Un gobierno jardín de infantes

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Poco antes de llegar a la presidencia, Mauricio Macri sostenía que la clave para convertirnos en un “país serio” era la buena administración en contraposición a la mala gestión que todos sus predecesores, nada menos, nos habían legado. Hoy, el mejor equipo de los últimos 50 años, que venía a resolver décadas de descalabros políticos, pasó a ser el gobierno jardín de infantes, carente de responsabilidades y que busca endosar a otros el abismo al que nos llevó con sus políticas.

“El peronismo armó un golpe de Estado en 2001”

Fernando De la Rúa

A principios de diciembre del 2015, unos días antes de asumir la presidencia, Mauricio Macri presentó a su futuro gabinete en una conferencia en el Jardín Botánico: “Lo central cuando uno emprende una tarea es tener el mejor equipo posible y me comprometí a armar el mejor de los últimos 50 años y esto representa eso, gente valiosa, argentinos con trayectoria y buenas intenciones”. Allí, en ese espacio público creado por iniciativa de Domingo F. Sarmiento, un ilustre predecesor del nuevo presidente, nació la letanía del “mejor equipo”, un grupo de profesionales eficientes abocado a aplicar un manual reconocido en el mundo entero, que nos llevaría de forma inexorable hacia el mismo desarrollo de los “países serios”.

El mejor equipo se definía no sólo por la autoproclamada eficiencia en la administración de empresas heredadas sino, y sobre todo, por buscar diferenciarse de décadas de descalabros políticos, un período que oscila entre 70 y 100 años, de acuerdo a si quien lo enuncia incluye las presidencias del populista Hipólito Yrigoyen o se limita a la calamidad peronista.

En aquella época que hoy parece tan lejana, Macri sostenía que “eliminar la inflación será la cosa más simple que tenga que hacer si soy Presidente”. Su diagnóstico, de una simpleza franciscana, explicaba que “la inflación se produce por culpa de un gobierno que administra mal”. La clave era la buena administración en contraposición a la mala gestión que todos sus predecesores, nada menos, nos habían legado.

Los mediocres resultados en el área que el gobierno de los contratistas del Estado decía dominar, la economía, no atenuó las certezas del mejor equipo. En septiembre de 2018, luego de tener que acudir con urgencia al FMI, su contratista de última instancia, y que ya hubiera incumplido las primeras metas acordadas con el organismo, el Presidente afirmó: “Este es el único camino, no hay otro”. Macri también remarcó la necesidad de “terminar con 70 años de engaños, de frustraciones, de no enfrentar la realidad, que nos ha llevado a creer que somos muy vivos, viviendo de prestado para después no cumplir con aquellos que nos prestan”. Relanzar un nuevo ciclo de deuda y, al mismo tiempo, criticar vivir de prestado no le parecía una contradicción en los términos.

La realidad se empeña en equivocarse

La oposición pidió sin éxito que el acuerdo, que implicó el mayor préstamo otorgado por el organismo (en realidad, el mayor aporte de campaña de la historia), se tratara en el Congreso y CFK denunció el “cepo estructural” que representaba esa nueva deuda.

Alfredo Zaiat escribió sobre esa nueva negociación con el FMI (que no sería la última): “Para evitar el bochorno de haber pactado uno de los programas más ambicioso en monto de financiamiento y, a la vez, el más rápido en fracasar, el FMI reclamará pruebas de amor más intensas, que el gobierno de Macri entregará porque así espera no caer al vacío del abismo”.

Luego que las elecciones primarias dejaran a Mauricio Macri a 15 puntos de Alberto Fernández y evaporaron sus chances de conseguir un segundo mandato, y que los vaticinios de la oposición con respecto a la política económica de Cambiemos se volvieron certezas, el oficialismo cambió de registro. Ya no se se define como un eficaz equipo de técnicos de primera línea sino como un gobierno que se derrumba, víctima de la obstinación opositora a no apoyar un camino que rechaza y que el electorado condenó en las urnas.

Del mejor equipo de los últimos 50 años, que daba lecciones a todos sus predecesores, pasamos así al gobierno jardín de infantes, carente de responsabilidades y que busca endosar a otros el abismo al que nos llevó con sus políticas.

No la vimos venir.

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