Macri y el puñal del olvido

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Mientras el presidente Alberto Fernández recibió a la madre de Facundo Astudillo Castro, la foto del ex presidente Mauricio Macri con el policía Chocobar no se olvida, dice Juan Alonso en esta columna. Borges, Ginebra y el autoexilio dorado de Macri se entrelazan para mostrar que el puñal del olvido no se limpia fácilmente.

Macri recibía a Chocobar en la Casa Rosada. Nunca se ocupó de la familia de Santiago Maldonado. Hoy el Presidente recibió a la madre de Facundo Astudillo Castro en Olivos y el gobernador dijo que no le temblará «la mano». Macri mandó un carta desde una Suiza sin Borges.

Macri tiene ciudadanía italiana. Es un ciudadano europeo. Su secretario privado Darío Nieto fue citado a indagatoria y parece que su celular tenía cuestiones delicadas sobre Vicentín, además del espionaje ilegal. Así, Macri podría terminar como Bannon, preso, pero no en Estados Unidos.

La intención de Macri al desmentir al Presidente sobre su frase de «que mueran los que tengan que morir» y hablar del valor de «la palabra» es obra de la tragedia. Nadie como él destruyó el valor de la palabra en 4 años de saqueo, represión, deuda, inflación, y pobreza endémica. La oposición se negó a discutirlo en el Congreso.

Mientras tanto, la economía del  Grupo Clarín cae y en Fibertel están tan pero tan inquietos que la señal Todo Noticias se parece a una escafandra china de la Viuda Ching y sus barcos de madera que ideó el genial Borges en «Historia universal de la infamia».

Según el relato de El dragón y la zorra, la zorra era una pirata que se dedicó al saqueo de los mares de China hasta que el sol del emperador le dijo basta y envió dragones como cometas. La zorra comprendió pronto que el fin había llegado y que sus correrías terminarían ante la fortaleza del imperio.

La zorra se dedicó entonces a comerciar opio el resto de su vida, que fue más larga que la de cualquier pirata mujer, ya que por lo general las piratas del Caribe y los mares del falso infinito morían ahorcadas a manos de los españoles, holandeses y británicos. Claro que Macri no leyó a Borges…

Cuando Borges hablaba de cuchillos, se detenía en el alma de los hombres y en el tiempo como ilusión y muerte. Borges no quiso ser Borges, pero lo fue. A los 24 años había leído alemán, inglés y francés. Primero inventó la universalidad del malevaje criollo y después la literatura.

Se inspiró en Sarmiento, Mitre, Ascasubi, Hernández y Lugones, a quienes estudió como nadie. Borges reinventó la cultura argentina desde los arrabales hasta el Cosmos. En «El hombre de la esquina rosada» las voces llegan al tugurio tanguero del Arroyo Maldonado como cuchilladas.

Hay un herido mortal que pide tapar su agonía y un hombre atribulado que limpia su puñal como un intento en vano de borrar la memoria de las cosas. Un negro ciego toca el baile de los compadritos mientras «el mujeraje» habla de los hombres que se hacían matar por nada.

Si la Viuda Ching entendía la Política como herramienta de la diplomacia para lograr sobrevivir al imperio del Cielo, los malevos herederos de Don Paredes andaban en las sombras de los charcos sobre las noches con el facón en los pliegues de la ropa y el sobaco. Borges escuchaba.

La escucha de Borges era infinita como los laberintos de su memoria que lo llevó a estudiar el islandés y a descubrir que la lengua de los nórdicos era anterior al inglés y que las vocales eran como ojos abiertos en el umbral de los zaguanes entre banquitos, plantas y pasillos.

Sabía que en Once había un pasado de caballos y de sangre y que esa sangre circuló por la tierra hasta Constitución cerca del Riachuelo, aunque él gustaba andar a pie con un francés que se mató y que dijo una frase extraordinaria sobre estos paisajes: «Es vértigo horizontal».

Borges decía que la inspiración le llegaba de pronto y se entregaba. Escribía, escribía. Luego una vez pasado aquel momento de alquimia de sueño, llegaba el tiempo de depurar las palabras y repeticiones. El trabajo de orfebre del lenguaje. Mozart decía «me viene de ello».

Se han dicho tantas cosas de Borges. Lo han estudiado González, Sarlo, Feinmann, Piglia, Saíta y recientemente el filósofo Sztajnszrajber ha pensando en público sobre su obra y la lucha contra la finitud tan de Unamuno. Borges se le escurre al fantasma de Borges y es eterno.

Cuando Borges era joven hablaba muy bien de Arlt. Es notorio que leyó las Aguafuertes del diario El Mundo. Los personajes fisurados de Arlt presagiaron los rufianes y putas de Onetti y después los muertos que hablan en la Comala de Rulfo. Así anda la escucha de todas las voces.

Se podría hablar horas y horas sobre la profunda e inalterable raíz que dejó Borges en la cultura argentina y universal. Una de ellas es la idea de desierto, de coraje y de llanura. En «El Sur» el protagonista trastoca el tiempo para morir como murió su bisabuelo baleado.

El amor se fuga contra el olvido hecho de olvido con el presagio de la muerte. O sea: si no hay amor que haya muerte. «En cierta calle hay cierta firme puerta con su timbre y su número preciso y un sabor a perdido paraíso, que en los atardeceres no está abierta a mi paso».

Borges era antiperonista y anticomunista. Además, por linaje se consideraba antirosista y admirador de Gran Bretaña. Cosas de los hombres. En compañía de Bioy Casares -muy inferior en cuanto a capacidad literaria comparado con Borges- despotrican contra «El Monstruo» en los ’40.

En casa de Victoria Ocampo odiaban más Evita que a Perón. Y era comprensible. Detestaban que una actriz se convirtiera en la voz y la mano de los más humildes del pueblo. La llamaban despectivamente «La Perona» y criticaban sus joyas, su brillante belleza, y hasta sus vestidos.
El día de la marcha de los anticuarentena y el núcleo del Pro, un grupito de vecinas y vecinos de Recoleta rodeó la casa de CFK con cacerolas y repetían que no debía vivir ahí, que tenía «muchos aires acondicionados». Voces delirantes y un profundo machirulismo a base de veneno.
No pueden soportar que la hija de un colectivero de Tolosa y una mujer separada haya sido Presidenta de la Argentina dos veces y sea vicepresidenta votada de forma legítima por millones de argentinos y argentinas, pese a todo el arsenal de estiércol de los medios dominantes.
Borges eligió morir en Ginebra porque allí pasó su adolescencia entre libros y amigos. Uno de ellos era maestro de niños pobres. Macri eligió Suiza para escaparse a ninguna parte. No se ha inventado el puñal del olvido dentro del olvido. Borges lo sabía, Macri, nunca lo sabrá.

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Juan Alonso

Juan Alonso

Periodista, escritor y docente. Columnista con Roberto Caballero en Radio Colonia y del programa ADN en C5N. Distinguido con el Premio Walsh de la Facultad de Periodismo de La Plata en 2017. Fue editor de Policiales de Tiempo Argentino.

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