La verdad vencerá

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El ex presidente de Brasil Lula Da Silva, preso injustamente desde el 6 de abril del año pasado, envió una carta desde la cárcel al Encuentro Nacional Lula Livre en la que denuncia las injusticias a las que es sometido. «Resisto porque todavía tengo una misión importante que cumplir en este momento en que la democracia, la soberanía nacional y los derechos del pueblo brasileño están amenazados por intereses económicos y políticos poderosos, incluso de potencias extranjeras», dijo.

Mis amigos y mis amigas, quiero, en primer lugar, agradecer la solidaridad y el cariño que he recibido del pueblo brasileño y de líderes de otros países, en este casi un año en que me encuentro preso injustamente. Agradezco especialmente a los compañeros de la vigilia en Curitiba, que me inspiran confianza todos los días, a los miembros que constituyen los comités Lula libres dentro y fuera de Brasil, abogados, juristas , intelectuales y ciudadanos democráticos que manifiestan por mi liberación.

La fuerza que me hace resistir esta provocación viene de ustedes y de la convicción de que soy inocente. Pero resisto principalmente porque sé que todavía tengo una misión importante que cumplir en este momento en que la democracia, la soberanía nacional y los derechos del pueblo brasileño son amenazados por intereses económicos y políticos poderosos, incluso de potencias extranjeras.

Como siempre lo hice en mi vida, y ya van a ser más de 45 años de actividad sindical y política, asumo que esta misión como un desafío colectivo. La lucha que llevo para tener un juicio justo, en el que mi inocencia sea reconocida ante las pruebas irrefutables de la defensa, sólo tiene sentido si se entiende como parte de la defensa de la democracia, de la reanudación del estado de derecho y del proyecto de desarrollo con inclusión social que el país quiere reconstruir.

Cada día que pasa queda más claro para la población y para la opinión pública internacional que fui condenado y preso por el único motivo de que, libre y candidato, hubiera sido elegido presidente por la gran mayoría de la población. Mi candidatura era la respuesta del pueblo a la entrega, el abandono de los programas sociales, el desempleo, la vuelta del hambre, y todo el mal implantado por el golpe del impeachment. Es una lucha que tenemos que llevar juntos, en nombre de todos.

Para sacarme de las elecciones, montaron un juicio con la cobertura de los medios de comunicación, con la red Globo por delante. Envenenaron a la población con horas y horas de noticiero mentiroso, en que el Lava Jato me acusaba y mi defensa era menospreciada, cuando no era simplemente censurada. La Constitución y las leyes fueron despreciadas, como si hubiese un código penal de excepción, sólo para Lula, en el que se me negó sistemáticamente mis derechos.

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Como si no bastase, me arrestaron por crímenes que jamás cometí, prohibieron que participar en los debates y las sabatinas en el proceso electoral. Prohibieron mi candidatura, en contra de la ley y de la ONU; prohibieron que diera entrevistas, prohibieron hasta que compareciera al velorio de mi hermano mayor. Quieren que desaparezca, pero no es a mí a quien le temen: es al pueblo que se identifica con nuestro proyecto y vio en mi candidatura la esperanza de recuperar el camino de una vida mejor.

Días atrás, al despedirme de mi querido nieto Arthur, sentí todo el peso de la injusticia que golpeó a mi familia. El pequeño Arthur fue discriminado en la escuela por ser mi nieto y sufrió mucho con eso. Entonces le prometí que no voy a descansar hasta que mi inocencia sea reconocida en un juicio justo.

En la emoción de aquel momento, recuerdo haberme dicho: «Te mostraré que los verdaderos ladrones son los que me condenaron». Poco después, el periodista Luís Nassif reveló al público el acuerdo ilegal y secreto entre los fiscales del Lava Jato, la 13a. Corte Federal de Curitiba, el gobierno de los Estados Unidos y Petrobras, por un importe de 2,5 mil millones de reales.

Esa cantidad fue tomada de la mayor empresa del pueblo brasileño por una corte de Nueva York, con base en las delaciones llevadas a ellos por los fiscales de Brasil.

Y ellos fueron allí, a Estados Unidos, con la cobertura del entonces procurador general de la República, para debilitar aún más una empresa que es objeto de codicia internacional. A cambio de esa fortuna, el Lava Jato se comprometió a entregar al extranjero los secretos e informaciones estratégicos de nuestra Petrobras.

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No se trata de convicciones, sino de pruebas concretas: documentos firmados, actos de oficio de autoridades públicas. Estos moralistas sin moral ocupan hoy altos cargos en el gobierno que sólo fue elegido porque ellos impidieron mi candidatura. Pero quien está preso es Lula, que nunca fue dueño de apartamento ni de ningún sitio, que nunca firmó contratos de Petrobras, que nunca tuvo cuentas secretas como esa fundación que fue descubierta ahora.

Más que manifestar indignación con estos hechos, quiero decirles que el tiempo está revelando la verdad. Que no podemos perder la esperanza de que la verdad vencerá, y ella está de nuestro lado. Así que les pido a todos y cada uno fortalecer cada vez más nuestra lucha por la democracia y la justicia. Y sólo vamos a alcanzar esos objetivos defendiendo los derechos del pueblo y la soberanía nacional, porque fue contra estos valores que hicieron el golpe e interfirieron en la elección. Fue para entregar nuestras riquezas y revertir las conquistas sociales. Que los comités de Lula libre tengan esto bien claro y actúen cada vez más en la sociedad, en las redes, en las escuelas y en las calles.

Tengo fe en Dios y confianza en nuestra organización para afirmar con mucha certeza: nuestro reencuentro vendrá. Y Brasil podrá soñar nuevamente con futuro mejor para todos.

Muchas gracias, y vamos a la lucha, compañeros y compañeras.

Un gran abrazo.

Luiz Inácio Lula da Silva

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