La Fiesta y la historia

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Según el nuevo teórico de la historia contemporánea argentina, nos hallamos con una teoría que considera que toda elevación del nivel de vida de la población fue una fiesta irresponsable. El nuevo teórico se atribuye todo el mérito del avance colonialista sin precedentes que lleva a cabo, pero oculta que ese esfuerzo es favorecido por la eclosión plena del totalitarismo financiero mundial.

Publicado en La [email protected] Eñe

La historia es una ciencia a la que muchas personas dedican su vida. Cuando el investigador se dedica a la historia contemporánea, uno de los problemas de difícil solución es el de los límites temporales. Entre nosotros se acaba de exponer una teoría de la historia contemporánea argentina bastante original, especialmente porque ningún otro teórico mostró mayor capacidad de síntesis.

Según esta teoría, nuestra historia contemporánea tendría 73 años, de los cuales los primeros setenta habrían consistido en una fiesta, que terminó hace tres años, lo que según el historiador que la enuncia sería un plazo muy breve para colocar en su lugar lo que la fiesta desacomodó.

La extraordinaria capacidad de síntesis del teórico le lleva a evitar mayores desarrollos, por lo que su enunciado debe ser casi entendido como una premisa, de la cual deducir los criterios a que responde su particular teoría. Esto suele suceder con todos los grandes teóricos, razón por la cual deben ser interpretados.

Si bien no todos los argentinos actuales han vivido en totalidad esos años (faltan unos cuantos sin aviso), todos conocen la historia, al menos por tradición oral. De toda forma, esta teoría motivará muchas reflexiones tanto en los sobrevivientes de toda la supuesta fiesta como en los que sólo estuvieron en parte de ella.

El criterio delimitador de lo contemporáneo debe deducirse con método matemático: 2018 menos tres es igual a 2015; 2015 menos setenta, es igual a 1945. Nos atrevemos a decir que para esta teoría lo contemporáneo comenzó el 17 de octubre de 1945.

Cabe advertir que este teórico de la historia no se refiere a una fiesta en la forma positiva de festejo, celebración, alegría, sino que emplea la expresión en sentido negativo, como derroche, desorden, falta de seriedad, irresponsabilidad, borrachera.

Hasta aquí la nueva teoría de la historia contemporánea de los argentinos no sería muy novedosa, porque se inscribe como una más dentro de la categoría de historias gorilas de la Argentina.

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Otro de los problemas difíciles de superar en la historia contemporánea es que siempre se halla muy influida por la subjetividad del investigadorTratándose de una historia gorila, como es lógico, la subjetividad gorila del teórico es posible que le haya hecho vivenciar esos setenta años –o la parte que vivió- como una fiesta en sentido negativopero no todos los argentinos hemos tenido la misma vivencia ni mucho menos.

Hace setenta años quien escribe estaba comenzando a aprender a leer y escribir en la escuela pública del barrio, junto a los hijos de los trabajadores de la zona y a algunos de los hijos de inmigrantes que habían huido de la Europa devastada. Hay muchos recuerdos festivos de ese tiempo, pero no en el sentido negativo del novel teorizador de la historia nacional, sino en el positivo de verdadera vivencia de alegría.

Pero del corte histórico de esta teoría de la historia contemporánea argentina se debe deducir también que antes de 1945 no había fiesta en sentido negativo, sino que todo sería lo contrario de una fiesta, es decir, que todo habría sido serio.

Por ende, tendríamos que considerar que lo serio era el gobierno de Castillo, que había tratado por todos los medios de evitar que Ortíz pudiese reasumir la presidencia. Ortiz había intervenido la provincia de Buenos Aires por negarse a encubrir el escandaloso fraude electoral conservador y, por las dudas, prohibieron que lo atendiese un famoso oftalmólogo español, ante el temor de que le devolviera la visión. También habrá sido seria la imposición de la candidatura presidencial de Patrón Costas, pues ni siquiera toleraron la de Rodolfo Moreno (h). Toda esa seriedad provocó el golpe de 1943.

Habrían sido serios también los años treinta, la prisión de Yrigoyen en Martín García, la proscripción del radicalismo, los relegados radicales en Ushuaia, la anulación de la elección de Pueyrredón-Guido, el asesinato de Bardabehre, el tratado Roca-Runciman, el suicidio de Lisandro de la Torre, la acordada de la Corte Suprema en 1930, etc.

Pero si antes todo fue serio, también habría que poner en la cuenta de la seriedad que la Argentina supuestamente se proyectaba como potencia al mundo en el primer centenario, tal como suele hacerlo La Nación, incluyendo a sus jefes de policía asesinando trabajadores y al fraude electoral anterior a la ley Sáenz Peña, la Liga Patriótica, etc., aunque habría habido cierto antecedente festivo que, sin duda sería don Hipólito, al que le puso fin Uriburu con sus ideas corporativistas y su ley marcial.

Pero la verdadera fiesta, para nuestro nuevo teorizador, habría comenzado cuando a un coronel se le ocurrió dialogar con los sindicatos, quisieron eliminarlo del mapa político, lo llevaron también a Martín García y pasaron masivamente el Riachuelo quienes lo rescataron. Ese día se produciría el corte gorilade nuestra contemporaneidad histórica.

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Sin duda que, de inmediato, la seriedad argentina reaccionó y se juntó toda en la Unión Democrática, desde la derecha hasta la izquierda, todos alucinando ser los aliados en lucha contra el eje y, aunque estaban en el extremo sur del mundo, creían desembarcar en Normandía encabezados por el embajador norteamericano. Desde esta teoría gorila de nuestra historia, con Braden a la cabeza, estos alucinados eran los serios y Perón el iniciador de la fiesta.

Esa fiesta parece haber tenido de todo: viva el cáncer debe haber sido una mera consigna ocasional, los fuegos artificiales en la Plaza de Mayo con algunos centenares de muertos, serían fruto de un simple accidente pirotécnico, casi llegan a volar la destilería de La Plata en el entusiasmo celebratorio. Y también, como parte de la fiesta, fusilaron por delitos políticos en 1956, derogaron una Constitución por bando militar, hubo miles de presos y exiliados, el partido mayoritario fue proscripto, expidieron el inaudito decreto 4161, convocaron a una constituyente sin Congreso, asediaron con tentativas de golpes de Estado a Frondizi, anularon las elecciones de 1962, mandaron al presidente a Martín García (desde entonces es la isla YPF), convocaron a otra elección con el partido mayoritario proscripto, derrocaron al nuevo presidente (Illia), se instaló la llamada Revolución Argentina con aires franquistas, y así siguió la fiesta con la alternativa del período peronista hasta la dictadura cívico-militar de 1976-1983, cuyas atrocidades hicieron empalidecer a todas las anteriores.

Todo esto es parte de la fiesta según la vivencia un tanto demasiado cargada de subjetividad gorila por parte del novísimo teórico. Pero como éste piensa en grande, pasa por alto esas nimiedades o detalles menores y, justamente eso hace que su teorización resulte original en comparación con las otras historiografías gorilas. Realmente, supera a La Nación en mucho.

La originalidad consiste en que no salva a nadie de esa fiesta, ni siquiera a la gente que debiera considerar seria, como Prebisch, Alzogaray, Krieger Vasena, Rodrigo, Martínez de Hoz y Cavallo. Según la nueva teoría, ellos fueron parte de la fiesta.

Debemos prestar especial atención a esta característica de la nueva teoría de nuestra historia contemporánea: los serios de ese período, también deben ser considerados parte de la fiesta.

Veamos la importancia de esta inclusión, porque es la primera vez que en una historia confesamente gorila, se coloca a sus predecesores serios en el mismo festival del peronismo, al afirmar que la fiesta recién termina en 2015.

Cabe pensar que para nuestro nuevo teórico, esos personajes no estuvieron a la altura de las circunstancias, por lo que deben ser considerados parte de la fiesta, dado que no se animaron a hacer todo lo necesario para pararla. Sólo en los últimos tres años, con el teórico historiador a la cabeza, se vuelve a la seriedad sin vueltas. Lo que esos personajes no se animaron a hacer, lo está haciendo en realidad nuestro teórico que también se considera protagonista de la historia y no sólo historiador: no se limita a hablarnos de la historia, sino que también la hace.

Su ministro completa esta versión al afirmar que nadie antes se había animado a hacer semejante ajuste sin que lo echen, únicamente ellos son los que llegaron para parar en serio la fiesta e impedir que vuelva a reiniciarse.

El teórico se ufana con cierta razón, porque en los setenta años que abarca su valoración científica de nuestra historia (1945-2015) hubo momentos en que se amplió la base de ciudadanía real, el pueblo vivió mejor, hubo empleo, producción, salud, vivienda, seguridad social, etc., aunque no toda la deseada, pero la hubo y, desde su punto de vista, todo eso fue fiesta. Pero también hubo etapas de retroceso que, para nuestro teórico fueron insuficientes: no alcanzó con el Plan Prebisch y sus sucesores, todos ellos, desde su actual perspectiva teórica, fueron ineficaces, pese a los miles de muertos que quedaron por el camino. Por eso los humilla en su teoría, considerándolos parte de la fiesta.

En algún sentido es verdad que la Argentina perdió durante setenta años la oportunidad de ser una colonia y ahora, es al actual régimen al que le incumbe llevar a cabo por completo esa tarea, que no puede concretar del todo en tres años, porque es muy poco tiempo para volvernos plenamente una colonia. Para eso es necesario llegar al fondo, borrar hasta la memoria de los próceres, razón por la que empieza a cambiarlos por animalitos en peligro de extinción, justamente como parte del desastre que impulsa.

También es verdad que nadie hizo en tan poco tiempo un esfuerzo tan grande como esta administración, producto de un abrupto cambio de régimen, para dejarnos en posición subordinada en el mundo. Nadie en tan poco tiempo nos comprometió el futuro con una deuda sideral y, cuando se le agotó el mercado, acudió al FMI. Menos de tres años para empobrecernos y comprometernos con una deuda de más de 230.000 millones de dólares, es una tarea bien intensa en favor del totalitarismo financiero tardocolonial que estamos sufriendo.

Pero nuestro flamante teórico de nuestra historia contemporánea exagera bastante sus propios méritos, porque oculta que lo ayuda el marco de poder mundial. Cuando le tocó actuar a los predecesores que ahora humilla, dejándolos reducidos a partícipes de la fiesta en sentido negativo, el poder de las transnacionales aún no había cooptado del todo la política en los países del hemisferio norte; el capitalismo financiero no había sometido del todo al productivo; algo mandaban aún los políticos, no habían cedido todavía todo su poder a los gerentes de transnacionales, la riqueza no se había concentrado tanto como ahora, el totalitarismo financiero de nuestros días no había llegado al apogeo en que lo encuentra el teórico, que surfea sobre su ola.

En síntesis: nos hallamos con una teoría gorila de nuestra historia que, al igual que otras, considera que toda elevación del nivel de vida de la población fue una fiesta irresponsable; pero a diferencia de las otras, subestima sus predecesores por incapaces y, por ende, los humilla dejándolos inmersos en la fiesta. Se atribuye todo el mérito del avance colonialista sin precedentes que lleva a cabo; pero oculta que ese esfuerzo es favorecido por la eclosión plena del totalitarismo financiero mundial.

No sabemos si los actuales repetidores de Friedrich von Hayek, Ludwig von Mises, Milton Friedman y la rusa Ayn Rand (partidaria entusiasta de Joseph McCarthy), estarán impulsando un premio universal al colonialismo, pero lo sospechamos, porque la marcada subjetividad de esta teoría parece responder al  afán del teorizador por ser el primer galardonado y, con sinceridad, creemos que lo merecería.

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E. Raúl Zaffaroni

E. Raúl Zaffaroni

juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Profesor emérito de la UBA. Miembro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación entre 2003 y 2014. Autor de libros como La cuestión criminal y La Pachamama y el Humano.

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