Reconocimiento trans y travesti para reparar

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El jueves 6 de octubre organizaciones LGTTBI presentaron en el Congreso un proyecto de ley de reparación histórica que busca el reconocimiento por parte del Estado de la violencia institucional a la que fueron sometidas sistemáticamente las personas trans y travestis por las fuerzas de seguridad pública. Este miércoles travestis y trans también marchan y participan del Paro Nacional de Mujeres por ser igualmente víctimas de la violencia de género y el patriarcado.

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Las travestis/trans, ¿por qué marchamos hoy? Porque somos víctimas de las desigualdades de género. Porque irrumpimos, rompemos, ponemos en tensión el género desde nuestra corporalidad. Porque somos femeneidades con pene o masculinidades con vaginas. Porque nuestras relaciones suelen estar ubicadas en el morbo, lo sexual, pornográfico, el consumo y la subordinación para vivir en un sistema que nos ofrece; para subsistir en un mercado que nos mata, nos excluye e invisibiliza nuestras necesidades y particularidades. Los derechos deberían ser para todxs: vivienda, salud, educacion, trabajo. Más allá de eso, nuestros cuerpos se muestran para ser odiados –diría Claudia Rodríguez– bajo este sistema ético-moral-religioso impuesto por la heterosexualidad, el patriarcado, la hegemónizacion que el Estado pretende sobre nuestras identidades disidentes. Nos matan todos los días, de las formas más violentas o de hambre, nos humillan, nos desidentifican, nos desmoralizan. ¿Cómo soñar con un futuro en estas condiciones? Queremos un futuro, queremos vivir dignamente, queremos un autoestima que nos permita hacer, vivir, proyectar. Pero nos matan desde muchos lugares. Por eso paramos.

Reconocer es reparar

El jueves 6 de octubre presentamos en el Congreso el proyecto de Ley 2526, de reparación histórica, junto a la diputada Diana Conti y las organizaciones LGTTBI. ¿Qué dice el proyecto de Ley que presentamos en el Congreso?

Establece una pensión graciable para aquellas personas que hayan sido privadas de su libertad por causas relacionadas con su identidad de género como consecuencia del accionar de las fuerzas de seguridad federales y/o por disposición de autoridad judicial o del Ministerio Público de jurisdicción nacional o federal. Se les otorga el “beneficio” indiscutible a las personas a las que se les haya aplicado los incisos “F”, “H”, “I” del artículo 2 del derogado reglamento de procedimientos contravencionales del Edicto policial dictado por la Policía Federal Argentina. El inciso “F” penalizaba a quien usará ropa del sexo opuesto, el “H” a quienes públicamente incitare al acto carnal y el “I” a los sujetos conocidos como pervertidos.

Para ser más claros: el “F” penalizaba a personas travestis y trans, ya que se consideraba que usaban ropa opuesta al sexo; el “H” para las personas que se encontraban en situación de prostitución; y el “I” a las Maricas-Gays-Putos que se “les notaba”.

Esta forma de operar se definió como delitos de lesa humanidad y una violación sistemática de los Derechos Humanos de las personas –en su mayoría Travestis y Trans–.

Si hacemos un recorrido biográfico las historias eran siempre las mismas: en primera instancia se las expulsaba del núcleo familiar apenas manifestaban su expresión de género, que mayormente sucede entre los 8 a 14 años. De esta manera, quedaban completamente desamparadas, en la calle, y en su gran mayoría, migraban a grandes ciudades como Buenos Aires, o donde se pudiera. Allí se encontraban con otras pares, paraban en alguna pensión, hotel, se “hacían” el cuerpo y lo único que te ofrecía esta sociedad era el intercambio de sexo por unos pesos mugrientos para pagar la pensión (como diría Susy Shock).

La policía las violaban, las golpeaban y las quemaban pero ellas nunca se cansaban de defender a ultranza sus identidades autopercibidas. Aparecían por ahí muertas, atadas con alambres de púa, desfiguradas, total… ¿quién reclamaría por ellas?

No puedo omitir los relatos de compañeras con las que pude conversar, –aunque son pocas las sobrevivientes y por ende, las pocas “beneficiarias” de estas infancias, adolescencias, futuros robados– que me decían que una vez adentro, la policía las violaban entre varios, las quemaban, les decían: “¡Dale, deci tu nombre puto!”, y se cansaban de darles patadas en todo el cuerpo. Pero ellas nunca se cansaban de defender a ultranza sus identidades autopercibidas. Aparecían por ahí muertas, atadas con alambres de púa, desfiguradas, total… ¿quién reclamaría por ellas?

Pedirle al Estado que reconozca este tipo de violaciones hacia nuestra comunidad tiene un valor simbólico importante, y al menos yo necesito ampliar los “porqués”. Si pienso en la cantidad de las personas que serán beneficiarias, me llena de angustia, y es ahí cuando comienzo a visualizar nuestro logros, la lucha de nuestras compañeras que dejaron sus vidas por los derechos que hoy podemos gozar. El aporte que dejaron para la sociedad TODA en el marco de los derechos humanos y para nuestro colectivo. Visualizo a Nadia Echazú, Lohana Berkins, Diana Sacayan, Marlene Wayar, entre otras, de quienes legamos un estándar altísimo a nivel internacional en el marco de derechos para nuestra comunidad. Tenemos una ley de Identidad de género que NO patologiza, que no criminaliza, que no tiene que pasar por trámites judiciales, donde el único error es no habernos reconocido en nuestros propios términos; en términos de la diferencia y que sea travesti, transexual y no incluirnos en el concepto mujer que como par sistémico es hombre y mujer. Es el sistema hegemónico en donde quedan invisibilizadas muchas particularidades de nuestra identidad.

Todo esto fue posible porque tuvimos también una articulación con un proyecto de país que atendía nuestras necesidades, escuchaba nuestros reclamos y no se puede negar que de a poco, nos íbamos convirtiendo en sujetas de derecho.

Todo esto fue posible porque tuvimos también una articulación con un proyecto de país que atendía nuestras necesidades, escuchaba nuestros reclamos.

La dignidad humana es el derecho que tiene cada ser humano de ser respetado y valorado como ser individual con sus características y particularidades por el solo hecho de ser persona. Esto no estuvo contemplado ni por el Estado, ni de la sociedad bajo sus constructos. Es por eso que es sumamente significativo reconocer estos delitos y continuar manteniendo nuestras conquistas.

Homenaje a Lohana

El día de la presentación del proyecto de Ley en Congreso también se lanzó la campaña #ReconocerEsReparar y homenajearon a la activista trans Lohana Berkins fallecida en febrero pasado.

Lohana nació en Salta, en algún año de la década del ’60, pero siendo muy joven tuvo que abandonar su pueblo para recalar en la capital provincial y luego, trasladarse a Buenos Aires, donde –como la mayoría de las travestis– logró sobrevivir en la prostitución.

Una vez aquí empezó a reconocer la importancia de organizarse en torno a su identidad de género y pelear por la visibilidad y el reconocimiento de las personas trans. Es así que fundó, junto a otras compañeras, la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual (ALITT). Fue la primera travesti con un empleo estatal y formó parte del Frente Nacional por la Ley de Identidad de Género que impulsó la sanción de la Ley de Género. En febrero de este año falleció luego de estar varios días internada. Antes de despedirse compartió esta carta públicamente: “Queridas compañeras, mi estado de salud es muy crítico y no me permite reunirme personalmente con ustedes. Por eso quiero agradecerles sus muestras de cariño y transmitirles unas palabras por medio de la compañera Marlene Wayar, a quien lego esta posta. Muchos son los triunfos que obtuvimos en estos años. Ahora es tiempo de resistir, de luchar por su continuidad. El tiempo de la revolución es ahora, porque a la cárcel no volvemos nunca más. Estoy convencida de que el motor de cambio es el amor. El amor que nos negaron es nuestro impulso para cambiar el mundo. Todos los golpes y el desprecio que sufrí no se comparan con el amor infinito que me rodea en estos momentos. Furia Travesti Siempre”.

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