“A la CGT le falta rock y le sobra tango”

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Myriam Bregman, legisladora del FIT, asegura que “el triunviro tiene más nostalgia y llanto que otra cosa”. Explica por qué su frente político apoya el paro general dispuesto por la CGT, aunque no comparta la estrategia política diseñada por la central obrera para enfrentar al macrismo. En esta entrevista, la ex diputada nacional y abogada por los derechos humanos asegura que hoy “la clase obrera tiene cara de mujer”. Y agrega que frente a la lentitud de la CGT y otros sectores para reaccionar ante la crisis “debemos preguntarnos si todo el movimiento transformador de las mujeres, esa energía manifestada en la calle, no es la palanca que necesitamos para enfrentar las demás penurias que sufrimos hoy en Argentina. Empezando por el acuerdo firmado con el FMI”. 

Fotos: Joaquín Salguero

Myriam Bregman no es, por varias razones, una clásica dirigente de la izquierda argentina. Es un viernes pasado el mediodía en el kafkiano edificio de la Legislatura, una nave de pasillos circulares y escaleras de mármol, fría e impersonal. Bregman viste como una abogada corriente: pantalón y camisa prolijos, el saco negro estilizado va a tono con sus prendas. Vista a la distancia, podría ser la profesional de un estudio jurídico del microcentro. Pero, no. Myriam Bregman logró introducir el lenguaje clasista en el ecosistema mediático haciendo gala de dos virtudes: esgrima verbal eléctrica en los debates del prime time y picardía en las redes sociales. Indudablemente, la izquierda y su narrativa, muchas veces esquemática y previsible, ha logrado refrescarse un poco con la letrada rubia originaria de Timote, el pueblo bonaerense donde la organización Montoneros ejecutó al dictador Pedro Aramburu.

Además, la diputada porteña suele ser bien percibida en audiencias políticas ajenas al FIT. Su rol activo en la defensa de la parlamentaria regional Milagro Sala, o de la presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo Hebe de Bonafini, cuando fue necesario hacerlo, la diferencia de otros cuadros de la izquierda que rehúsan de tender puentes, o entendimientos tácticos, con el campo popular. Bregman también representa al dirigente social Juan Grabois en una causa que inició el Poder Judicial cuando el líder de la CTEP soslayó en una declaración pública que la justicia se comporta como una casta. “Me está costando mucho su defensa, pero vamos a ganar”, confía Bregman.

La legisladora del FIT suele recalcar que la izquierda criolla también debe hacer autocrítica. Y rechaza, por ejemplo, el acompañamiento hecho por algunas organizaciones populares a las patronales agropecuarias en el conflicto del 2008. En el siguiente diálogo con Nuestras Voces la legisladora del FIT explicará por qué su frente político apoya el paro general dispuesto por la CGT en el día de hoy aunque no comparta la estrategia política diseñada por la central obrera para enfrentar al macrismo. “A la CGT le falta rock, y le sobra tango. Ojo, me gusta esa música. Lo digo porque el triunviro tiene más nostalgia y llanto que otra cosa”, dice y se enciende la referente del FIT. Con ustedes Myriam Bregman, la troska pop.

-El movimiento de mujeres viene de avanzar en una conquista emancipatoria, como el derecho al aborto, con una enorme concentración de masas en las calles. ¿La revolución terminó siendo feminista, antes que proletaria?

-Yo creo que las dos cosas, feminista y proletaria. Y voy a explicar por qué, ya que son reflexiones nuevas, frescas, que tenemos que ir elaborando con urgencia porque estamos en el medio de los hechos. Primero, considero que la composición de la clase obrera cambió. Lo que no mutó es que la clase trabajadora sigue siendo el sujeto de transformación de la sociedad; centralmente, por el lugar que ocupa en el sistema de producción. Pero, volviendo a lo que decía, lo que si cambió, y mucho, es la cara de la clase obrera. El proletariado, cuando lo pensó el marxismo, era mayoritariamente masculino. Y, si uno mira los últimos tiempos, esa cara cambió con un rostro mucho más femenino. Hay ramas enteras de la producción que son ocupadas por mujeres. Y en las que no, las mujeres han ido ganando un lugar.

Solía hablarse de la feminización de la pobreza. Porque, entre los pobres, la mayoría son mujeres. Pero se ha hablado poco de cuántas son las mujeres entre la clase trabajadora. Entonces, deberíamos pensar sí la nueva cara de la clase obrera no es una cara bien femenina. Y también debemos preguntarnos sí todo el movimiento transformador de las mujeres, esa energía manifestada en la calle, no es la palanca que necesitamos para enfrentar todas las demás penurias que sufrimos hoy en Argentina. Empezando por el acuerdo firmado con el FMI, y las consecuencias terribles que va a tener para el país. Porque sí observamos cómo se comporta la dirigencia de la CGT, y otras dirigencias tradicionales, diciendo no se puede, hay que ir despacio, a este gobierno lo eligieron, no nos queda otra. Todo el tiempo tratando de aplacar. Entonces, sí vos ves el movimiento de mujeres, es otra cosa, es revulsivo. Tiene otros tiempos, no se resigna, quiere las conquistas ahora, no pasado mañana. Desde el 2015 con el grito de ¡Ni una menos! hay algo que, categóricamente, cambió en Argentina.

Creo, además, que el movimiento de mujeres da para más. Hay una revolución de las hijas, eso es indudable. Ese fuego lo vemos en nuestras hijas, y en las hijas de las compañeras. Y también hay una persistencia, de muchas generaciones que la vienen peleando. Por eso, hay que seguir amalgamando todas las experiencias, y todas las generaciones, para seguir dando la pelea. Ahora, la lucha es contra el FMI, esa pelea va a signar los tiempos que vienen.

Acá nadie se rinde (salvo el triunviro de la CGT)

-Así como se ganó el derecho al aborto, ¿Pueden hilarse nuevos acuerdos transversales en el Parlamento para lograr otras conquistas sociales?

-Como hipótesis siempre es posible. Ahora, yo tengo una mirada bastante crítica sobre la transversalidad femenina y su supuesta unidad a rajatablas. En diciembre último se votó la reforma previsional y la misma (Silvia) Lospennato -diputada nacional oficialista-, que ahora es ilustrada como un ícono feminista, fue la legisladora que más defendió el ajuste en las jubilaciones, que perjudica especialmente a las mujeres. Nos puede unir el género, pero nos separan los intereses de clase.

Segundo, sin las grandes movilizaciones de diciembre, donde mujeres y varones salimos a la calle contra la reforma previsional, hoy nos estaríamos discutiendo el derecho al aborto. Macri no sería, como dijo La Nación, “el feminista menos pensado” sin ese poder demostrado en la calle. Creo que esa movilización hizo temblar al gobierno, que venía de un fuerte triunfo en octubre, lo puso en crisis, y por eso luego buscó lavarse la cara comprometiéndose a medias tintas con la despenalización del aborto. Por eso, le doy mucha importancia a la victoria transversal conseguida en el Congreso. Pero, no me olvido quiénes son mis aliados, y quiénes son mis enemigos. No nos confundamos, el imperialismo yanqui también se envuelve con la retórica feminista. Está el ejemplo de (Barack) Obama cuando impulsó el derecho al matrimonio igualitario para sumar puntos de cara a su reelección.

-El propio FMI también hace gala de un supuesto feminismo.

-Sí, claro. Entonces, bienvenida sea la unidad circunstancial para lograr determinado derecho en el Parlamento. Así actué, así actuamos con el FIT, cuando se discutió en el Congreso la ley de paridad representativa. Pero, siempre, hay que distinguir las diferencias estratégicas que nos separan con nuestros rivales políticos, y de clase.

-Tuviste un cruce memorable en Twitter con el economista Martín Tetaz. El columnista de Jorge Lanata no entendió un comentario tuyo sobre sobre el grupo Todos tus muertos, y le espetaste que le faltaba rock. Hoy la CGT, después de un semestre de severo ajuste y represión, lanza su primera medida de fuerza significativa del año. ¿A la CGT le falta rock?

-(risas) A la CGT le falta rock, y le sobra tango.

-Se van a enojar los tangueros.

-No, a mi también me gusta el tango. Pero, esa melancolía y llanto permanente del tango, está muy presente en la CGT. Creo que la actual central obrera va a quedar en la historia como una de las direcciones más sumisas a un gobierno de turno. Pocas veces se ha visto una cosa así en el marco de un ataque tan contundente contra el pueblo. Una cosa es que la CGT deje pasar ataques parciales de un gobierno, pero otra cosa es no hacer frente a una ofensiva tan fuerte contra los salarios y contra las derechos sociales.

Por ejemplo, cuando Macri vetó la Ley Antidespidos, ¿Qué hizo la CGT? No tiró ni un chaski boom. En el veto presidencial a la Ley contra los tarifazos energéticos, la CGT había amenazado previamente con un paro; bueno, la medida de fuerza finalmente la lanza mucho tiempo después. La verdad que la CGT está cumpliendo un rol muy terrible porque mientras ellos son tan contemplativos con el gobierno, va quedando mucha gente en la calle, mucha gente no llega a fin de mes. La situación económica ha cambiado negativamente para todos. Los últimos datos sobre desocupación ofrecidos por el INDEC hablan de una falta de empleo por arriba del 9%, casi dos dígitos nuevamente de desocupación. Es una situación social muy compleja, y la respuesta de la CGT es muy pobre. Así todo, el paro va a ser muy contundente porque cada vez que hay una posibilidad de expresarse en la calle, la población responde. Y no soló habló de la clase trabajadora. Cuando el gobierno intentó colar el 2×1 para los genocidas, los sectores medios también salieron muy fuerte a expresar su repudio. Es decir, la voluntad de lucha aparece, está.

-La izquierda viene criticando la apetencia electoral de las demás fuerzas opositoras y, en ese sentido, ustedes suelen decir que concentrar todos los esfuerzos en la disputa del 2019 es una estrategia fallida. ¿La salida es sólo insurreccional? ¿No falta gradualismo en las tesis del FIT?

-Nosotros somos anticapitalistas, esa es nuestra primera definición. Y, entonces, sí, decimos que hay que cambiar el sistema de producción para que no haya más opresores ni oprimidos. Por eso, nos definimos como una fuerza de izquierda. Pero, esa definición no decanta en un maximalismo, en el sentido de que sólo peleamos por una salida insurrecional y, entonces, en el medio no hago nada. Creo que si algo hemos demostrado en el último tiempo es que nosotros, el FIT, nos ponemos al frente de todas las peleas sociales y, por así decirlo, buscamos conseguir victorias parciales. Porque, seamos sinceros, el patriarcado no se va a terminar por ley. El patriarcado está íntimamente ligado al capitalismo. Entiendo la pregunta, pero puede dar lugar a una respuesta tramposa: Sí o No. Creo que hay distintos planos de lucha: algunos más inmediatos que otros. Y cuál es la salida no la voy a decidir yo sentada detrás de un escritorio. Eso depende de los distintos procesos y fenómenos que se  den en la realidad política.

-El FIT tiene protagonismo en las luchas obreras, estudiantiles y de mujeres. Sin embargo, no se ve un fuerte compromiso de la izquierda en las causas ambientales. ¿Por qué? ¿No cae el FIT en el clásico anclaje conceptual productivista de las fuerzas tradicionales de izquierda?

-No lo veo así. Nuestro diario tiene una sección específica sobre las peleas ambientales. Es un tema que nos preocupa. Por ejemplo, en la ciudad de Buenos Aires nos oponemos a la incineración de la basura que propone el gobierno de (Horacio Rodríguez) Larreta. Porque más allá de apoyar a los compañeros cartoneros, porque el proyecto pone en riesgo sus puestos de trabajo, también entendemos, y así lo expresamos con (el abogado ambiental) Enrique Viale, que el PRO hizo un manejo muy malo del proyecto en una iniciativa que daña seriamente al medioambiente. Pero, claro, vemos que la agenda ambiental está poco desarrollada en Argentina en comparación a otros lados del mundo; donde, incluso, la relación entre el marxismo y la ecología está mucho más presente en el pensamiento crítico. Quizás, porque Argentina no padece crisis ambientales muy grandes.

-No es así, el impacto de la soja y la megaminería es muy fuerte.

-Sí, exactamente. Pero, me refiero a las grandes ciudades. Por ejemplo, las capitales de México y Chile sufren una polución ambiental muy importante. Eso no se ve en Buenos Aires. Pero, el tema de la soja es gravísimo. Yo soy del interior bonaerense y veo esas consecuencias cotidianamente en las enfermedades que sufren los habitantes por el impacto del glisofato.

-Va la clásica pregunta que se hace a la clase política…

-No me considero parte de la clase política.

-¿Por qué?

-Clase, es otra cosa. Nosotros hablamos, en realidad, de una casta política enquistada en el poder que, más o menos, se va reciclando. Por eso, vemos que personajes como (Miguel Angel) Pichetto puede ser, un día, menemista, otro, kirchnerista, y la jornada siguiente presentarse como semimacrista. A eso llamo una casta política. Nosotros no somos parte de eso.

-Perfecto, va la pregunta: ¿Macri, es la dictadura?

-Hay varias respuestas posibles. La primera es no, porque llegó al gobierno mediante una elección. La segunda es que Macri se benefició con la dictadura, el no tendría el poder económico que ostenta, sí su Grupo no se hubiese enriquecido, como lo hizo, durante la última dictadura. La Patria Contratista y la estatización de la deuda del año 1982, dos decisiones gestadas en la dictadura genocida, fueron muy favorables para el Grupo Macri. Entonces, a nivel económico, sí, Macri es la dictadura.

Pero tampoco acuerdo con la militancia que canta: ¡Macri, vos sos la dictadura!, pero luego no ponen el heroísmo necesario para acabar con la dictadura que dicen combatir y esperan mansitos el 2019. Porque, recordemos, que en la dictadura hubo mucha resistencia, y hubo huelgas, y hubo mujeres que salieron a la plaza para enfrentar lo peor de un genocidio.

-¿Te parece una consigna derrotista?

-Me parece que es usada de esa manera.

-Tomando la famosa expresión de Jean Paul Sartre – “el existencialismo es un humanismo”-, la pregunta es: ¿El kirchnerismo es un peronismo?

-Es un peronismo hijo de la crisis del 2001. Cuando caracterizó al kirchnerismo no me refiero sólo a Nestor (Kirchner) o Cristina (Fernández), si no al conjunto. El kirchnerismo es (Miguel) Pichetto, es (Aníbal) Fernández, son producto de una respuesta al ¡Que se vayan todos! y del quiebre de representación dirigencial. De otra manera, no hubiese sido posible que desde el propio aparato peronista, que venía del menemismo, ni más ni menos, podía surgir un grupo político que hablara en nombre de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, o que bajara el cuadro de (Rafael) Videla, o que votara la anulación de las leyes del punto final y la obediencia debida.

A su vez, entiendo que el kirchnerismo es una especie de peronismo porque cuando la situación económica cambió, y ya no tuvo el viento de cola que ostentó durante los primeros años, eligió como sucesor a (Daniel) Scioli.

-Ya que lo mencionas, ¿No se arrepientan de haber llamado a votar en blanco en el último ballotage?

-No, para nada. No se puede ser de izquierda y votar a Scioli. La contradicción, en todo caso, está en buena parte del kirchnerismo. ¿No se acuerdan lo que decía (el programa de televisión) 6 7 8 sobre Scioli? Decían que era el candidato de los fondos buitres.

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-Volvamos al FIT, la estrategia de ustedes parece estar muy centrada en la tensión entre capitalistas y trabajadores. ¿Qué política plantean para los sectores medios?

-Esa no es nuestra visión. Sectores sociales hay muchos en la sociedad. Hacemos hincapié en las clases antagónicas y reivindicamos a la clase trabajadora porque es el  único actor social que puede cambiar este sistema. Incluso, eso no cambia que el movimiento obrero deba aliarse con otros sectores sociales para dar esa pelea. Hay que ser más dialéctico compañero con la pregunta.

-(risas) Es bueno que lo explicites porque, muchas veces, el lenguaje de la izquierda aparece muy dicotómico. La apelación a la clase media, para ser concreto, no es visible en los discursos del FIT.

-No es así. El que tiene una relación cambiante con la clase media es el peronismo, que muta entre el repudio, cuando no lo vota, y su reivindicación, cuando sí lo hace. Más bien, yo prefiero ser más dialéctica, más marxista, y afirmar que en los momentos más álgidos en la lucha de clases, los sectores medios suelen dividirse. Los sectores medios altos tienden a identificarse más con los reclamos de la alta burguesía, como paso con el conflicto del campo. Y los sectores medios más bajos tienden a identificarse con las proclamas de los sectores populares. Entonces, creo que la clase media es un sector lo suficientemente heterogéneo como para afirmar que decanta en la defensa de intereses homogéneos.

-Últimas preguntas, más de carácter personal. Tenes un perfil de representación que rompe notoriamente las barreras del FIT. El segmento de la lista que lideras siempre capta más votos que las otras partes de la boleta. ¿Eso genera celos, o internas, entre los compañeros? ¿O hay una estrategia deliberada para darte, por así decir, un margen mayor de autonomía?

-Para nosotros las elecciones son un buen lugar para difundir nuestras ideas. Entonces, sí esas ideas pueden llegar a más gente, a más jóvenes, a más mujeres, es algo que me parece positivo. Yo uso mucho las redes sociales.

-¿Tenes community manager?

-No, para nada. No hay simulación. Acá tengo en mi escritorio el libro que ayer recomendé en Twitter (señala la novela “Las aventuras de la China Iron”, de Gabriela Cabezón Cámara). Yo uso las redes sociales porque me parece importante ampliar las audiencias. Cuando profesionalizas el uso de las redes se nota mucho porque eso termina en un lenguaje políticamente correcto. El lenguaje de los partidos tradicionales es muy previsible, es muy fácil adelantarse a lo que van a decir ante cada coyuntura porque recurren a manuales estandarizados, porque tercerizan el discurso.

-Hablas de comunicación. En ese segmento, la izquierda; por lo pronto tu fuerza, el PTS, se ha renovado. Ahora, por ejemplo, tienen un programa de radio en una emisora, Radio Con Vos, que puede caracterizarse por su línea editorial como Corea del Centro. ¿Entendieron que hacía falta un cambio en la interacción con la gente?

-Sí, sería muy ridículo si siguiéramos pensando que los cánones de comunicación son las que propugnaba (Vladimir) Lenin hace un siglo atrás. Las herramientas de comunicación que utilizamos tienen que estar acorde a nuestra época. Lo mismo cuando hablamos de medio ambiente. No son los mismos los problemas medioambientales de hace 100 años, en un momento donde no existía la energía atómica, que los de la actual coyuntura. En nuestro periódico, La Izquierda Diario, también estamos haciendo un buen trabajo para llegar a otro tipo de público. Tenemos muchísimas visitas diarias. No queremos más una prensa tradicional de partido para que la lea sólo el militante de izquierda. Buscamos otro tipo de construcción en la comunicación. Y el programa de radio (El Círculo Rojo) va muy bien, estamos muy contentos.

-Última pregunta, ¿Qué cosas te desconectan de la política? Entiendo que la música, ¿También la literatura?

-Ahora, estoy atrapada con este libro (por la novela de Cabezón Cámara). La China Iron es la mujer de Martín Fierro, por eso Iron (hierro, en inglés). La China es la típica mujer de la que nunca nadie habla. Me encanta la historia. Me gusta leer varios libros a la vez. Me gusta mucho la literatura.

-¿Qué bandas de rock de ahora escuchas?

No escucho sólo rock, también foclkore, y tango. Lo del rock quedó como mote cuando me cruce con (Martín) Tetaz. Pero, escucho de todo.

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Emiliano Guido

Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Forma parte del Programa de Integración Regional y Financiamiento para el Desarrollo en Fundación SES (Argentina). Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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