La huella de La Leona

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Por Pablo Lago, autor de La Leona, Locas de amor, Lalola, Tratame bien y otras.

En horas se emite el último capítulo de La Leona. Un trabajo que comenzamos a escribir con Susana Cardozo entre julio y agosto del 2014. Pero mucho antes, me gusta pensar que en el propio lecho matrimonial, Nancy y Pablo se entusiasmaron con la idea primigenia. Dieron chispa y paso a la luz que luego iluminó todo. Y a todos.

  • Nancy, te veo en un drama social como una heroína italiana.
  • ¿Ahora me venís con esto? Vos y yo estábamos en otra cosa; susurró ella, bajándose el bretel del corpiño.
  • Pará, negra, pará… déjame redondear el concepto. Dejame terminar…
  • ¿Terminar?, interrumpió La Leona. Vos y yo ni empezamos todavía.

Y montándose sobre Pablo le estampó un beso que dejó huella.

 

Me gustá pensar que fue así. Que así empezó todo. Meses después estábamos reunidos con Nancy, Pablo, el productor general Martín Seefeld y el productor artístico Gustavo Marra. Los cuatro nos contaron a grandes rasgos la idea general del programa. Una operaria textil que se pone al frente de sus compañeros para defender las fuentes de trabajo ante las inescrupulosas jugadas del empresario que desea vaciarla.

Con Susana nos miramos en silencio e internamente dijimos: Sí, este cuento es para nosotros.

Desde ese día todo fue trabajo codo a codo junto a estas pasionales y apasionantes personas, a las que meses después sumamos a nuestros colaboradores y amigos: Sol Levinton, Gabriel Patolsky y Javier Rozenwasser. Y de a poco los actores se arrimaron al fuego. Y luego los directores, los técnicos, en fin, toda esa gran familia con la que es necesario convivir para llevar adelante un programa. Cada quién desde su lugar fue aportando lo suyo. En lo personal, con Susana y nuestro equipo hemos entregado el mejor libro posible al mejor y más ancho elenco que ha dado la televisión argentina estos últimos años. Nombres como Miguel Ángel Solá, Susú Pecoraro, Esther Goris, Patricia Palmer, Pepe Soriano, Lito Cruz, Juan Gil Navarro, Dolores Fonzi, Mónica Antonópulos, Marco Antonio Caponi, todos, absolutamente todos, artistas de primer nivel, le pusieron cuerpo y voz a una historia en la que desde el vamos le huimos al lugar común. A lo visto. Lo transitado. Lo remanido.

La Leona ha intentado siempre atacar por sorpresa: pasar desapercibida presentándose como una novela más, para sorprender dando el zarpazo, inmovilizar y clavar el colmillo en la yugular del espectador. Lo hemos intentado en cada episodio. Cada secuencia. Cada escena. Cada diálogo. Y lo cierto es que cazamos algunas veces, y en alguna otra ocasión las presas fuimos nosotros.

De hecho, muy tempranamente La Leona fue víctima de un boicot a mano de cuentas -anónimas y falsas en su mayoría- en el que se acusaba a la novela de ser “K”, y financiada por fondos poco claros. Nada más falaz. La Leona fue financiada casi íntegramente por Telefe, canal líder de audiencia. Un canal que pensaba emitir La Leona en marzo de 2015 pero que decidió guardarla todo ese año para cuidar el producto, ya que por aquel entonces “Las mil y una…” se hacían “las noches”. Las vueltas de la vida y la historia, los cambios de coyuntura política y social, y un cambio concreto de gobierno y de modelo de país, hicieron el resto. Nuestra historia escrita y grabada entre el 2014 y 2015, una historia fue siempre miró a la década del 90 y la crisis del 2001, fue estrenada en febrero de 2016, donde de algún modo volvía la impronta y el espíritu de un tiempo que creímos no volvería. Y así fue como este nuevo contexto resignificó por completo a la novela y a cada una de sus escenas.

Lo que al escribir era una mirada reflexiva sobre “el pasado”, se volvió “presente”. Pero presente de un modo cuasi documental; propio de un noticiero. Y entonces paradójicamente La Leona puso al aire en una ficción lo que programas periodísticos disimulaban o callaban abiertamente. Así las cosas, con un argumento siempre frontal en su decir y su hacer, la emisión de cada capítulo comenzó a demorarse. De las 22.00 pasamos a las 22.15, de allí a las 22.30, 22.45, 23.00, 23.30 y al anunciado hoy de las 23.45hs, que en lo fáctico suele darse a las 23.56hs.

La primera explicación que suele dársele a esto es el “rating”. Y es verdad que 10 puntos quizá no sea el número que desea el canal para una producción como esta. Pero está más que claro que este no fue el único factor que operó en el corrimiento de horarios. De hecho, otras mediciones dan cuenta de una performance muy superior a la mencionada, y en la página web del canal La Leona es por lejos el contenido más visto y visitado.

Lo cierto es que La Leona además de ser un cuento que siempre ha buscado entretener, se ha vuelto más que eso. Ha dejado de ser sólo una novela, para volverse también espacio de reflexión y catarsis de muchos. El impacto de esto se halla de manifiesto en las redes, donde argentinos, italianos, españoles, brasileros y rusos manifiestan a diario la movilización que les genera el programa, tanto en aspectos personales como colectivos. Y es ahí, y en la calle, en la conversación que uno pesca de refilón y con disimulo en el colectivo, o en el baño de un shopping, que nos damos cuenta de que La Leona ha pisado firme y dejado huella.

Comentarios como “no veía una novela hace 20 años”, “rechacé una cena para verla al aire”, “ustedes salvaron mi vida”, “mi papá murió en una fábrica”, “el cáncer de Betty removió toda mi historia familiar”, “dejé Netflix por esta novela”, “qué voy a ver desde el viernes 15”, dan cuenta de la plena identificación y empatía que se logró con la audiencia.

Por otro lado, los hacedores de esta ficción reconocemos que para algunos esta es una ficción incomoda, que asusta o molesta. Y uno concluye que la empatía de algunos y el rechazo de otros no son más que caras de una misma moneda. Protagonistas claramente identificados con una idea y una visión de país. Una historia adulta exenta de edulcorantes. Un lenguaje directo y llano, sin medias tintas, sin pelos en la lengua. Una protagonista MUJER con mayúsculas; deseante, madre soltera y con un segundo hijo de una nueva relación que no conforme con ella, busca, encara, avanza y toma por asalto el corazón y el deseo del protagonista varón. Temas esquivos a la Tv de aire e incluso vistos hoy con resquemor o desconfianza por buena parte de la sociedad. Femicidios, abortos clandestinos, incesto, locura, drogas, diversidad sexual, relaciones múltiples y, -fundamentalmente-, un plan de vaciamiento de lo colectivo en favor del beneficio propio o un grupo particular.

Por todas y cada una de estas razones, sentimos, decimos y los televidentes nos hacen saber que La Leona ha calado hondo. Que ha marcado el paso y dejado huella. Todos los que trabajamos en La Leona, independientemente del puesto que hemos ocupado, hemos perseguido el mismo objetivo: contar una historia de amor en el más amplio de los sentidos. El amor al barrio. Al trabajo. A nuestro país. La familia. El amor a valores que parecen de otro tiempo, perdidos. Por todo esto La Leona va más allá de la historia de amor entre dos personas provenientes de mundos diferentes. Y a la vez esta es también su matriz más primaria. Quizá la que surgió en esa cama aquella noche entre Nancy y Pablo.

La Leona hoy termina su derrotero. Algunos dicen que hilando sueños entre los salares y los pueblos más profundos y bellos de nuestro Norte Argentino. La Leona se va pero nos deja su huella. Su impronta. Su sello. Nos deja su Amor, su Pasión y su Lucha. Una Pasión, Amor y Lucha que es nuestra. Y es profundamente argentina.

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