Las lágrimas de Ninci

Compartir

El presidente suele explicar que si bien entiende los reclamos como el de Mercedes Ninci, no existe otra solución más que eliminar los subsidios ya que “durante años nos hicieron creer que el gas y la electricidad eran gratis”. Pero el debate no es entre pagar o no pagar sino en qué usamos nuestros impuestos para mejorar la distribución del ingreso de las mayorías.

Hace unos días, Mercedes Ninci, panelista del programa “Todas las tardes”, se quebró frente a las cámaras, angustiada por la situación económica. Con lágrimas en los ojos confesó haber votado al actual gobierno pero “ya no poder más”. Como suele ocurrir cada vez que un periodista serio emite alguna crítica al oficialismo, aclaró que no apoya al gobierno anterior (“No quería al ladrón de Scioli ni todos lo que nos venían robando”) y comentó que aprecia a Mauricio Macri e incluso a su esposa Juliana. Hizo extensivo ese aprecio al ex ministro de Energía devenido secretario, Javier Iguacel, por haber “hecho la investigación de cómo choreó Báez y Cristina con los contratos (de obra pública)” y ser “un tipo brillante”, aunque lamentó su accionar como funcionario por “no ponerse en los zapatos de la gente”. Explicó tener tres trabajos y no poder afrontar el incremento de las tarifas ni tampoco el aumento de los precios en el supermercado. Mirando a la cámara pidió que el gobierno se dé cuenta de lo que está pasando.

Como muchos de sus colegas, Ninci denunció durante años los subsidios a los servicios públicos aunque al parecer nunca imaginó que su eliminación podría generar el aumento de las boletas. Durante la larga noche kirchnerista los medios solían denunciar lo que definían como “subsidios a los ricos” aunque en rigor de verdad sólo indignaban a sus aparentes beneficiarios, las clases más pudientes.

El aumento del consumo de energía que acompañó el crecimiento del país (aproximadamente 4,5% de promedio anual durante 12 años, según el INDEC de Todesca) fue denunciado por esos mismos medios como una política nefasta que nos obligó a importar combustible y dejó “una herencia de plomo al macrismo”. La contracción del PBI que está logrando Cambiemos tal vez nos lleve de vuelta al virtuoso autoabastecimiento.

El presidente, por su lado, suele explicar que si bien entiende los reclamos como el de Mercedes Ninci, no existe otra solución más que eliminar los subsidios ya que “durante años nos hicieron creer que el gas y la electricidad eran gratis”. En realidad, nunca lo fueron, el usuario siempre pagó algo por dichos servicios. Nadie cree que esas prestaciones carezcan de costo, como no carecen de costo las escuelas, plazas, bibliotecas u hospitales públicos más allá de que sus usuarios no paguen directamente por usarlos.

El debate no es entre pagar o no pagar sino en cómo se distribuye ese gasto entre usuarios y contribuyentes; es decir, en qué usamos nuestros impuestos para mejorar la distribución del ingreso de las mayorías. Y ese debate no tiene que ver con la simpatía que nos genere el presidente, la belleza de la primera dama o el brillo intelectual de un ex ministro devenido secretario. Tampoco con la encuesta judicial con la que nuestros medios serios buscan reemplazar el debate político: por un lado los chorros del gobierno anterior y por el otro los probos funcionarios del gobierno actual.

El debate, mal que le pese a la pobre periodista que descubrió a su pesar que los subsidios reducen las facturas de los servicios públicos, es político.

Vaya sorpresa, Mercedes.

Comentarios

Comentarios

Hacé tu anotación Sin anotaciones