Vivir peor que la mona Sandra

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En la ciudad gobernada por Horacio Rodríguez Larreta, los animales del Ecoparque tienen más derechos que las personas que viven en las villas, como lo refleja este artículo de un periódico parroquial de la 21-24 Zabaleta.

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Por Pablo Sartirana para el El católico de Caacupé

(periódico de la Parroquia Virgen de los Milagros de Caacupé, Villa 21/24/Zavaleta)

Les voy a contar la historia de un nene que vive en un barrio imaginario llamado Villa 21-24 Barracas. Al nene se le corta la luz todas las noches, tiene frío y si deja la vela encendida, su casa se puede incendiar. Si la apaga, puede aparecer el cuco. Si vuelve la luz, se le puede quemar la heladera. Y si no hay luz, los medicamentos en la heladera no sirven más, la comida se pudre, tampoco se puede despertar para ir a la escuela, no puede estudiar. El nene tiene miedo y duerme acurrucado con sus hermanos para darse calor.

Un día el nene conoce a la Mona Sandra, una orangután gordita, muy coqueta, que vive en Palermo. La Mona Sandra no da entrevistas a los medios, pero es muy famosa, sino me creen busquen en Google: “Mona Sandra”. Bueno. Resulta que la Mona Sandra lo ve al nene muy triste y cansado, le hace señas para que se acerque a los barrotes de su jaula. La Mona vive en un monoambiente de Palermo, en el zoológico de Buenos Aires, le dan de comer, la atienden los veterinarios y hace morisquetas para que le tiren algo de comer. El nene siente lástima por la Mona, pero ella se ríe, como hacen los primates, abriendo la boca grande con carcajadas que parecen gárgaras.

El nene le cuenta su historia a la Mona Sandra. Le habla de la villa 21 donde las casas se incendian porque Edesur corta la luz. La Mona le dice que consiga un abogado, como hizo ella, pero el nene no entiende.

Entonces Sandra le dice que llame a los canales de televisión, que reclame por sus derechos, pero el nene le contesta que la villa es zona roja, la gente de afuera no quiere entrar a la villa porque tiene miedo. “Voy a hablar con mi abogado”, le dice la Mona, que ahora se siente mal por la situación del nene.

Tiempo después el nene y la Mona Sandra se vuelven a encontrar. La Mona está chocha, se golpea el pecho de alegría. El nene se siente feliz por ella y le pregunta qué pasó. La Mona le cuenta que su abogado presentó un amparo, que un juzgado Contencioso Administrativo imaginario la reconoció como sujeto de derecho y que una Cámara Imaginaria lo confirmó. La Mona está en peligro de extinción y necesita un hábitat saludable, necesita privacidad -dicen los expertos-, posibilidades de elección y estimulación. “En concreto, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires deberá mantener el recinto de la orangutana en condiciones adecuadas a su especie, establecer indicadores de bienestar animal, de complejidad conductual y de estados afectivos; explorar la posibilidad de formar estructuras sociales bajo supervisión; planificar actividades diarias, nutrición y observaciones clínicas periódicas; así como mediciones no intrusivas y regulares del estrés”, dice el fallo judicial que la Mona Sandra tiene impreso en la mano, porque la Mona ahora también sabe mucho de Derecho.

El nene le pregunta por qué el gobierno porteño no cumple con el fallo de la justicia y la Mona le dice que capaz él no está en peligro de extinción.

El nene le pregunta a la Mona si pudo hablar con el abogado sobre su situación y la Mona le responde que sí, le dice que hay una causa hace muchos años en el mismo juzgado imaginario en el Contencioso Administrativo y Tributario... La misma que atendió a la Mona! La causa por riesgo eléctrico en Villa 21-24 tiene un fallo judicial favorable que obliga al gobierno porteño que “adopte de forma inmediata todas las medidas urgentes que sean necesarias para eliminar el riesgo eléctrico en sus aspectos más perentorios, es decir, aquellos que comprometen de manera directa la vida, salud y/o la integridad personal de los habitantes de la Villa 21-24”. El nene le pregunta entonces por qué no se cumple y la Mona le dice que capaz él no está en peligro de extinción, por eso.

La Mona Sandra podrá viajar a Estados Unidos o a Brasil para vivir en un hábitat adecuado y no en una jaula del zoológico. El nene vuelve a su barrio donde las casas se incendian por falta de luz a seguir viviendo como la mona. En esta ciudad imaginaria llamada Buenos Aires LOS VILLEROS TIENEN MENOS DERECHOS, que los monos del zoológico. Pero esta historia no es real porque como todos saben, los monos no hablan.

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