Pandemia: entre Camus y Lang

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En 1947 Albert Camus publicó “La Peste” que retrataba la propagación masiva de una enfermedad fatídica. Fritz Lang estrenó unos años antes “El Testamento del doctor Mabuse”, un genio del mal que producía un caos monumental con atentados desde su habitación de un manicomio. El coronavirus agita hoy su pánico por el mundo. Como en la novela de Albert Camus, los valores solidarios deben imponerse al individualismo para encontrar la salida y evitar que las calamidades del siglo XX regresen para quedarse.

Jueves. Los ruralistas del Pro agitan sus intereses. El Presidente usará el poder que le delegó el pueblo. Nuevo decreto que legaliza la cuarentena por la pandemia global del virus. Estados Unidos prohibe vuelos desde Europa por treinta días. En Milán hay pánico en los supermercados.

En “La Peste” de Albert Camus una enfermedad fatídica comienza a propagarse con la aparición de ratas agonizantes o muertas en un edificio de clase media de Orán, Argelia, donde vive un médico con su esposa enferma y un juez, entre otros. Las ratas invaden la ciudad con su peste.

La aparente tranquilidad pronto se convierte en una pesadilla. Camus publicó esta novela en 1947 tras haber sido el jefe del diario de “La Resistencia” francesa contra los nazis. En “La Peste” los valores solidarios se imponen al pánico indivualista. El mundo está en vilo.

La situación es semejante a los más abyectos planes criminales llevados al cine por Fritz Lang (1890/1976) en su película “El Testamento del doctor Mabuse” estrenada en 1933. Mabuse, un genio del mal, produce un caos monumental con atentados desde su habitación de un manicomio.

Organiza su banda en divisiones: los falsificadores de billetes, los contadores, los asesinos, los ladrones y los informantes. La división “B/2” de Mabuse se parece demasiado a lo que más tarde sería la “SS” de Adolf Hitler. Lang  horada el “mal social” y lo pone en el cine.

El maléfico demencial doctor Mabuse fue una creación de la inflación alemana de 1921 y 1922. El comisario Lohmann encuentra su legajo criminal en un estante y comienza a desandar la madeja de lo imposible con la ayuda de su asistente y una pareja enamorada que encarna el bien.

Pero Mabuse, a diferencia de los personajes de Camus en “La Peste” llega al corazón de sus secuaces con el dinero y el miedo. Quiere destruir la sociedad para fundar “El Imperio del Crimen” y por momentos lo logra con éxito. Su banda mata porque sí y usa gas para sus fechorías.

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El genio de Mabuse se parece a Hitler. De hecho, Fritz Lang y su segunda mujer, Thea von Harbou le hacen decir las mismas palabras del creador del Partido Nazi. Y Lang es citado por Joseph Goebbels a su despacho. Le ofrece ser el líder del cine alemán. Lang describió el encuentro. En una entrevista realizada en 1975, un año antes de su muerte, Lang recordó los interminables pasillos con retenes militarizados con personas armadas que tuvo que pasar hasta toparse cara a cara con Goebbels. En una charla llena de hipocresía ambos se mintieron. Y Lang huyó.

Le dio instrucciones a su empleado para que preparase una valija para un mes y medio y lo citó a las 8 de la noche en la terminal de trenes de Berlín. Viajó a París en un camarote y escondió 5 mil francos y las joyas de su última novia judía. De Francia se fue a Hollywood.

“El testamento del doctor Mabuse” fue prohibida en Alemania. Pese a que la guionista y ex mujer de Lang, Thea von Harbou se había afiliado al nazismo. Esta mujer extraordinaria con un gran talento para escribir fue prisionera británica en 1945. Nunca más vio a Lang. Algo pasó.

En junio de 1954, Thea von Harbou asistió a un homenaje en honor a Lang donde se proyectó una película suya de 1921. El film de 99 minutos narra la oscura convivencia de dos enamorados con un tercer personaje: la muerte. Y como en la ficción, se cumplió la maldición de Mabuse.

Thea von Harbou se cayó al salir del cine y se fracturó la cadera. Murió hospitalizada el 1 de julio de 1954. Tenía 65 años. Se había casado en secreto con un joven hindú 17 años menor que ella. Su premisa para escribir era: el cerebro sin el corazón no es nada.

Así fue.

El cine de Fritz Lang influyó a Buñuel, Bergman, Hitchcook y Godart. Sus personajes eran grotescos como los relatos de Camus donde el más infinito mal se cuela en el brillo intermitente de los cigarrillos de la desesperación. Las calamidades del siglo XX regresan para quedarse.

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Juan Alonso

Juan Alonso

Periodista, escritor y docente. Columnista con Roberto Caballero en Radio Colonia y del programa ADN en C5N. Distinguido con el Premio Walsh de la Facultad de Periodismo de La Plata en 2017. Fue editor de Policiales de Tiempo Argentino.

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