La proscripción republicana

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Así como en 1973 el golpismo local impidió la candidatura de Juan Domingo Perón, en 2020 volvieron a usarse los mismos argumentos contra Evo Morales para proscribirlo: no cumplir con el requisito de residir en el país desde hacía dos años. Perón y Morales tomaron en su momento la precaución de proteger su vida optando por el exilio.

Hace casi 50 años, la dictadura de la llamada Revolución Argentina buscaba una salida política a su propia crisis y el teniente general Alejandro A. Lanusse, el “general de ganadería” como lo llamó Rogelio García Lupo, intentaba negociar un acuerdo con el “tirano prófugo”. Poco quedaba de la soberbia que el teniente general Juan Carlos Onganía –el “De Gaulle argentino” según un joven Mariano Grondona, ya entonces golpista– había desplegado al derrocar al presidente Arturo Illia en 1966. Sin lograr generar un liderazgo alternativo, los 17 años de proscripción del peronismo sólo habían consolidado la figura de Juan D. Perón.

Lanusse lanzó el Gran Acuerdo Nacional (GAN), una iniciativa política con la que buscaba sobrevivir a la debacle del gobierno de facto, además de responder a algunas de las demandas de Perón. Como escribió el propio Lanusse en sus memorias: “Comenzamos, entonces, por colocar el busto de Perón, junto a los otros presidentes. Otro paso fue, apenas estuve en condiciones de hacerlo, la restitución de los restos de Eva Perón. Luego vendría la solución al problema del pasaporte y la prescripción legal en las causas civiles que aún tenía pendientes”.

Ya sin margen para evitarlas, convocó a elecciones en 1973, estableció un sistema con balotaje –apostando a que el peronismo no ganara en primera vuelta– y al mismo tiempo que se excluyó como candidato, buscó condicionar la candidatura de Perón con una cláusula establecida específicamente para él. Los candidatos debían “estar presentes en el país antes del 25 de agosto de 1972 y residir permanentemente después de esa fecha”, además de informar al Ministerio del Interior sobre los desplazamientos al exterior de más de 15 días. El viejo caudillo no aceptó los condicionamientos de Lanusse, volvió al país tres meses después de lo estipulado y designó como candidato a Héctor Cámpora, quien tampoco respondía a la cláusula de residencia pero cuya candidatura no fue objetada.

Cámpora ganó en primera vuelta con el 49,56 por ciento de los votos (su oponente radical Ricardo Balbín desistió de la segunda vuelta) y luego de 49 días de gobierno, renunció para permitir nuevas elecciones. Las primeras elecciones sin proscripción desde 1955 fueron ganadas por Perón con el 61,85 por ciento de los votos.

Algunas décadas más tarde, el 20 de octubre del 2019, los bolivianos acudieron a las urnas para elegir un nuevo presidente. Evo Morales, presidente en ejercicio, buscaba un cuarto mandato, objetivo denunciado por su oposición como anticonstitucional pero avalado por la justicia boliviana. La oposición empezó a presionar en las calles y algunos observadores internacionales criticaron la lentitud del conteo de votos.

El golpe después del golpe

Al cabo de unos días, el conteo definitivo dio como ganador en primera vuelta a Morales. La oposición llamó a una huelga por tiempo indeterminado y junto a la OEA (que denunció algunas actas de escrutinio irregulares), exigió una segunda vuelta antes de subir la apuesta y reclamar la anulación del escrutinio. Una semana después de la primera vuelta, Morales convocó a nuevas elecciones pero la policía y las FFAA lo obligaron a renunciar. Él y su vicepresidente Álvaro García Linera lograron salvar sus vidas escapando a México.

En una sesión del Congreso tan extravagante como ilegal, la senadora opositora Jeanine Añez, Biblia en mano, se autoproclamó presidenta interina “ante la ausencia definitiva del presidente y del vicepresidente”, mientras las casas de Morales y de García Linera eran saqueadas y sus seguidores perseguidos por la policía y el Ejército. Presionada por la OEA, la presidenta autoproclamada fijó la fecha de nuevas elecciones en mayo del 2020 y a diferencia del general de caballería argentino y de lo que ella misma había establecido luego del golpe, sí decidió presentarse como candidata.

Desde su exilio en Argentina, Evo Morales acordó la candidatura presidencial de Luis Arce, su ex ministro de Economía, y anunció su propia candidatura como senador, una pretensión que al parecer sería desmesurada.

En efecto, el Tribunal Supremo Electoral de Bolivia la rechazó con fino humor al constatar que el presidente depuesto no cumple con el requisito de “residir en el país desde hace 2 años”. Un argumento similar al que impidió la candidatura de Perón en marzo de 1973 ya que, como Evo, había tomado la precaución de proteger su vida optando por el exilio.

Lo que prueba la notable continuidad argumental del golpismo regional, una verdadera política de Estado que atraviesa el tiempo y las fronteras.

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