Los médicos cubanos y los respiradores marxistas

Compartir

Apenas el ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires informó que el gobierno cubano ofrecía 500 médicos para ayudar a enfrentar la pandemia del coronavirus en el país, una histeria generalizada avanzó entre ex funcionarios de Cambiemos, opositores y periodistas serios. Laura Alonso denunció que se trataría de “espías” y “comisarios” mientras que algunos macristas psiquiátricos como el actor Juan Acosta o la investigadora Sandra Pitta los trataron de “guerrilleros”.

A principios del 2015, pocos días después de la muerte del fiscal Alberto Nisman, Eduardo van der Kooy escribió en Clarín: “En ámbitos de inteligencia, policiales y diplomáticos otra especulación parece tomar cuerpo. ¿Cuál sería? La de que un comando venezolano-iraní (con adiestramiento cubano) podría haberse cobrado la vida del fiscal. Aseguran que entrarían y saldrían del país con asiduidad y facilidades. Contarían con cierta logística doméstica”. Nacía de ese modo el entrañable comando venezolano-iraní, un grupo de choque ideado por la ex presidenta CFK que involucraba a los servicios de inteligencia de cuatro países (Venezuela, Irán, Argentina y también Cuba). Muchos nos preguntamos en qué idioma se comunicarían entre sí sus integrantes, si era español con acento caribeño o farsi; aunque ese detalle nunca fue develado por la prensa especializada. Tal vez fuera un secreto de Estado.

En agosto de 2017, apenas desapareció Santiago Maldonado, descubrimos la existencia de una peligrosa guerrilla separatista mapuche. Al unísono, siguiendo el paradigma del Nado Sincronizado Independiente (NSI), fenómeno que permite que un montón de gente diferente llegue a las mismas conclusiones pero de forma independiente, los medios serios describieron con lujo de detalles a ese aterrador grupo armado del que hasta unos días antes nada sabían. Conocimos de esa forma inquietantes arsenales compuestos de rollos de alambre, martillos rotos y serruchos oxidados y complicidades insospechadas. La guerrilla mapuche que según Jorge Lanata “ya llegó al Obelisco” contaba con el apoyo de las FARC colombianas y de ETA, ya en pleno ocaso, pero también del Reino Unido, de las Madres de Plaza de Mayo y de los separatistas kurdos.

Apenas apareció el cuerpo de Santiago Maldonado, no volvimos a escuchar hablar de esa peligrosa organización armada que durante dos meses y medio puso en peligro la integridad territorial de la Argentina.

En noviembre del 2018 –poco antes de la cumbre del G20 que se llevaría a cabo en Buenos Aires– la policía detuvo a los hermanos Abraham Salomón, argentinos de origen libanés, a partir de una denuncia anónima. En su casa encontraron viejas armas heredadas del abuelo de ambos, una bandera de la “organización extremista Hezbolá” (“extremistas” que forman parte del gobierno libanés y disponen de un grupo parlamentario) y una foto de su líder en el Líbano, Hassan Nasrallah.

Con esa notable evidencia, los hermanos Abraham Salomón fueron transformados en responsables de la sucursal Floresta del Hezbolá, peligrosos terroristas que según el Ministerio de Seguridad de entonces “habrían recibido entrenamiento militar en distintos viajes por Medio Oriente”.

Luego de 22 días de preventiva, los terroristas imaginarios fueron liberados y la causa cerrada.

Políticas de la peste

Hace unos días, el ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, Daniel Gollan, informó que el gobierno cubano ofreció enviar 500 médicos para ayudar a enfrentar la pandemia del coronavirus, como ya lo están haciendo en Italia. Pese a que Gollan remarcó que es una posibilidad más dentro del plan de contingencia que se analizará en su momento, la propuesta ya generó una histeria generalizada entre ex funcionarios de Cambiemos, opositores y periodistas serios. Laura Alonso, ex titular de la Oficina Anticorrupción, denunció que se trataría de “espías” y “comisarios” mientras que algunos macristas psiquiátricos como el actor Juan Acosta o la investigadora Sandra Pitta los trataron de “guerrilleros”.

Con encomiable preocupación social, la embajada de EEUU en Cuba manifestó su preocupación ya que parte del ingreso de esos profesionales de la salud sería retenido por el gobierno cubano y por su lado el Colegio de Médicos de la Provincia de Buenos Aires aseguró que “no hay convenio entre la República Argentina y la de Cuba para el reconocimiento de los títulos de médicos cubanos que aspiren a ejercer en nuestro país”, aunque nada dijo de la convocatoria de la Ciudad de Buenos Aires a médicos “con o sin título revalidado en Argentina” para asistir a pacientes afectados por el coronavirus. Sólo faltó que Alfredo Casero nos recomiende mirar bajo la cama antes de ir a dormir para verificar que no haya un médico castrista espiándonos con un falso estetoscopio.

Luego del comando venezolano-iraní, de la guerrilla kurdo-mapuche y de la sucursal Floresta del Hezbolá, la nueva capa de la Rogel de asombros que nos depara el imaginario reaccionario y sus repetidoras es la de los médicos cubanos que nos inocularán su doctrina apátrida a través de respiradores marxistas.

Otra de las historias maravillosas que le contaremos a nuestros nietos.

Comentarios

Comentarios

Hacé tu anotación Sin anotaciones
Apoyan Nuestras Voces

NuestrasVoces.com.ar - 02/12/2020 - Todos los derechos reservados
Contacto