Importaciones, deuda y un modelo económico destructor del empleo

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El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) publicó dos nuevos datos. Uno de ellos fue tapa de algunos diarios: la actividad económica arrojó un crecimiento del 3,3%. Pero el otro, menos difundido, es que la balanza comercial fue deficitaria. Los peligros de tomar deuda para compensar números que no cierran.

Publicado por Notas Periodismo Popular

En mayo el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) creció 3,3% respecto de mayo de 2016. La economía produjo un 3,3% más que en mayo del año pasado. Esto llevó a algunos medios a titular que “según el INDEC; la economía creció en mayo”.

Hay factores que permiten explicar ese crecimiento: por ejemplo la construcción (+9,3%), el sector agrícola (3,3%) están traccionando esa evolución. No obstante, cuando uno analiza los datos en fino, puede ver que en realidad en mayo 2016 ese indicador había caído un 3% interanual. Esto implica que el pasado mes de mayo recién logramos recuperar el tamaño que tenía la economía en mayo 2015.

Elaboración propia en base a datos del INDEC.

Elaboración propia en base a datos del INDEC.

El problema no es solo que sea una economía del mismo tamaño que hace dos años. Es una economía en la que hay menos trabajo y más endeudamiento. Es decir, con el mismo tamaño pero con debilidades nuevas y nuevos problemas.

Déficit comercial

La balanza comercial es el resultado que surge de restarle a las exportaciones el valor de las importaciones. Si el país vende más al exterior de lo que compra del exterior, hay un superávit comercial, y eso implica que entren dólares, que estás produciendo para el resto del mundo. Si, por el contrario, importás más de lo que exportás, tenés déficit comercial, y necesariamente implica salida de dólares.

El dato de la balanza comercial de junio que publica el Instituto de Estadística indica un déficit por casi 750 millones de dólares. Y se acumulan 1.500 millones de déficit entre abril y junio. Es particularmente preocupante porque el segundo trimestre generalmente es el mejor del año, porque es en el que se cosecha la soja y el maíz, que son dos de nuestros principales productos de exportación. Siempre es el periodo en el que más dólares entran por comercio exterior. Desde 1998 no ocurría que el saldo de la balanza comercial del segundo trimestre diera deficitario.

El complejo agrario está demorando un poco las exportaciones especulando con una subida de los precios internacionales y del tipo de cambio de Argentina. Pero no parece ser el factor fundamental. De hecho en promedio las exportaciones se mantuvieron constantes, no es que cayeron significativamente respecto de 2016. Lo que sí tuvo un crecimiento muy importante fueron las importaciones, que variaron un 17% en relación al año anterior. Ya en 2016 habían crecido mucho también.

¿Por qué es un problema?

Hay dos cuestiones. Una tiene que ver con el empleo, ya que se trata de un déficit comercial asociado a la apertura importadora.

En 2016 hubo una anomalía en la economía argentina, algo que no suele pasar, que en la teoría económica no tiene sentido: mientras caía el consumo de los argentinos crecía la cantidad de bienes de consumo que entraban desde el exterior. Mientras bajaba el nivel de consumo se estaban demandado más bienes importados, lo que pasaba es que se estaba sustituyendo producción nacional por importada. Y esto tiene un correlato en términos de empleo.

El segundo punto tiene que ver con los dólares. La fuente más genuina de ingreso de divisas de un país es el saldo comercial, consta en venderle al exterior más de lo que se le compra. Esta tendencia en materia de déficit comercial por apertura importadora viene desde el inicio del gobierno de Cambiemos y se va consolidando como se ve reflejado en estos indicadores.

Efectivamente las liquidaciones de las exportaciones son menores por más que los granos se hayan cosechado, y estén en silos aguardando para salir del país. Lo que sucede es que hay jugadores de gran peso que no tienen presión para vender al exterior.

El productor agropecuario generalmente no retiene su cosecha, tiene que pagar insumos de la campaña anterior, tiene que comprar insumos para la que próxima campaña y sale a vender. El que no tiene ningún apuro es el exportador. Hay 10 empresas exportadoras de granos que son las que les compran a los productores y deciden cuándo quieren salir a vender. Ahí sí hay un margen muy grande para esperar el mejor momento para salir a vender. En algún punto esto puede estar vinculado a la expectativa de suba del dólar que sucedió en estas últimas semanas.

Por último, esto significa que están saliendo dólares de la economía. Cuando esto sucede, hay que generarlos, conseguirlos de algún lado, sino no puede concretarse la compra del exterior si no alcanzan con las ventas al exterior. ¿De dónde salen? Argentina no emite dólares, por lo que financia este saldo deficitario de la balanza comercial con deuda.

Esto nos retrotrae a una lógica que ya vivimos, con la que funcionaba la economía de los ‘90. El déficit comercial creciente de entonces generaba destrucción de empleo y de la industria y a la vez requería dólares para financiarse, que se conseguían vía endeudamiento externo.

Tenés un crecimiento de deuda para financiar déficit comercial, mientras tanto no vas generando la capacidad de repago de esa deuda -que es en dólares- y la fuente más genuina de divisas que son tus propias exportaciones no te alcanzan. La situación actual nos hace remitirnos a lógicas que ya vivimos y ya terminaron mal.

@p_wahren

*Economista. Integrante del Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas (OCEPP). Artículo elaborado en base a la columna semanal de Economía del programa “Llevalopuesto” (FM La Tribu 88.7).

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