La pandemia y el destello keynesiano

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En medio de la pandemia del coronavirus el mercado vuelve a mostrar sus limitaciones y el tan denigrado Estado conoce un nuevo momento de gloria. Sin embargo, sería ilusorio pensar que estamos frente a un nuevo amanecer keynesiano. La fuerza del neoliberalismo reside en su notable capacidad para renacer de sus propias cenizas gracias a ese Estado que tanto denigra.

El jueves de la semana pasada, el presidente de Francia Emmanuel Macron habló por cadena nacional sobre como “enfrentar la peor crisis sanitaria del último siglo”. Entre las medidas para contener el avance del coronavirus, anunció la suspensión de las clases en escuelas y universidades y el pedido a los mayores de 70 años de quedarse en sus domicilios. En un tono solemne afirmó: “Lo que ha revelado esta pandemia es que la salud gratuita, nuestro Estado de bienestar, no son costos o cargas, sino bienes preciosos (…) y que este tipo de bienes y servicios tiene que estar fuera de las leyes del mercado”.

La referencia al Estado de bienestar no deja de asombrar viniendo de Macron, un político liberal surgido del socialismo francés pero que fundó su propio partido e hizo campaña sobre el eje de la “modernización” del Estado, lo que en Francia significa reducir esos costos y cargas que hoy parece virtuoso mantener. Debemos reconocer que no está solo: En Alemania, Angela Merkel dejó de lado el culto del “déficit cero” para enfrentar la pandemia y en EEUU, la Reserva Federal impulsada por Donald Trump se prepara a empapelar el país de dólares.

El comentario de Macron en defensa del Estado de bienestar y de la salud pública por fuera de las leyes del mercado podría haber sido dicho por Néstor Kirchner o CFK, aunque ambos hubieran sido tildados de chavistas irredentos por los mismos analistas políticos serios que alaban a Macron.

En 2008, durante la crisis financiera anterior, CFK decidió terminar con el negocio de las AFJP y volver al sistema de reparto, a partir de una propuesta de su futuro vicepresidente Amado Boudou. Esa iniciativa permitió sortear la crisis y contar con los recursos para impulsar la AUH y las moratorias previsionales que incluyeron a millones de jubilados en el sistema. Este miércoles, el ministro de Finanzas francés anunció que el gobierno no descarta nacionalizar empresas para protegerlas de la debacle. A cada lado del Atlántico, el mercado vuelve a mostrar sus limitaciones y el tan denigrado Estado conoce un nuevo momento de gloria.

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Lejos quedaron los tiempos en los que la ex gobernadora María Eugenia Vidal podía afirmar impunemente, en referencia a los hospitales recibidos de la gestión anterior y todavía no terminados: “No voy a abrir un hospital nuevo más, porque no quiero, porque no hace falta” .

Sería ilusorio, sin embargo, pensar que estamos frente a un nuevo amanecer keynesiano. La fuerza del neoliberalismo reside en su notable capacidad para renacer de sus propias cenizas gracias a ese Estado que tanto denigra.

Como escribe Romaric Godin en relación a lo que ocurre en Francia: “Una vez que termine la emergencia, el trabajo nuevamente tendrá que aceptar los sacrificios necesarios para el funcionamiento «normal» de la economía: nuevamente será necesario restablecer la competitividad y sanear las finanzas públicas. Este «destello keynesiano» de emergencia será respondido por una reacción de violenta austeridad (…) Y aquellos que ven aquí algo más que esta dura verdad podrían estar muy equivocados.”

Será cuestión de recordar la pandemia y el destello keynesiano cuando, pasada la crisis, nuestros medios serios vuelvan a denunciar el exceso de Estado y la sobreabundacia de enfermeras, médicos, investigadores, virólogos, docentes o policías.

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