Larreta pegó la vuelta con la cuarentena

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El jefe de Gobierno debió dar un giro en su discurso para justificar que no sigue reabriendo. Algunas cosas no cambian, como la represión en la marcha de Santiago Maldonado.

Publicado en Nueva Ciudad

Foto Página12- Represión Marcha por Santiago Maldonado

Horacio Rodríguez Larreta tuvo que hacer un malabarismo discursivo para explicar por qué no siguió con las reaperturas. Algo así como venir a 200 kilómetros por hora y querer dar una vuelta en U. Es que durante las últimas semanas el jefe de Gobierno venía construyendo un sentido: que la provincia de Buenos Aires está grave, pero que la Ciudad está decididamente mejor ante la pandemia de coronavirus. Y buscaba de esta forma continuar con su plan más allá de la provincia de Buenos Aires. Ya había recibido presiones de Elisa Carrió y del sector duro del PRO para que fuera en esa dirección. No obstante, metió freno de mano tras las reuniones con Axel Kicillof y Alberto Fernández y pasó a decir que el índice de contagios sigue algo (lo que es real) y que no continuarán las reaperturas (lo que es parcialmente cierto, algunas habrá). Mientras Larreta zigzaguea entre su electorado y sus responsabilidades institucionales –y Mauricio Macri se toma el palo a París-, hay algunas cosas que no cambian: la Policía de la Ciudad volvió a reprimir una marcha por Santiago Maldonado. Curioso que todas las marchas opositoras tengan vía libre, incluso, para atacar a periodistas. Que se entienda: ninguna debería ser reprimida.

El discurso que venían teniendo tanto Larreta como su ministro de Salud, Fernán Quirós, era compacto: con prudencia, iban señalando una mejoría en los números en la Ciudad, un índice de ocupación de camas que, si bien es discutido, les permitía argumentar que no había motivos para que la Ciudad diera marcha atrás. Todo lo contrario: presentaron un programa de reaperturas progresivas con la idea de que lentamente se irá volviendo a una “nueva normalidad”. Esto responde a los deseos de cierto electorado de Larreta, pero también a presiones bien concretas del ex presidente Macri –que dejó en claro que el que se pueda tomar un avión a París para cenar afuera como él, debería hacerlo para “vivir la libertad”- y de su aliada Elisa Carrió, quien le dijo públicamente a Larreta que la restricción que anunciaron hace unas semanas debía ser “la última”.

“Les quiero dar la tranquilidad de que en la Ciudad los casos están estabilizados y el índice de letalidad es realmente bajo (2.11, según los datos de este lunes), así que podremos continuar con las aperturas planificadas”, dijo Larreta ante un auditorio de intelectuales afines, con Graciela Fernández Meijide a la cabeza. Tres días después, estaba diciendo lo opuesto. ¿Por qué? No fue solo el tira y afloje en las negociaciones con Kicillof –donde el gobernador bonaerense quería dar marcha atrás y Larreta seguir reabriendo-, que terminaron con una suerte de empate: ni se avanza en reaperturas ni se da marcha atrás. Un statu quo por ahora. Tampoco fue del todo el peso combinado de Kicillof y el presidente Fernández. No solo fue esto. El problema es que la cifra de contagios diarios sigue entre 1000 y 2000 casos (si se suman los no residentes, que el Gobierno porteño discrimina en sus estadísticas para mostrar un número más tranquilizador). También que se acumulaban preocupaciones sobre la ocupación de camas del sector privado, sobre todo.

«Hace mas de dos meses me falta Facundo, necesito saber qué pasó»

Así fue como Larreta debió virar y decir que, en realidad, no estábamos tan bien. Habló de  un promedio de 1100 casos diarios, que subió de los mil de semanas anteriores. También de una tasa de duplicación cada 34 días, con un R que en este momento está en 1,03. «Es un nivel alto y hay que hacer un esfuerzo para que el R esté debajo de uno», afirmó. Antes decía que con esos valores se podía seguir reabriendo.

Lo que ocurre es que Larreta viene zigzagueando entre medidas para su electorado (para el que se mostró corriendo una mañana) y decisiones impopulares para ese sector social, como las que tuvo que anunciar. El jefe de Gobierno, no obstante, intentó compensar: «Vamos a seguir con la apertura gradual de industrias. A los esenciales se sumaron bienes exportables, y ahora la industria del juguete por el Día del Niño. Todos con su protocolo». «Entiendo la desesperación de los que no pueden salir a trabajar», remarcó.

Por lo tanto, habrá una reapertura: la de 19 mil comercios no esenciales en avenidas de alto tránsito. Esto fue presentado por algunos medios afines a Larreta casi como una derrota. Sobre todo porque no abrieron otras actividades que estaban previstas, como por ejemplo la actividad deportiva individual sin días por DNI, el regreso de deportes como el tenis o el golf  o que los bares y restaurantes trabajen con mesas en la vereda. Se entiende que son medidas para la clase media-alta y no para los sectores que están ahorcados económicamente.

Habrá que ver como sigue este zigzag de Larreta, pero la realidad es que algunas cosas no cambian ni siquiera en plena pandemia. Me refiero a la represión a los que salieron a manifestarse por Santiago Maldonado (la familia y los organismos de derechos humanos habían hecho un acto virtual, pero hubo personas que salieron a la calle por Santiago y por la desaparición de Facundo Astudillo Castro). En Corrientes y Talcahuano la Policía de la Ciudad los reprimió y detuvo a 11 personas. Una duda: ya que están con tantas ganas de actuar, ¿por qué esos mismos policías no intervinieron cuando los manifestantes de marchas opositoras atacaron a periodistas de C5N? Curioso, ¿no?

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