepcionalidad, pues la mirada se esgrime solo como un racionalismo lineal urbano, con la regleta del “ingeniero vial”. La reflexión a realizarse en este caso es que en el marco del gobierno anterior pudo haberse adelantado este proyecto de urbanización restitutiva, con ingenieros y arquitectos poseedores de visiones de unidad en la diversidad urbana. Se habían dado pasos evidentes en ese sentido, pero sin decisiones contundentes. No es que las de ahora lo sean, pero unen la capacidad catastral que es del orden nacional, con la idea que antes no estaba a disposición del gobierno de la Ciudad, lo que se combina de inmediato con el subterfugio de la “sensibilidad” para ejercer el dominio material y simbólico sobre la ciudad.

¿Cuánto rinde este populismo táctico medido en unidades simbólicas “duránbarba”? La foto de la calle central de Villa 31 con techitos de lona muy vistosos y el anuncio de la instalación cloacal, ¿cuántos terrenos de la entidad estatal de bienes públicos permite entregar a la especulación? Cuando critican que antes no había un inventario de todos estos bienes inmuebles públicos… puede ser como no puede ser. Pero lo cierto es que había una clara conciencia de que eran bienes públicos y había proyectos para ellos, además de que no se entregaban al botín de la especulación financiera. Es lo que ocurre ahora.

Hay un mixto de “populismo” y de “el buen vivir”. Pero el aire que respiramos es el de Le mani sulla cittá. Y además, todo se halla contenido en la lucha contra el “pasado”. ¡Qué pobreza de consigna! ¿Cuándo no hay pasado? Nunca; es el cimiento diluido en el presente y el futuro; sin aquel, estos no existen. “Solo existe la lucha por recobrar lo que se ha perdido / y encontrado y vuelto a perder muchas veces: y ahora en / condiciones que no parecen propicias”.

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Horacio González

Horacio González

Horacio Luis González (Buenos Aires, 1944), sociólogo, docente, investigador ensayista argentino. Nació en Buenos Aires en 1944. Es profesor de Teoría Estética, de Pensamiento Social Latinoamericano, Pensamiento Político Argentino y dicta clases en varias universidades nacionales, entre ellas las de la ciudad de La Plata y Rosario. Entre 2005 y 2015, se desempeñó como director de la Biblioteca Nacional.

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