Ser mujer y vivir con miedo

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¿Qué significa ser mujer? ¿Cómo se hace para vivir con miedo? ¿Cómo nos protegemos de aquella violencia machista que nos espera a la vuelta de la esquina? La periodista Cynthia García, la senadora provincial y referente feminista Mónica Macha (Nuevo Encuentro – FpV) y la actriz Carolina Iannuzzi, profesora en diversos penales de la Ciudad, entrelazan experiencia y profesión en este encuentro.

Frente al público presente en el centro cultural Los Chiperos y ante las más de veinte mil personas que siguieron el encuentro a través de la transmisión en vivo por Facebook, las invitadas dialogaron sobre la temática desde diversas perspectivas: el rol de los medios, la participación de las mujeres dentro de las estructuras partidarias y el miedo femenino en situaciones de encierro.

La lucha por la construcción de sentido en los medios

Cynthia García recuerda una de sus primeras experiencias en la calle, cuando su mamá la dejó ir a bailar a una matinee del barrio porteño de Belgrano: “Era en Avenida Cabildo, una avenida iluminada. Íbamos con el padre de una amiga, que nos dejó en la esquina. Tenía trece o catorce años y fue la primera experiencia de terror. Íbamos de minifalda, un tipo nos arrinconó y nos metió una mano en el culo. Nosotras gritamos, el tipo se asustó y se fue. Había un montón de gente, pero todos miraron para abajo y cada uno decidió seguir por su camino. Creo que hoy, ante una situación de abuso callejero, la gente no miraría para otro lado porque una de las principales herramientas que desarrollamos para combatir el miedo es la conciencia colectiva. No hay manera de responder a estas situaciones de forma individual. Las respuestas no son cuando las mujeres se nos mueren, las respuestas deben ser preventivas, colectivas, se debe centralizar el conflicto y en eso los medios de comunicación tenemos y tienen una enorme responsabilidad”.

La periodista citó como ejemplo el espacio dedicado por el canal C5N a los familiares de los agresores de Higui: “Le estaban dando pantalla a los victimarios de esta mujer que fue violada grupalmente y uno se pregunta por qué, inclusive ese canal al que consideramos compañero en muchos sentidos, con periodistas que son del campo nacional y popular, por qué le dan pantalla a los violentos. Por qué las pantallas de televisión se dedicaron horas a entrevistar al femicida Farré y no le daban voz a Higui que estaba detenida. Si la respuesta es porque da rating, es una canallada. Eso tiene que ver con la criminología mediática de la que habla Zaffaroni: los medios construimos sentido”.

El mismo día, Cynthia García había hablado en su columna en el programa de Victor Hugo sobre la tapa de la revista Mu: “Esta intervención de mujeres desnudas frente al congreso, apiladas como cadáveres con el planteo Femicidio es genocidio, no la vi como título destacado en ninguna de las pantallas que le dan voz a los femicidas. No la vi. Me parece que en la construcción del miedo, del pánico social, hay una responsabilidad. Si vos le das entidad a esas personas, o los casos de femicidio los tratás solamente en su aspecto policial, sexual, aberrante y punitivo, no estás contando el resto del panorama de la cultura patriarcal: el resto de los miedos que nos rodean, las respuestas organizativas que están dando los frentes de mujeres en todo el país como cada 3 de junio, como el último 8 de marzo”. García aseguró que esto significa atravesar “procesos muy hipócritas, porque esos mismos medios son los que abogaron por el Ni una menos sin titubear”.

Como parte de la responsabilidad mediática y la crítica hacia dueños y profesionales de los espacios de comunicación, Cynthia rechazó también en forma contundente la existencia de programas como Polémica en el bar: “Una mesa núcleo de los machos sentados ante la mujer que con una sonrisa les servía, y una charla del escote y del culo de la piba. Eso profundiza esa construcción de sentido presente en la violencia de género que después va a cometerse dentro de los hogares. Por eso la responsabilidad de los periodistas es muy importante. Tenemos que convocar a los periodistas a la reflexión, tenemos que generar una contracultura que discuta esos patrones”.

La organización vence al tiempo

“Desde que nacemos hay roles asignados a hombres y a mujeres. Están desde siempre y se ven en las canciones, en los cuentos infantiles, en las primeras experiencias que cada uno tiene en el jardín de infantes, dentro de las instituciones escolares”, afirmó la senadora provincial Mónica Macha (Nuevo Encuentro – FpV) y continuó: “En este tiempo las compañeras, fuimos logrando darle a esto un marco distinto. Empezar a plantearlo dentro incluso de nuestros espacios partidarios fue importante. Porque una cosa es ser parte de una organización feminista que puede tener cierta simpatía con un partido o con otro y otra diferente es plantear la conformación de espacios feministas dentro de estructuras partidarias. Eso es un poquito más difícil. Pero lo vamos haciendo, vamos construyendo esos frentes de mujeres”.

Macha pertenece al partido Nuevo Encuentro, en donde asegura que fue necesaria la construcción del frente femenino: “permitió empezar a tomar la palabra en espacios históricamente compuestos, pensados y reglados en función de las necesidades de los varones. Esa construcción del frente, además de permitirnos tener una mirada política y de organizarnos, nos planteó la posibilidad de cuidarnos entre nosotras. Porque ahí también empezaron a aparecer muchas situaciones relacionadas a cómo pensar la violencia de género en la pareja, en el ámbito laboral, en la calle”.

Mónica describe el terror femenino: “No es lo mismo para un hombre que para una mujer caminar por un lugar a la noche. Te fijás si está oscuro, si escuchás un auto que te empieza a seguir. Vas por lugares que tengan más luz. Yo no sé si la luz es más segura, pero en el imaginario hay algo de eso. Vas a contramano de los autos, tomás medidas de seguridad que entre nosotras sabemos. Cuando lo charlamos con nuestros compañeros les parece insólito, pero todo eso es parte de nuestras realidades. Y si tenemos hijas mujeres, además, estamos todo el tiempo pensando en estas cosas que les pueden llegar a pasar”.

Sin embargo, la senadora provincial aclara que frente a este panorama “estamos dando muestras de organización, incluso con un rasgo latinoamericano. Creo que el Ni Una Menos tiene que ver con eso. Esta idea de no ser indiferentes frente a situaciones que van sucediendo y que implicaron la salida casi espontánea a las plazas y a las calles. Tiene que ver con un límite, con saber qué está pasando. No es novedoso, pero nos impacta desde otro lugar”.

Para Mónica, referente del feminismo dentro y fuera del partido, “tenemos el desafío de seguir organizándonos, seguir reflexionando sobre estos temas, pensar cómo dejamos de reproducir estos modelos estereotipados, que tal vez tienen más que ver con lo que nos han enseñado como pudieron nuestras madres y nuestros padres si es que son familias de esas características. El desafío de, en esa instancia y en este momento de la historia, pensar seria y esperanzadoramente en poder criar hijas, nietas, compañeras que no permitan ser violentadas e hijos, nietos, compañeros que no se permitan ser violentos. Me parece que ahí hay una posibilidad de construcción distinta”.

“Por la línea de la organización, por la línea de poder repensar el cuidado como una preocupación que no es solamente un terreno de las mujeres sino que tiene que ser un territorio posible de habitar por los compañeros, así iríamos construyendo una cultura y una sociedad que permita que las mujeres podamos vivir en la calle sin miedo”.

Incorporar a los compañeros a la lucha feminista

Cynthia García citó una entrevista realizada por Hijos de treintamil, programa radial de H.I.J.O.S. Regional La Plata, a la antropóloga Rita Segato: “Rita dice que en los últimos años empezó a recibir mensajes de hombres también víctimas de la cultura patriarcal. Hombres que se cuestionan sus propios privilegios. Dice que junto a las mujeres, los hombres también son víctimas de la cultura machista, de la violencia patriarcal”.

En esa misma línea, Mónica Macha afirmó que la construcción de espacios solidarios entre mujeres debe implicar también una participación por parte de los compañeros. “La transformación cultural y social que vamos construyendo implican una organización fuerte de las compañeras y una reflexión muy profunda por parte de los varones porque en definitiva hablar de desigualdad de género es hablar de una desigualdad de poder. Y hablar de una desigualdad de poder significa que nosotras, aunque seamos por lo menos la mitad, hemos sido sometidas a las reglas de una minoría, que no es la minoría del número sino la minoría del poder”.

“Que nosotras suframos esas desigualdades significa que hay otra parte de la población que goza de privilegios”, afirmó la senadora y continuó: “Si uno lo piensa en desigualdad social pasa lo mismo: la desigualdad tiene que ser con quien goza de más privilegios y en esa repartija desigual hay quien sufre el no acceso a derechos. Bueno yo creo que acá hay cuestiones similares. Por eso es importante también que en estos espacios los compañeros también puedan empezar a ubicar estas cuestiones porque creo que es lo que nos va a permitir seguir con posibilidades de avance”.

Al respecto, García también mencionó un artículo de Roberto Samar, profesor de la Universidad Nacional de Río Negro: “En donde plantea la idea de que a los varones les está costando mucho sumarse a este debate y cuestionar honestamente sus privilegios. Él explica que hombres y mujeres crecemos con el mandato de que el varón tiene que ser protector, proveedor y violento. Es algo que nos inculcan desde niños que se ve incluso en entretenimientos. Por eso, el abordaje también tiene que ser desde la convocatoria a los hombres a dejar sus privilegios. Es una de las formas en que las mujeres podemos dejar de sentir miedo”.

El temor en situaciones de encierro

“Me imagino el llanto de mi vieja, una declaración a los medios hablando de mi lucha, de mi luz, de cosas que no me dice viva. Me imagino un velorio con bombos y platillos de colores endiablados. A Marcela hablándole a la prensa. Mi muro de Facebook convertido en un altar. Me imagino pasando al olvido después de algunas semanas. El vacío. Hay partes que afortunadamente logro no imaginar”. Aquellas palabras son parte de un texto publicado por Carolina Iannuzzi el mismo día que apareció el cuerpo de Araceli Fulles sin vida, enterrado en la casa de su femicida.

Carolina es actriz y hace nueve años que trabaja en distintas cárceles dictando talleres de teatro para personas privadas de su libertad. Trabajó con mujeres, con niños, con grupos mixtos y ahora se encuentra trabajando únicamente con hombres en la Unidad 46 de San Martín, ubicada sobre el terreno del CEAMSE. Todas, según ella, fueron experiencias muy distintas. Sin embargo, hay un patrón común: en todos aquellos espacios se sintió siempre segura: “En el imaginario hay muchas ideas sobre la cárcel. ¿Cómo vos vas ahí siendo mujer, vos que sos joven, que sos tan linda? y siempre digo lo mismo. No existe ámbito en el que me sienta más segura, más respetada, más cuidada que en mis talleres de teatro. Incluso corro más riesgos en la calle, yendo hacia el penal, que ahí mismo con mis alumnos”, aseguró.

El caso de Araceli que mencionó al principio fue solo un ejemplo. En lo que va del año, en la Argentina es asesinada una mujer por ser mujer cada dieciocho horas. “Frente a estas cosas que para nosotras están tan naturalizadas mucha gente está hablando de feminismo y para mi eso es bueno. Que se sature, por todo lo que no se habló antes”, afirmó la actriz y aseguró que en los noventa, durante su adolescencia, “no hablábamos con mis amigas demasiado de esas cosas. Se veía si te ponías tal o cual pantalón porque después había que volver en el bondi. Pero el tema no estaba tan puesto en primer plano como hoy”.

El miedo que padecen las mujeres en situación de encierro es una problemática a parte. “Imaginense cosas horribles dignas de la dictadura. Bueno, eso mismo hoy ocurre en las cárceles de mujeres. No me quiero poner muy detallista porque es todo muy macabro, pero hay toda una economía interna en donde todo lo que es tu derecho se convierte en un privilegio, en un lujo o en algo que tenés que pagar de alguna manera”.

Carolina decide poner un ejemplo. “Si yo estuviese detenida tendría que tener el derecho de que me visiten. Llega mi hermana a visitarme. Me avisa la institución. Yo digo bueno, abranme la reja que quiero encontrarme con ella. La respuesta es que si querés encontrarte con tu hermana tenés que pagar, por lo general con algún servicio sexual. Las minas que están en cana no son nenas de pecho que se dejar boludear fácilmente. Pero ellas mismas te dicen que llega un momento en el que finalmente es eso o no ver a tu hermana. Porque después tu hermana no va a querer volver a pasar por una requisa (que es otro gran tema) si sabe que yo después quizás no puedo salir y, encima, si me resisto puedo quedar sancionada”.

El respeto que recibe Iannuzzi en la cárcel por parte de los hombres es, según ella, porque viene de la calle: “Eso ya me ubica en otro lugar. Si sos una mujer detenida, no sólo no respondes al estereotipo de la princesita sino que además sos chorra, sos puta, saliste de caño. Todo es lo más anti-mujer del mundo. Quedan instaladas en un lugar terrible”.

A pesar de ello, Carolina asegura que las mujeres son siempre las que se encuentran presentes. Mientras los hombres están encarcelados, sus hijos se quedan con la madre. Mientras que en el caso de las mujeres, sus hijos deben quedarse con las abuelas. Lo mismo percibe en los horarios de visita: “Ves un hombre cada tanto. Ves hermanas, abuelas, tías, mujeres de todas las edades. Girl power en la peor de las circunstancias”, reflexiona la docente y concluye: “Somos un país que tiene un umbral muy alto, tenemos a las Madres, a las Abuelas, a Cristina, a Evita. Cada vez es más común encontrarnos con compañeras que luchan. Es un camino jodido, pero nos toca esto como época”.

Cristina, Milagro, el poder judicial y la violencia machista.

Tanto Cynthia García, como Mónica Macha y Carolina Iannuzzi, resaltaron a lo largo de la charla la violencia machista que reciben muchas referentes políticas mujeres. “Eso también habla (como dice Galeano) del miedo que tienen los hombres a las mujeres sin miedo”, afirmó la periodista y agregó: “Cristina para empezar. El otro día veía que Sabat volvió a hacer un dibujo de su cabeza sin cuerpo, de nuevo con esa idea del silencio, de la violencia a una mujer fuerte, que claramente se planta hacia el poder, desde el poder y confronta al poder y eso es tal vez lo que más le van a reprochar a Cristina: una potencia femenina que confronta al poder desde lo femenino, que confronta al poder porque las mujeres también nos sumamos a los espacios de poder no desde la lateralidad”.

García se refirió también a la situación de la dirigente de la Tupac Amaru, presa hace casi 18 meses: “El hecho inaugural del estado represivo fue la detención de Milagro Sala que además es disciplinario para todas las organizaciones políticas. Y hay otras mujeres presas también. En Mendoza, Nélida Rosas que es una lideres de la Tupac en esa provincia, está detenida, sus dos hijas mujeres están detenidas”. Además, agregó que “la justicia es profundamente patriarcal. Ahí hay un problemón: la familia judicial no sólo es corporativa, sino que es profundamente machista y eso se ve en los propios funcionarios judiciales”.

Macha, por su parte, agregó que si bien “el poder judicial es el brazo operativo, y es conservador, vitalicio, elitista y machista, pero en el caso de Milagro creo que el que tiene el mayor poder es el ejecutivo con Morales a la cabeza porque en realidad tiene un armado institucional en el que el poder judicial le responde a él directamente. Me parece que ahí está la definición política del encarcelamiento de Milagro y de la permanencia de ese encarcelamiento. Con todo lo que fue la movida inclusive con organismos de derechos humanos internacionales y que Milagros siga intacta en la provincia de Jujuy es porque hay un poder político que está tomando esa decisión”.

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