La elección que se viene

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Faltan pocos meses para que se devele la gran incógnita electoral de 2019: quién ocupará la Presidencia de la Nación durante los 4 próximos años. Antes de realizar pronósticos, preferimos trazar un estado de la situación actual y delinear posibles escenarios a futuro.

Foto: Joaquin Salguero

Publicado originalmente en El País Digital

La economía. Se discute mucho sobre lo que puede ocurrir en materia económica durante 2019. Creemos, sin embargo, que hay en esencia dos grandes escenarios. El primero de ellos es el signado por una nueva tormenta cambiaria, para usar el léxico gubernamental. Es decir, que se produzca una nueva alteración en el tipo de cambio que reimpulse un nuevo ciclo de devaluación-inflación-ajuste-recesión. El segundo escenario, que difunde con ahínco el gobierno, es un poco más optimista: supone que la economía comenzará a dar signos de reanimación a partir del segundo trimestre, al compás de una progresiva baja de la inflación y de una recuperación del poder adquisitivo. En definitiva, las proyecciones macro económicas no son nada venturosas para el gobierno, oscilando dentro de una grisácea escala acromática, en la que el negro -señal de crisis- es una de las dos opciones.

¿No importa la economía? Con este negativo panorama económico, sumado a las chances que aun mantiene el macrismo de ganar las elecciones presidenciales y con el antecedente inmediato de 2017, ha cobrado fuerza la idea según la cual “la gente ya no se vota con el bolsillo”. Se trataría de un cambio de relevancia: la economía quedaría desplazada por otras variables (ideológicas, culturales) para explicar el comportamiento electoral.

Esta tesis aún espera validación empírica. Es que, en 2017, cabe recordar, el gobierno dejó de lado su tradicional recetario ortodoxo para aplicar una serie de medidas de estímulo a la demanda y al consumo popular. Fue un breve paréntesis “populista”, que concluyó inmediatamente después de las elecciones.

Votos a punta de pistola

Por otra parte, dentro del electorado macrista seguramente hay muchos interesados en la marcha de la economía. Lo que puede suceder, simplemente, es que adhieren a la visión oficial sobre las causas del mal desempeño actual, que podrían sintetizarse en el lema de “la pesada herencia”, o en términos más recientes, “los 70 años de fiesta peronista”. En ese sentido, cabe señalar que el gobierno y los medios masivos de comunicación, cuando ponen en primer plano la corrupción kirchnerista, no buscan meramente “tapar” la crisis económica. Están ofreciendo una explicación de la crisis misma. Y parte de su electorado fiel, probablemente, la asuma como propia.

¿Qué peso tiene el núcleo duro macrista? Se puede establecer un cálculo general: hay aproximadamente unas ocho millones y medio de personas (el 34% obtenido en la primera vuelta por Macri) que votaron a Cambiemos, a nivel nacional, un total de 5 veces: 3 veces en 2015 y 2 veces en 2017. Este núcleo duro, con toda probabilidad, vuelva a dar fe de su credo en 2019, salvo algún cataclismo inesperado. En el otro extremo, y siempre hablando de lo ocurrido a nivel nacional, hay ciudadanos que optaron una sola vez a Cambiemos, en el balotaje 2015, y ya en 2017 mostraron su disconformidad eligiendo otras opciones. Este sector, difícil de cuantificar (solo para hacer una gruesa estimación, se calcula que alrededor de 7 de cada 10 de los más de 5 millones de votos que obtuvo Massa en la primera vuelta en 2015 eligieron a Cambiemos en el balotaje), dados los dos escenarios económicos delineados anteriormente, probablemente, en su gran mayoría no vuelva a elegir a Macri este año.

¿Son los oficialismos los que pierden y ganan las elecciones? Recientemente, Mario Riorda expuso una tesis original: hasta 1999, sostuvo, cuando se rompió el sistema de partidos, la variable electoral independiente era cómo le iba al gobierno de turno; hoy en día, en cambio, la variable independiente es la articulación filo-peronista. Traducido a la praxis oficialista: el esfuerzo debe estar centrado en mantener unido el espacio no peronista (o, mejor dicho, el anti-peronismo), alimentando al mismo tiempo las divergencias dentro del campo rival.

Cambiemos y la voracidad por los datos personales

Esta estrategia es posible evaluarla de dos formas. Una mirada de corto plazo debe reconocer que puede ser efectiva: Cambiemos, resulta evidente, se encuentra en condiciones de ganar las elecciones, sostenido centralmente en su núcleo duro que, como fuera demostrado numéricamente líneas arriba, no es tan reducido como a priori puede pensarse.Por otra parte, cabe la pregunta, ¿tiene margen para diseñar otra estrategia, en un contexto económico tan negativo, y con tantas restricciones fiscales, presupuestarias, crediticias?

Esta última pregunta se enlaza con la mirada más a largo plazo que sirve también para evaluar la estrategia electoral gubernamental. Mucho se ha discutido, desde 2015, sobre la naturaleza de Cambiemos y las razones de su predominio electoral. Mientras que algunos enfatizaron que se trataba de una fuerza verdaderamente novedosa cuya clave de éxito residía en haber captado buena parte del electorado tradicionalmente peronista (se repitió mucho el concepto de hegemonía para resaltar la inserción macrista en los sectores populares), otros sostuvieron en cambio que el gran logro de Macri consistió básicamente en terminar con la orfandad del espacio no peronista iniciada en 2001 tras la debacle radical de 2001 (tesis expuesta por Juan Carlos Torre).

Todo parece indicar que, al completarse los cuatro años de Cambiemos al frente del Ejecutivo Nacional, la segunda de las hipótesis encontrará mayor sustento empírico. En tal sentido, aún logrando la reelección, cabe preguntarse: ¿tendrá la fuerza necesaria para cumplir su aspiración de transformar los cimientos económicos y sociales de la Argentina? ¿No habrá perdido una oportunidad histórica en estos primeros cuatro años para penetrar en los sectores populares y disputarle al peronismo ese sitial? En definitiva, ¿alcanza con ganar la próxima elección?

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