¿Cuál es la eficacia de la economía en la orientación del voto?

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En esta nota Artemio López pone en cuestión tanto el planteo de la eficacia de la economía al momento de votar como el abuso de esta eficacia en una dimensión que denomina como “pronóstico catastrófico”.

Publicado en La Tecl@ Eñe

Esta pregunta surgió con particular intensidad tras conocerse los resultados de relativa paridad en la elección bonaerense, una vez superada la manipulación informativa para comunicar el resultado – un fraude en la comunicación inédito en democracia – por parte del gobierno nacional.

El triunfo de Unidad Ciudadana en la provincia de Buenos Aires resultó más estrecho que lo que la mayoría de los encuestadores pronosticaban y analistas suponían en las semanas e incluso días previos a la elección.

Los que mejor sintetizaron este desencuentro, caracterizado como sesgo circular materializado en una desviación economicista, fueron los investigadores Mariana Bonazzi, Cecilia Ferraudi Curto, Martina Moriconi y Pablo Semán en su trabajo “La Matanza sin lugar para arrepentidos” publicado originalmente en Revista Anfibia, donde afirmaban:

La generalización que alcanzaron las expectativas de un contundente voto opositor entre actores que van más allá de los partidarios de Unidad Ciudadana muestra las conexiones entre los razonamientos políticos internos a esta formación política y los que se hacen presentes en el círculo rojo entendido como el círculo de los que consumen información política y abarca políticos, analistas y figuras públicas de ambos lados de la grieta.

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A puntos de vista tan distantes y encontrados parece subyacerles un acuerdo basado sobre todo en un modo de la lectura economicista: si el gobierno no logra hacer funcionar la economía en términos de ampliar el consumo y el empleo, su estrella se apagará y sobrevendrá el caos, bajo las formas de la erosión electoral o, incluso, de la reedición de las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001(1)

Efectivamente, los pronósticos dominantes de un relativamente holgado triunfo opositor, estaban sostenidos en la capacidad operativa que sobre la práctica electoral reconoce la situación socioeconómica, que a su vez se suponía (a nuestro juicio con razón) notablemente empeorada respecto a la observada en diciembre del año 2015 al momento de cambio de gobierno y régimen de acumulación.

El deterioro fundamental lo asignaba la oposición, y muy certeramente, al crecimiento del desempleo que pasó del 5,9% al 9,2% al momento de votar (50% de aumento en la tasa en solo 20 meses), drástica caída del consumo doméstico y en general fuerte declive en los indicadores asociados al poder adquisitivo del salario que – para economistas del EPPA, el ITE de la Fundación Germán Abdala y el Observatorio de la CGT – había perdido en promedio en términos reales 7 pp. en el lapso comprendido entre el día que asumiera Mauricio Macri hasta el momento de votar en las PASO.

Sin embargo, el triunfo de Unidad Ciudadana por 20.000 votos sobre Cambiemos en la emblemática provincia de Buenos Aires, distrito que concentra el 38% del electorado y todas las condiciones socioeconómicas sobre su vasta población, puso en controversia la eficacia de las restricciones económicas a la hora de emitir el voto.

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En esta nota queremos poner brevemente en cuestión y a modo de discusión abierta, tanto el cuestionamiento radical de la eficacia de la economía al momento de votar, como advertir del abuso de esta eficacia en una dimensión que denominaremos provisoriamente y a falta de mejor nombre, como “pronóstico catastrófico”.

Para sustentar la eficacia de la economía a la hora de orientar el voto, digamos que en principio Unidad Ciudadana, una opción electoral fundada por Cristina Kirchner dos meses antes de las PASO – tanto en solitario como encabezando el sistema de alianzas territoriales – fue opción preferencial, ganó, en los distritos que componen sumados el 50% del padrón electoral nacional: Buenos Aires, Santa Fe, Chubut, Rio Negro y Tierra del Fuego.

Por otra parte a nivel nacional Cambiemos obtuvo el 35,7% de los votos, lo que constituye la tercer peor elección de renovación de medio mandato desde la recuperación democrática, luego de las de octubre del año 2001 cuando la Alianza obtuvo el 23,7% a nivel nacional y la elección de octubre del año 2009, cuando el FpV accedió al 34% de los votos nacionales.

Muy lejos está la elección de la “ola amarilla” que el sistema de medios oficialistas y su coro multitudinario de analistas y opinadores de ocasión adjudicara al triunfo nacional de Cambiemos.

Sin embargo, es también real que por parte de la oposición en general, se sobreestimó el impacto de las condiciones económicas sobre la orientación del voto. Y en este punto queremos detenernos brevemente.

En rigor, el deterioro efectivo en las condiciones materiales de existencia de amplias franjas de la población sin duda existió, y fue operativo sobre la orientación del voto decisivamente a punto que el 64,3% de los votantes a nivel nacional optó por oponerse al oficialismo en las PASO.

Sin embargo, tanto a nivel nacional como específicamente en provincia de Buenos Aires, la magnitud que tuvo el impacto electoral del deterioro socioeconómico, no resultó tan profundo como se esperaba, como lo señalaron los investigadores Bonazzi, Curto, Moriconi y Semán en el ya citado estudio.

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Ahora bien, a nuestro juicio lo que efectivamente falló, la dimensión que no satisfizo los pronósticos ni análisis previos fue aquello que denominamos “pronostico catastrófico”, esto es, la advertencia del daño que aún no visible sin embargo sobrevendría, advertencia basada en la experiencia anterior. Este pronóstico es el que, según creemos, no funcionó al menos en la extensión prevista.

Las dimensiones para ensayar una explicación de este desacople obviamente son múltiples. La experiencia indica que en nuestro país, al menos desde mediados de la década de los años 70, en cuanto al modelo socioeconómico dominante y sus consecuencias, casi todo ha pasado antes y casi todo va a volver a pasar, aunque los problemas se manifiesten de diferentes formas. Y que nadie recordará lo sucedido y mucho menos memoria habrá cuando se trata de procesos socio económicos y comportamiento financieros.

Al respecto, el economista canadiense J K Galbraith, tan agraviado por los neoliberales por mostrar que el rey estaba desnudo, escribió en su Breve historia de la euforia financiera, que la memoria da síntomas de fragilidad extrema cuando se trata de asuntos económicos y financieros.

Señala Galbraith:  “En consecuencia, el desastre se olvida rápidamente. Cuando vuelven a darse las mismas circunstancias u otras muy parecidas, a veces con pocos años de diferencia, aquéllas son saludadas por una nueva generación a menudo plena de juventud, y siempre con una enorme confianza en sí misma, como un descubrimiento innovador en el mundo financiero y, más ampliamente, en el económico.
Debe haber pocos ámbitos de la actividad humana en los que la historia cuente tan poco como en el campo de las finanzas.

La experiencia pasada, en la medida que forma parte de la memoria de todos, es relegada a la condición de primitivo refugio para aquellos que carecen de la visión necesaria para apreciar las increíbles maravillas del presente” (2).

Efectivamente, la tesis del economista canadiense se verificó de manera plena al observar los límites notables de la eficacia que el “pronóstico catastrófico” basado en “la experiencia anterior”, tuvo a la hora de orientar el voto para amplios segmentos ciudadanos, incluidas extensas franjas de electores, en particular los de clase media baja y baja, víctimas principalísimas de la catástrofe socioeconómica anunciada.

Así las cosas, y en una perspectiva general, la determinación económica pareciera operar plenamente al momento de orientar el voto cuando efectivamente se materializa, se realiza ahora ya, el deterioro de las condiciones materiales de existencia, y esta operatividad se observó en el resultado de la elección de agosto pasado.

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En contrario sensu, la memoria pasada no es operativa o no lo es al menos en la dimensión profunda asignada por el discurso basado en el mecanismo de “pronóstico catastrófico” y eso explica en parte la estrechez del triunfo opositor bonaerense y el gap notable entre lo esperado por los pronósticos, analistas y dirigentes opositores y lo efectivamente sucedido en las PASO a nivel nacional en general, y en la elección bonaerense más específicamente.

Resolver este desajuste entre discurso y práctica electoral es un gran desafío para la oposición política. Se trata de ganar efectividad al momento de construir una alternativa electoral exitosa al modelo de concentración del ingreso y exclusión social creciente que lleva adelante el gobierno nacional con una aceleración y profundidad inédita desde la recuperación democrática.


Artemio López es analista político. Director de Consultora Equis.

Notas:
 (1) “La Matanza, sin lugar para arrepentidos”:  Mariana Bonazzi, Cecilia Ferraudi Curto, Martina Moriconi y Pablo Semán. Revista Anfibia, año 2017.
(2) “Breve historia de la euforia financiera”: John Kenneth Galbraith. Editorial Ariel, año 1991.

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