Una república bananera

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Las elecciones de Estados Unidos se desarrollaron en medio de irregularidades, con violencia en las calles, pérdida de votos y un sistema electoral arcaico. Por suerte para don Luis Almagro, titular de la OEA y uno de los felpudos más notables del Departamento de Estado, el país en cuestión no es ni Bolivia, ni Brasil, ni Ecuador, Venezuela o Argentina. Esta vez no tendrá que exigir la anulación de los comicios sino que alcanzará con mirar hacia otro lado.

Imaginemos que hay elecciones en algún país de la región. No en cualquiera sino en uno cuyo presidente buscara su reelección y no contara con el entusiasmo pleno del Departamento de Estado, por decirlo de alguna manera. Podría ser Evo Morales en Bolivia, Lula en Brasil, Correa en Ecuador, Chávez en Venezuela o incluso CFK en Argentina.

El país en cuestión tendría un sistema electoral complejísimo, con un arcaico colegio electoral que impide la elección directa de los representantes del pueblo y que, además, delega en cada jurisdicción subnacional las reglas para decidir quién es el ganador de cada elección, lo que agrega confusión en caso de diferencias muy estrechas.

A la complejidad del sistema electoral, que en el pasado llevó a judicializar el resultado de una elección presidencial, en nuestro ejemplo de país se sumaría “una sociedad profundamente polarizada. No solo en temas como los impuestos o el aborto. Está polarizada en el sentido de que la gente ve a aquellos con los que disiente como enemigos”.

Esa polarización se traduciría en disturbios y saqueos en respuesta a la violencia policial en contra de minorías raciales y también en la aparición de grupos supremacistas blancos armados hasta los dientes para protegerse de sus alucinaciones conspirativas, que pasearían en las cercanías de los locales electorales durante las elecciones para desalentar el voto.

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Para acrecentar el bochorno electoral, el correo nacional del país en cuestión habría informado la pérdida de 300.000 votos enviados a través del sistema postal y miles de electores habrían desaparecido de los padrones electorales sin una explicación clara. En varios estados, el conteo de votos se habría suspendido y sería retomado varios días después del día de la votación, generando sospechas de todo tipo.

En un caso como el que imaginamos, frente a tantos datos preocupantes que atentan contra la democracia y coso, el Departamento de Estado y sus satélites locales habrían exigido anular los comicios e incluso nombrar a algún títere complaciente, como ocurrió el año pasado en Bolivia con Jeanine I, Emperatriz del Beni, Terror de los ateos, marquesa de Potosí, Defensora de las Santos Evangelios, Tigresa de los Llanos, Zarina de Cochabamba, Patrona de la Justicia, Hoguera de los agnósticos y ex Presidenta autoproclamada del Séptimo Día.

Por suerte para don Luis Almagro, titular de la OEA y uno de los felpudos más notables del Departamento de Estado, el país en cuestión no es ni Bolivia, ni Brasil, ni Ecuador, Venezuela o Argentina, sino EEUU. Esta vez no tendrá que exigir la anulación de los comicios sino que alcanzará con mirar hacia otro lado, una tarea en la que suele descollar.

Ocurre que al ser el único país de la región sin embajada de EEUU, los EEUU no corren peligro alguno de intervención exterior.

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