Ley de Educación Ambiental: respuesta necesaria para una crisis urgente

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El coronavirus es la consecuencia global más impactante de la destrucción del medio ambiente, consecuencia de la deforestación de bosques en el sudeste asiático. En Córdoba y el Delta los ecosistemas se destruyen bajo las llamas. Por eso, durante el segundo Encuentro Interdisciplinario sobre Cambio Climático se trató la crisis socioambiental sin precedentes en magnitud y consecuencias que vivimos. Con este panorama, urgente y desafiante, referentes de sectores políticos y sociales debatieron acerca de una Ley de Educación Ambiental que ayude a transformar los procesos políticos y económicos que nos trajeron a la crisis actual.

La pandemia reveló a nivel planetario, quizás como ninguna otro fenómeno, la crisis desatada por las consecuencias de la depredación de los ecosistemas a gran escala. Salvo para los que adscriben al negacionismo -con Donald Trump y Jair Bolsonaro, a la cabeza-, nadie escapa a la certeza de que estamos enfrentando una pandemia de origen zoonótico, producto en este caso, de la deforestación intensiva de los bosques del sudeste asiático. Lo que el coronavirus nos muestra, de una manera feroz, es el alcance que tiene la crisis socioambiental que estamos transitando a nivel global a causa del cambio climático. Y que se aceleró al ritmo del actual modelo de desarrollo que tiene como rasgos, entre otros, el extractivismo, la deforestación y el (mal) manejo del suelo, la destrucción de hábitats y ecosistemas, la acumulación de capital. Ninguna de las crisis por las que estamos transitando -sanitaria, económica, social, financiera- pueden disociarse de la política que les allanó el camino y mucho menos, del poder de lucro que hay detrás de este desastre.

Nueva normalidad

La necesidad de un cambio de paradigma del actual modelo de desarrollo y consumo hacia uno con perspectiva ambiental, y el desafío de salir de la pandemia hacia una nueva normalidad que no sea igual a la vieja que nos trajo hasta aquí, fueron conceptos recurrentes entre los expositores del encuentro. El marco en que se da esta discusión pone en juego la importancia de un compromiso político que sea a largo plazo. Y de decisiones que son cada día más necesarias para tomar. “Una ley de educación ambiental no solo atañe a la escolarización ambiental como conductas individuales en la solución de los problemas, sino estudiar los procesos políticos y económicos que llevan a la crisis que estamos viviendo”, definió la diputada nacional Gabriela Cerruti, del Frente de Todos y autora del proyecto de ley. Y así como este año hubo un Presupuesto este año  con perspectiva de género, “también tendremos que tener uno que sea atravesado por lo ambiental”, estimó.

Pero como las leyes solas no resuelven los problemas, es necesaria la construcción de una crítica sobre la nueva normalidad que estamos afrontando. Lo peor sería que se repitan los parámetros de siempre.

Durante el encuentro, los representantes de la sociedad civil opinaron que no hay tiempo para perderse en los consensos curriculares, mientras el ministro de Educación, Nicolás Trotta, anticipó la formación de un consejo que trabajara sobre el tema. Más bien, señalaron que es prioritario empezar a  cambiar el eje de la conversación, tomar medidas para comenzar a salir de la crisis socioambiental y educar en todo caso, a quienes tienen gestión de gobierno para que lleven a cabo las políticas públicas necesarias. “La Argentina tiene muy buenas leyes ambientales -destacó Laura Rocha, periodista y presidenta de la Asociación Periodistas por el Planeta-. Desde 1994, vivir en un ambiente sano tiene rango constitucional.  No se trata entonces de imponer una agenda, sino de cambiar la conversación. Nada es “un poco más urgente” que otro tema: es exactamente igual de urgente tratar la deuda externa como debatir sobre las metas de carbono neutral para 2030. La crisis climática está acá”.

Mercedes Pombo, de Jóvenes por el Clima, enfatizó en el mismo sentido: “No se pueden disociar las catástrofes que se producen por falta de política ambiental y por el lucro de los poderes fácticos. Una ley de educación ambiental no alcanza porque la crisis no es algo del futuro. Ya se están viviendo la crisis y la urgencia. No es una cuestión que se restrinja a la educación en términos formales sino a las prácticas sociales. Es un paso positivo, pero falta apuntar  a la dirigencia política a la población en términos generales”.

Por un educación ambiental multidisciplinaria

Las tensiones del presente

La tensión que atraviesa la crisis socioambiental, no está exenta de las tensiones -y atenciones- que se juegan entre el poder político y las corporaciones a nivel mundial. El dirigente español Juan López Uralde, diputado de Podemos y presidente de la Comisión de  Transición Ecológica, contó que durante el gobierno del Partido Popular, se había retrocedido en temas ambientales. “Sufrimos una contrarreforma ambiental: la derecha española fue reduciendo la fuerza de toda la legislación: ley de costas, de montes, de impacto, de residuos… Y se hizo con el objetivo de favorecer intereses económicos específicos”.

Los movimientos populares y ecologistas empujaron para que, finalmente, el año pasado se aprobara la Emergencia Climática en España, el país europeo que más está padeciendo el cambio climático por su ubicación geográfica. Los impactos calaron en la percepción de la ciudadanía por la fuerza de la realidad: temperaturas extremas, incendios forestales, escasez de agua. En la discusión actual que hay sobre una posible reforma educativa española, se prevé la introducción de la educación ambiental como elemento preponderante.

Además de la diputada Cerruti, del diputado Leonardo Grosso -presidente de la Comisión de Recursos Naturales y Ambiente Humano del Congreso- y del ministro Trotta, también participaron del encuentro vía streaming: Miriam Lewin -Defensora del Público-, Graciela Mandolini -de la cátedra Soberanía Alimentaria, de la Universidad nacional de Rosario-, y Jackie Flores -de la CTEP-. Los invitados internacionales, además de López Uralde, fueron Rodrigo Echecopar – e Nuestra América Verde, de Chile- y Luiza Dulci – Frente agrario del PT, Brasil-.

Pospandemia: lo que viene

“¿Qué educación ambiental queremos? -preguntó Luiza Dolci-. Una educación orientada a lucha contra las desigualdades, a partir de la pluralidad y la igualdad, y en contra de las monoculturas agrícolas y las monoculturas del pensamiento. Una educación que trae conocimiento de la academia y las organizaciones sociales. La educación ambiental no puede estar sin un debate político, social, económico y cultural”. Un ideario que también fue delineado por el papa Francisco en su encíclica Laudato Si, retomada por algunos de los disertantes.  “La idea del cuidado de la casa común (como la llama el Papa) tiene que ver con la perspectiva de la economia feminista. La cuestión de la tierra tiene que ver con las desigualdades, porque se concentran en manos de pocos”, redobló la dirigente brasileña.

El economista chileno, Rodrigo Echecopar, sostuvo que una ley de educación ambiental tiene que romper con la falsa dicotomía entre desarrollo y sustentabilidad: “No entender que se puede hacer justicia social con justicia climática es un error que hay que disipar”.
La crisis socio ambiental y sus altísimos costos, se verán aún peores cuando el coronavirus sea un mal recuerdo. Dejará un tendal de empobrecidos que se sumarán a los ya desclasados que estaba dejando una sociedad desigual, injusta y egoísta.
“La ley de educación ambiental será una manera de recuperar la construcción de espacios donde pensar social y colectivamente, las temáticas de identidad, soberanía alimentaria, territorio”, concluyó Graciela Moldini.

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