Un límite a la ofensiva antidemocrática de las hate news

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Los discursos de odio y las fake news se propagan velozmente en los medios y especialmente en las redes sociales. Las derechas los convirtieron en parte de su repertorio discursivo y legitiman así la violencia más allá de las pantallas. La Defensoría del Público lanzó NODIO un observatorio sobre las desinformación y la violencia simbólica en medios y plataformas digitales para proteger a la ciudadanía comunicacional de este tipo de situaciones.

En estos días se viene desarrollando un debate sobre el impacto de las redes sociales en la polarización política que a través de fake news y los llamados “discursos de odio” añaden segregación a la segmentación propia de las burbujas informativas y la dinámica contemporánea de la comunicación. Este fenómeno, abordado en películas como Hater, documentales como El dilema de las redes y numerosos libros, está lejos de ser una abstracción académica o una situación de la ciudadanía digital del primer mundo. Sus lógicas y efectos son transnacionales y están instalados, no sólo en las redes de nuestro país sino también en los medios tradicionales, abarcando los distintos espacios del debate público. El rasgo más actual y delicado es que están siendo emitidos por actores políticos que desde adentro del juego democrático los legitiman abonando al autoritarismo social y habilitando la violencia más allá de las pantallas. La radicalización discursiva de las derechas convirtió a los discursos de odio en su repertorio. El propio presidente Alberto Fernandez denunció como “terraplanismo de la política” los argumentos anticiencia que basados en fake news promovieron los argumentos anti cuarentena.

Los discursos de odio son identificados como narrativas estigmatizantes que promueven representaciones xenófobas, misóginas, racistas y  clasistas que tienen como finalidad excluir al otro de la discusión y ejercer la violencia simbólica, pero sus efectos son mayores, porque el lenguaje es performativo y habilita por ejemplo la agresión física. Las fake news, cuya traducción al español es “noticias maliciosas” son una de las formas en las que estos discursos se expanden. El sociólogo Ezequiel Ipar[1] utilizó recientemente el término hate (odio) news para los casos en que estos inventos deliberados buscan arremeter contra poblaciones específicas. Un ejemplo claro sería cuando en plena pandemia se culpabiliza a los chinos por el origen del virus.

Los efectos de los discursos de odio son corrosivos para el debate público y no sólo colisionan contra la democracia en este punto, sino también cuando afectan el derecho de algunas personas a ser elegidos/as como en el caso de la violencia política contra las mujeres y personas LGTBIQ. Distintas organizaciones de la sociedad civil realizaron estudios recientes para identificar cómo y contra quiénes operan los discursos de odio. Amnistía investigó la forma en que la dinámica de twitter afectaba a las mujeres que subían contenido político[2] y ADC[3] entrevistó a mujeres lesbianas de cuatro países de la región para conocer en profundidad cómo sufrían el acoso en las redes. Las Naciones Unidas no están ajenas al tema y recientemente publicaron principios de lineamientos para abordar la temática. Si los discursos de odio buscan excluir al otro/a de la conversación pública entonces identificarlos y contrarrestarlos es una forma de sumar voces. A su vez interpelan a gobiernos, sociedades y el sector privado a tomar responsabilidades en el asunto.

El odio como lenguaje

Las plataformas vienen siendo fuertemente cuestionadas en este sentido, no sólo en relación a los términos que utilizan para identificar los discursos de odio, sino a la capacidad de dar respuesta a los reclamos de los y las usuarias. Es que en la pandemia estas denuncias crecieron exponencialmente. Por otra parte, los procesos electorales son momentos especialmente sensibles para la circulación de discursos de las plataformas. Facebook mismo emitió un comunicado[4] en el que reconocía sus limitaciones para actuar frente a operaciones de influencia que se desarrollan desde distintas plataformas, sitios independientes y otros medios que quedan fuera de los alcances de sus autorregulaciones.

Pero como decíamos, la violencia discursiva no es un fenómeno exclusivo de las redes sociales y está interrelacionado con todos los espacios de circulación de la palabra. La Defensoría del Público de los Servicios de Comunicación Audiovisual recibe cotidianamente reclamos de las audiencias  en relación a la discriminación, la violencia simbólica y las fake news en el ámbito de la radio y la televisión. Esta situación constituye un llamado de atención sobre las condiciones en la que se producen y reproducen estos discursos anti derechos, la legitimación que le aportan quienes los emiten y las consecuencias que producen en la sociedad. Según la Defensora Miriam Lewin la situación es preocupante “En una etapa de aislamiento, en la que medios y redes son nuestra ventana al mundo, la difusión de mensajes  favorables a la   dictadura cívico militar, misóginos, sexistas, racistas, xenófobos, homofóbicos intoxican el debate democrático y refuerzan opiniones que promueven la polarización, cancelan la diversidad y  pueden conducir a la violencia física”.

En este sentido, la Defensoría presentó este viernes un observatorio que trabajará en la detección y verificación de la información, en la identificación y desarticulación de las estrategias argumentativas y la identificación de las operaciones de difusión con el objetivo de proteger a la ciudadanía comunicacional de este tipo de situaciones.

A diferencia de iniciativas como Chequeado e incluso la pública CONFIAR (de la Agencia Telam  Conicet) esta iniciativa busca ir más allá de la verificación de la información con la intención de estudiar e investigar estos fenómenos, promover la discusión pública sobre los mismos y servir de sustento para nuevas políticas públicas que protejan el derecho a la comunicación.

Las respuestas frente a la ofensiva antidemocrática de los discursos de odio requieren profundizar el abordaje, analizar no sólo las dinámicas sino también las causas y sobre todo construir una respuesta ciudadana que pueda establecer límites frente a su avance. En palabras de la Defensora “tenemos la responsabilidad de decir ‘Así No’ cuando la agresividad reemplaza a la opinión o la malicia arremete contra la información”.


Notas

[1] http://revistaanfibia.com/ensayo/hate-news/

[2] https://amnistia.org.ar/wp-content/uploads/delightful-downloads/2018/05/TOXICTWITTER-report_SP.pdf

[3]https://adc.org.ar/wp-content/uploads/2020/06/ADC-Informe-M%C3%A1s-que-palabras-06-2020.pdf

[4] https://about.fb.com/news/2020/10/recommended-principles-for-regulation-or-legislation-to-combat-influence-operations/

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