Ver lo que hacen, no hacer lo que dicen

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Cristina Fernández de Kirchner hizo visible, en la presentación de su libro “Sinceramente”, la eterna contradicción de aquellos países que nuestra derecha llama “serios”: exigen a los países en desarrollo políticas que jamás implementarían en sus fronteras. Hay que ver qué hacen los países que tomamos como ejemplo antes que hacer lo que dicen.

A mediados del 2004, Horacio Verbitsky fue invitado al programa de televisión del periodista Andrés Oppenheimer (“Oppenheimer Presenta”) en el que debatió con el general James Hill, jefe del Comando Sur de los Estados Unidos, y con Roger Pardo, funcionario del Pentágono encargado de América Latina.

Partiendo de la “doctrina de las nuevas amenazas”, una tenaz letanía que el Pentágono intenta venderle a sus aliados latinoamericanos desde hace décadas, el general Hill explicó que las Fuerzas Armadas de la región debían prepararse para combatir junto a la policía las calamidades que engloban esas “nuevas amenazas”, una noción tan escalofriante como vaporosa que incluye desde el narcotráfico hasta el terrorismo, pasando por los desastres naturales, el cibercrimen o la trata de personas. El general argumentó que esto no se podía implementar “hace 25 años porque los militares no apoyaban a la democracia y en muchos casos eran gobierno”. Con comprensible pudor, el funcionario con charreteras prefirió obviar que en aquella época lejana sus antecesores en el cargo apoyaban con ahínco a esos militares gobernantes.

El argumento es sencillo: el mundo cambió, se volvió un lugar mucho más inseguro por culpa de esas nuevas acechanzas globales y la respuesta eficaz para protegernos es la de permitir que las Fuerzas Armadas actúen en seguridad interior. Por supuesto, bajo la desinteresada coordinación del Pentágono.

Cristina presentó su libro: la sala de la unidad

Al terminar su explicación, Verbitsky le preguntó qué es lo que hace el ejército norteamericano para luchar contra el narcotráfico en su propio territorio, el mayor mercado del mundo en consumo de drogas. Una simple pregunta que enfureció al hasta ese momento mesurado funcionario Pardo, quien explicó que a diferencia de lo que ocurre en América Latina, donde existe una “confusión total”, en EEUU “las cosas son muy claras” y las Fuerzas Armadas tienen prohibido actuar en seguridad interior. Verbitsky le contestó que en la Argentina y el resto de los países de la región, “después de las dictaduras, lejos de haber una confusión hay una claridad creciente sobre esos temas” y explicó que “nosotros queremos hacer como hacen ustedes, queremos que el Ejército se ocupe de las amenazas externas y que la policía se ocupe de la criminalidad”. “La presión que el Comando Sur está ejerciendo para que los militares participen en tareas de seguridad interior, eso es contribuir a la confusión”, concluyó.

Hace unos días, en la presentación de su libro “Sinceramente”, CFK elogió la política laboral de Donald Trump: “Mirá lo que está pasando en Estados Unidos, la economía vuela, tiene el índice más bajo de desempleo en 50 años» y agregó que «sería bueno que los que viajan tanto, escuchen e imiten lo que hacen allá». Lo notable es que ese mismo presidente elogiado por CFK apoya a Mauricio Macri, un presidente a las antípodas en materia de defensa del empleo, y presiona al FMI para que siga financiándolo (como escribimos acá, más que un préstamo el del FMI es el mayor aporte de campaña de la historia).

Ocurre que, tanto Verbitsky como CFK hicieron visible la eterna contradicción de esos países que nuestra derecha llama “serios”: la de exigir a los países en desarrollo políticas que jamás implementarían en sus fronteras.

Por eso, es siempre más prudente analizar qué hacen los países que tomamos como ejemplo antes que hacer lo que dicen.

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