La realidad paralela

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El PBI robado por el kirchnerismo es una de las tantas componentes de la realidad paralela que los medios han consolidado desde hace 10 años, cuando empezó la confrontación con el gobierno de CFK para obtener lo que Mauricio Macri les otorgó apenas asumió: la anulación de la Ley de Medios y la aceptación de la fusión Cablevisión-Telecom.

Hace unos meses, durante una entrevista que Luis Novaresio le hizo a Pablo Sirvén, Novaresio afirmó que el gobierno de Cambiemos también había recibido denuncias de corrupción, como los gobiernos kirchneristas. Sirvén, sinceramente sorprendido por esa equiparación le contestó que no era válida ya que el kirchnerismo “se robó un PBI”. De más está decir que su colega no creyó necesario ahondar en esa letanía de cola de verdulería, para al menos indagar si el PBI sustraído era el del 2003 o el mucho más abultado del 2015, si se trataba del PBI de Burundi o el de Alemania o si CFK lo guardaba en una lata de bizcochos Canale ya que esa suma sería imposible de depositar sin riesgo en el sistema financiero. Novaresio no lo hizo ya que el PBI robado por el kirchnerismo es una de las tantas componentes de la realidad paralela que los medios han consolidado desde hace 10 años, cuando empezó la confrontación con el gobierno de CFK para obtener lo que Mauricio Macri les otorgó apenas asumió: la anulación de la Ley de Medios y la aceptación de la fusión Cablevisión-Telecom, “la hipérbole de la concentración de las comunicaciones tradicionales (medios y telecomunicaciones)”, según Martín Becerra, investigador principal en el CONICET y especialista en medios de comunicación.

Hace unos días, en TN, los periodistas Adrián Ventura, Guillermo Lobo y Lorena Maciel tuvieron una discrepancia al aire. Luego de afirmar con pesar que “ya son 7 los presos K liberados tras las PASO”, Ventura y Lobo sostuvieron que a los votantes no les importaba la corrupción ya que habían votado mayoritariamente a CFK, que tiene varias denuncias por corrupción. Por su lado, Maciel opinó que, en realidad, habían votado en contra de un modelo, el de Cambiemos, que fracasó en lo económico y no a favor de la corrupción.

Lo notable es que la revocación de las preventivas de esos supuestos kirchneristas no generaran en estos periodistas independientes algún interés para investigar el origen de esas cárceles sin condena o al menos alguna duda que empañara sus certezas. Ocurre que la culpabilidad de cualquier kirchnerista o aparente kirchnerista es otro de los axiomas de la realidad paralela que construyen nuestros medios serios. Es por eso que ni Ventura, ni Lobo, ni tampoco Maciel consideraron que CFK pudiera beneficiar de algo tan extravagante como la inocencia presunta como cualquier hijo de vecino o cualquiera de los accionistas del multimedios que los emplea. O como la que benefició a Mauricio Macri, quien pese a tener centenares de causas judiciales, haber sido salvado de la cárcel por la Corte menemista y estar procesado en el momento de ser elegido presidente en 2015, no generó ninguna reacción adversa entre los periodistas del grupo Clarín, habitualmente proclives a la congoja moral.

Así como el asombroso PBI robado ha logrado tener entidad propia, las denuncias de corrupción hacia cualquier kirchnerista se transforman mágicamente en sentencia firme a fuerza de ser repetidas por periodistas con cara de indignación ética.

Esa es la realidad que nos llega a través de “la hipérbole de la concentración de las comunicaciones tradicionales”, una realidad que no por imaginaria deja de impactar en nuestra vida de todos los días, e incluso en la libertad de más de un kirchnerista o supuesto tal.

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