¿Qué diablos es el peronismo?

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Mal que le pese a sus detractores o incluso a sus entusiastas, lo que define al kirchnerismo y genera tanto apoyo y tanto odio, es lo mismo que caracteriza al peronismo. Es un movimiento nacido desde el poder con la vocación de modificar una realidad considerada injusta a través del ejercicio pleno de ese poder y no de la búsqueda de un sistema coherente y prístino.

“Los cristianos, hippies y comunistas tercerizamos la transformación de la realidad en los peronistas”

Pedro Saborido

En “Las raíces del romanticismo”, Isaiah Berlin empieza por confesar la dificultad casi insalvable que implica definir el objeto de su estudio: “Cuando alguien se embarca sobre una generalización sobre el tema, aún en algo tan inocuo como decir, por ejemplo, que nació entre los poetas ingleses una actitud nueva ante la naturaleza –digamos, por ejemplo, en Wordsworth y Coleridge por oposición a Racine y Pope–, no faltará quien presente evidencia contraria basándose en los escritos de Homero o Kalidhasa, en las epopeyas árabes preislámicas, en la poesía española medieval y, finalmente, en los propios Racine y Pope.”

Berlin concluye, casi tan perplejo como sus lectores: “(El romanticismo) es unidad y multiplicidad. Es la belleza y la fealdad. El arte por el arte mismo, y el arte como instrumento de salvación social. Es fuerza y debilidad, individualismo y colectivismo, pureza y corrupción, revolución y reacción, paz y guerra. Amor por la vida y amor por la muerte”.

Si reemplazáramos el término “romanticismo” por “peronismo”, el asombro sería similar. Lo mismo ocurriría si eligiéramos “kirchnerismo”, la última variante de ese movimiento iniciado hace más de 70 años.

El peronismo racional

En efecto, según el Partido Obrero, el kirchnerismo fue “un gobierno de derecha que giró a la derecha” mientras que para su oposición de derecha, era “colectivista” y su política económica estaba determinada por un ministro “marxista”. Según Roberto Gargarella, el kirchnerismo es efectivamente de derecha mientras que para el ex ministro de Cultura porteño, el irascible Darío Lopérfido, “el kirchnerismo tiene la misma práctica violenta y brutal que el estalinismo”. Por su lado, Marcos Aguinis, escritor apocalíptico, comparó al kirchnerismo con el nazismo mientras que para Joaquín Morales Solá es cada vez más parecido al chavismo.

Para otros, como Julio Bárbaro –líder del Peronismo Imaginario- el kirchnerismo ni siquiera formaría parte del peronismo, lo que aporta una cuota adicional a la confusión general.

En realidad, mal que le pese a sus detractores o incluso a sus entusiastas, lo que define al kirchnerismo y genera tanto apoyo y tanto odio, es lo mismo que caracteriza al peronismo. Es un movimiento nacido desde el poder con la vocación de modificar una realidad considerada injusta a través del ejercicio pleno de ese poder y no de la búsqueda de un sistema coherente y prístino. El peronismo toma las instituciones como un marco y no como un fin en sí mismo. Es, en el fondo, una manera de ejercer el poder –para bien o para mal- con obstinación e impaciencia.

Para eludir la dificultad que señala Isaiah Berlin ante un movimiento difícil de describir prefiero dejarle la última palabra a Leonardo Favio, quien parece haber llegado a una definición casi inapelable: “Me hice peronista porque no se puede ser feliz en soledad”.

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