Por qué quieren condenarme

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En Brasil comenzó a circular esta semana con más fuerza la versión de que el ex presidente, Luis Inácio Lula da Silva, podría ser detenido. Frente a esto el ex mandatario publicó una carta en la que denuncia persecución judicial y asegura que los hechos por los cuales ha sido acusado son falsos y que únicamente tienen como objetivo dañar el proyecto político que representa.

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Foto: Ricardo Stuckert

En más de 40 años de actuación pública, mi vida personal fue permanente escudriñada, por los órganos de seguridad, por los adversarios políticos y por la prensa. Por luchar por la libertad de organización de los trabajadores, llegué a estar preso y condenado como rebelde por la infame Ley de Seguridad Nacional de la dictadura. Jamás encontraron un acto deshonesto de mi parte.

Sé lo que hice antes, durante y después de haber sido presidente. Nunca hice nada ilegal, nada que pudiese manchar mi historia. Goberné Brasil con seriedad y dedicación, porque sabía que un trabajador no podía fallar en la Presidencia.

Las falsas acusaciones que vertieron no tenían la intención de afectarme a mí como persona sino al proyecto político que siempre representé: el de un Brasil más justo, con oportunidades para todos.

En vísperas de cumplir 71 años, veo mi nombre en el centro de una auténtica caza judicial. Invadieron mis cuentas personales, las de mi esposa y la de mis hijos, pincharon mis llamadas telefónicas y divulgaron su contenido, invadieron mi casa y me obligaron a declarar, sin un motivo razonable y sin base legal. Están buscando un crimen pero no encontraron ni van a encontrar nada.

Invadieron mis cuentas personales, las de mi esposa y la de mis hijos, pincharon mis llamadas telefónicas y divulgaron su contenido, invadieron mi casa y me obligaron a declarar, sin un motivo razonable y sin base legal.

Desde que la caza comenzó, en la campaña de 2014, recorro los caminos de la Justicia sin renunciar a mis compromisos. Continúo viajando por el país, al encuentro de sindicatos, de movimientos sociales, de partidos, para debatir y defender el proyecto de transformación de Brasil. No paré a lamentarme, ni desistí de luchar por la igualdad y la justicia social.

En estos encuentros renuevo mi fe en el pueblo brasileño y en el futuro del país. Constato que está viva en la memoria de nuestro pueblo cada conquista alcanzada en los gobiernos del PT: los programas ‘Bolsa Familia’, ‘Luz para Todos’, ‘Mi Casa, Mi Vida’, el nuevo ‘Pronaf’ (Programa Nacional de Fortalecimiento de la Agricultura Familiar), el Programa de ‘Adquisición de Alimentos’ y la valorización de los salarios que proporcionaron el mayor ascenso social de todos los tiempos.

Nuestra gente no se olvidará de los millones de jóvenes pobres y negros que tuvieron acceso a la enseñanza superior. Va a resistir a los retrocesos porque Brasil quiere más y no menos derechos. No puedo callarme, sin embargo, ante los abusos cometidos por agentes del Estado que usan la ley como instrumento de persecución política.

Nuestra gente no se olvidará de los millones de jóvenes pobres y negros que tuvieron acceso a la enseñanza superior. Va a resistir a los retrocesos porque Brasil quiere más y no menos derechos.

Basta observar la recta final de las elecciones municipales para constatar la caza al PT: la aceptación de una denuncia contra mí, cinco días después de haber sido presentada, y la prisión de dos ex ministros de mi gobierno cuya ‘espectacularización’, con toda seguridad, influenciaron en el resultado.

Jamás practiqué, autoricé o me beneficié de actos ilícitos en la Petrobras o en cualquier otro sector del Gobierno. Desde la campaña electoral de 2014, se viene repitiendo el discurso de que el PT ya no es un partido, sino una «organización criminal», y yo el jefe de la organización. Esa idea se difundió hasta la saciedad en titulares, portadas de revista, radios y canales de televisión. Necesitan probarlo a la fuerza porque «no existen hechos, solo convicciones».

No descarto que mis acusadores se crean esa tesis maliciosa, juzgada con su propio código moral. Pero incluso así es evidente la desproporción entre los millonarios desvíos investigados y lo que dicen que es el botín del jefe, dejando en evidencia que la historia es una falacia.

Percibo, también, una peligrosa ignorancia de los agentes de la ley sobre el funcionamiento del gobierno y de las instituciones. Delegados y promotores no sabían cómo funciona un gobierno de coalición, cómo se tramita una medida provisional, cómo se procede en una licitación, cómo se analiza y cómo se aprueba, colegiada y técnica, su financiación en un banco público, como el BNDES.

En esas declaraciones, ninguna de las preguntas sobre la hipótesis de la acusación era objetiva. Tengo la impresión de que no fueron más que ritos burocráticos, vacíos, para cumplir etapas y formalidades del proceso. Definitivamente, no atendieron al ejercicio del derecho de defensa.

Pasados dos años de operaciones de investigación, siempre filtradas con alboroto, no han conseguido encontrar nada capaz de relacionar mi nombre a los desvíos. Ningún centavo no declarado en mis cuentas, ninguna empresa de fachada, ninguna cuenta secreta.

Pasados dos años de operaciones de investigación, siempre filtradas con alboroto, no han conseguido encontrar nada capaz de relacionar mi nombre a los desvíos.

Hace 20 años que vivo en el mismo piso de Sao Bernardo (área metropolitana de Sao Paulo). Entre las decenas de detenidos delatores, ninguno reveló haber tratado algo ilegal o deshonesto conmigo, ni siquiera bajo la insistencia de los agentes públicos y a sabiendas que recibirían beneficios a cambio.

La frivolidad, la desproporción y la falta de base legal de las denuncias sorprenden y provocan indignación, así como el ritmo en el que son procesadas en juicio. No importan ya los hechos, pruebas y normas del proceso. Denuncian y procesan por mera convicción. Es grave que las instancias superiores y los órganos de control funcional no tomen medidas contra estos abusos.

Se me acusa, por ejemplo, de haber ganado ilícitamente un piso que nunca me perteneció. Y no me perteneció por la simple razón de que no quise comprarlo cuando me ofrecieron la oportunidad. Ni siquiera después de las reformas que, obviamente, serían incluidas en el precio. Como es imposible demostrar que la propiedad es mía, ya que nunca fue, me acusan entonces de ocultarla, basándose en argumentos surrealistas.

Se me acusa de corrupción por haber dado conferencias para empresas investigadas en la Operación Lava Jato. ¿Cómo puedo ser acusado de corrupción, si no soy un agente público desde 2011 cuando comencé a pronunciar las conferencias? ¿Y qué relación puede haber entre los desvíos de la Petrobras y las presentaciones, todas documentadas, que hice para 42 empresas y organizaciones de diversos sectores, no apenas para las cinco investigadas, cobrando un valor fijo y declarando impuestos?

Mis acusadores saben que no robé. No me corrompí ni intenté obstruir a la Justicia, pero no lo pueden admitir. No pueden echarse atrás después de la masacre que han promovido en los medios de comunicación.

Intento comprender que esta caza es parte de una disputa política, aunque sea una forma repugnante de luchar. No es a Lula a quien pretenden condenar: es al proyecto político que represento junto a millones de brasileños. En la tentativa de destruir una corriente de pensamiento, están destruyendo los fundamentos de la democracia en Brasil.

Intento comprender que esta caza es parte de una disputa política, aunque sea una forma repugnante de luchar. No es a Lula a quien pretenden condenar: es al proyecto político que represento junto a millones de brasileños.

Es necesario subrayar que nosotros, del PT, siempre apoyamos la investigación, el juicio y el castigo de quien desvía dinero del pueblo. No es una afirmación retórica: nosotros combatimos la corrupción en la práctica.

Nadie actuó tanto para crear mecanismos de transparencia y control de presupuestos públicos para fortalecer a la Policía Federal, La Agencia Tributaria, y el Ministerio Público, y para aprobar en el Congreso leyes más eficaces contra la corrupción y el crimen organizado. Esto lo han reconocido incluso los fiscales que me acusan.

Tengo la conciencia tranquila y el reconocimiento del pueblo. Confío que tarde o temprano la Justicia y la verdad prevalecerán, aunque sea en los libros de historia.

Lo que me preocupa, y a todos los demócratas, son las continuas violaciones al Estado de Derecho. Es la sombra del estado de excepción que se viene irguiendo sobre el país.

LUIZ INÁCIO LULA DA SILVA  fue presidente de Brasil (2003-2010). Es presidente honorario del PT (Partido de los Trabajadores)

Publicada originalmente en el Diario “Folha de Sao Paulo”.

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