Aborto: “Las mujeres tienen el derecho a no morirse en el intento”

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Cristina Álvarez Rodríguez, diputada nacional por la provincia de Buenos Aires y sobrina nieta de Evita, habla del futuro de las mujeres, dentro y fuera del peronsimo.  “Hay un techo de cristal que nos cuesta vencer en muchos ámbitos: en el político, el sindical, ni que hablar en el ámbito privado o académico”. Dice “está muy bien criticar al FMI frente a las cámaras de televisión, pero sobre todo hay que hacerlo en el recinto legislativo”. Y asegura que Vidal es Macri en términos de ajuste.

Fotos: Sol Avena

La diputada nacional Cristina Álvarez Rodríguez tiene una pesada herencia. Ser sobrina nieta de Eva Perón y tener protagonismo público conlleva, claro está, una fuerte responsabilidad política. Ese pergamino familiar puede facilitar muchas cosas en la casa peronista pero, cómo dudarlo, también obliga a la actual legisladora a no dar un paso en falso. Muchos celebrarían el caminar enclenque de una dirigente que lleva la sangre de la líder de los descamisados.

Álvarez Rodríguez, arquitecta de profesión, tuvo mucho protagonismo en el gabinete ministerial del ex gobernador bonaerense Daniel Scioli. Fue la primer mujer en dirigir el ministerio de Infraestructura en esa provincia, y también fue la primera dirigente en conducir el Instituto de Previsión Social. A su vez, en el distrito económico y electoral más importante del país, estuvo a cargo del Archivo Histórico y de la Subsecretaría de Cultura. Obras públicas, jubilaciones, documentos de acervo público, gestión teatral. Por lo visto, Cristina Álvarez Rodríguez tuvo una agenda de gestión prolífica durante el sciolismo. Precisamente, cuando Scioli era candidato presidencial en 2015, Álvarez Rodríguez fungía de puente entre los distintos canales justicialistas.

Para ello, en sus intervenciones mediáticas de entonces, la actual Directora ad honorem del Museo Evita prefería usar la palabra peronismo en sus alocuciones antes que referenciar el apellido presidencial Kirchner o del entonces candidato Scioli como tronco referencial del movimiento. Era una forma sutil de contribuir a la unidad, su aporte mínimo. Hoy lo sigue haciendo. La legisladora nombra a Unidad Ciudadana cuando habla de sus batallas en el Congreso, dice justicialismo, o PJ, cuando menciona temas del partido. Pero, abre más los ojos, toma otra actitud, cuando de su boca sale la palabra “peronismo”. En su caso no es exagerado decir que lleva esa identidad en la sangre.

En un día de cielo quejumbroso en la ciudad de Buenos Aires, Álvarez Rodríguez va a interrumpir una reunión con otras referentes políticas de Unidad Ciudadana, como la ascendente concejal platense Victoria Tolosa Paz, para recibir a Nuestras Voces en su coqueto despacho legislativo. La diputada nacional tiene una dicción perfecta, engola su voz con fluidez, lo hace con naturalidad. Si la ex Jefa de Estado Cristina Fernández fue, como ella dice, arquitecta en otra vida, Álvarez Rodríguez debe haber sido, entonces, locutora en otro mundo. Pero, acá, en este frío invierno de 2018, Cristina Álvarez Rodríguez va a usar, precisamente, su perfecta modulación para dejar en claro que cuáles son, a su criterio, las reglas de juego para que su espacio político gane las elecciones del año próximo: “Hay que ser amplio y generoso en la construcción. Pero, le pedimos a nuestros hipotéticos aliados que sean claros: está muy bien criticar al FMI frente a las cámaras de televisión, pero sobre todo hay que hacerlo en el recinto legislativo”.

-Estamos cerca de la sesión legislativa del 8 de agosto en la Cámara Alta, ¿Evita hoy usaría el pañuelo celeste o el pañuelo verde?

-Como sobrina nieta de Eva Perón, porque mi abuela paterna era una de sus hermanas mayores, casi nunca trato de responder por Evita porque me parece faltarle un poco el respeto a alguien que dijo todo lo que tenía que decir en su época. Sí sé que ella era una mujer muy defensora de los derechos de las mujeres, que fue una mujer revolucionaria, y una mujer que se atrevió a dar todas las peleas que tuvo que dar en la vida: desde irse muy temprano de su casa a buscar trabajo como actriz hasta convertirse en la mujer del Presidente y ser la embajadora de Argentina en el mundo, y todo teniendo sexto grado de formación escolar. Y así, y todo, se convirtió en Evita, el puente entre Perón y el pueblo trabajador. Yo la veo como una heroína, una libertaria, una mujer increíble, que cambió la historia de todas nosotras.

En lo personal sí estoy a favor de la interrupción voluntaria del embarazo. Creo que la ilegalidad del aborto sólo ahonda la gravedad de está problemática. Las mujeres tenemos derecho a decidir sobre nuestro futuro, y el proyecto de ley consagra ese derecho, la posibilidad de decidir. La ley no obliga ni fuerza a tomar ningún tipo de decisión, como intentan decir sus detractores. El tema que está en discusión es un tema sanitario, y lo que está en juego, en definitiva, es el derecho a más salud pública. Las mujeres que deciden interrumpir su embarazo tienen el derecho a no morirse en el intento.

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-La política, aparte de la salud, también tiene sesgos patriarcales. En la cumbre justicialista de la UMET, por ejemplo, donde se habló de la unidad y el 2019, ninguna dirigente peronista ocupó un lugar central en el atril ni en la foto final.

-A esa foto fui invitada a participar, lo mismo que Verónica Magario (Intendenta de La Matanza). Pero, igualmente, es cierto, eramos franca minoría. Las mujeres hemos ganado mucho protagonismo dentro del peronismo, y en eso tuvo mucho que ver la presidencia de Cristina (Fernández). Su paso por la Casa Rosada permite a todas las niñas argentinas soñar con ser Jefas de Estado. Mi hija de 14 años nació mirando esa posibilidad. Pero, claro, parece que sí cuesta mucho construir espacios de decisión donde las mujeres podamos ser protagonistas. Hay un techo de cristal que nos cuesta vencer en muchos ámbitos: en el político, el sindical, ni que hablar en el ámbito privado o académico.

Para mí una de las claves para la emancipación de la mujer pasa por democratizar las relaciones familiares. No podemos democratizar ninguna institución, sí no empezamos por casa.

-El sistema de cuidados, que dota de una asignación a las personas que cuidan a un menor o a un adulto mayor, rige en algunos países. ¿Podría instaurarse en Argentina?

-Claro que sí. Tengo, y hay, varios proyectos en esa dirección. En los hechos hay un sistema de cuidados no remunerados, con mujeres que tienen a cargo una triple o cuádruple agenda diaria de trabajo. Eso significa que tenemos que salir a ganarnos el pan con nuestro laburo, y al mismo tiempo educar a los hijos, cuidar a los adultos mayores de la familia. Luego, está el tiempo destinado a el ejercicio político sí te apasiona la militancia. Y hay otro agenda, por último, relacionada con el cuidado de nuestra salud. Y no sólo hablo de los estudios médicos regulares, si no también hablo de la posibilidad de hacer actividad física. Y a la noche hay que resolver la cena familiar. Entonces, toda esa carga y esa responsabilidad debería estar gratificada con una remuneración. Es muy duro ser mujer e intentar disputar un espacio de poder en Argentina.

-Tuviste diferentes responsabilidades de gestión en el Ejecutivo bonaerense, ahora sos diputada nacional. ¿Qué espacio de poder es preferible? Pregunto porque el Congreso puede darle visibilidad a un dirigente pero, a su vez, un legislador no cuenta con un presupuesto significativo ni tampoco, claro, puede gestionar.

-He tenido grandes responsabilidades: fui la primera ministra de Obras Públicas en la provincia de Buenos Aires, y también la primera mujer a cargo del Instituto Cultural bonaerense. También fui la primera mujer en presidir el Instituto de Previsión Social. Pero, a ver, creo que los dirigentes políticos en estos momentos tan delicados en materia social, tenemos que ser lo suficientemente amplios de cabeza y muy solidarios para entender que no hay carreras políticas individuales posibles en este tiempo. Lo que hay son proyectos colectivos, y aquél que mejor represente ese espacio, lo tiene que liderar. Digo esto porque no me pienso en términos de cargos. Por ejemplo, hoy como diputada defiendo y milito muy fuertemente la propuesta de que el acuerdo de (Mauricio) Macri y (Luis) Caputo firmado con el FMI deba ser debatido en el Congreso. Ese tema hoy me parece trascendental y puedo protagonizarlo como legisladora.

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-¿El Congreso debe monitorear lo firmado con el Fondo?

-Sí, por supuesto. Y no es el único tema donde Diputados juega un rol relevante: ayer, tratando de evitar el saqueo a los jubilados que implica la reforma previsional, y hoy defendiendo a los trabajadores de Télam. Nosotros somos el único bloque opositor que se para firme frente a las políticas de ajuste de Macri. Los 66 diputados integrantes del bloque de Unidad Ciudadana hemos logrado, en articulación con otros bloques legislativos, frenar medidas recesivas muy graves, como el tarifazo energético dispuesto por Cambiemos. Aunque nuestro proyecto fue vetado por Macri, marcamos un límite legislativo muy importante.

-Ya que hablas de unidad en el Congreso, ¿Para ganar en el 2019, hay que unir a los argentinos, o basta con unir a los peronistas?

-Hay que unir a los argentinos, a todos los ciudadanos que sienten vulnerados sus derechos. Creo que vivimos un tiempo donde, centralmente, está atacado el trabajo y la industria nacional. Y cuando hay un proyecto político en el gobierno donde el centro del programa está en la timba financiera, el endeudamiento salvaje y la apertura total de importaciones, el derecho al trabajo y la industria soberana pierden mucha fuerza. Ya tenemos más de 300 mil despedidos en lo que va del año. A diario vemos cerrar pequeñas y medianas empresas. Días atrás recibimos en el Congreso a representantes de la industria textil nacional y nos transmitieron un panorama desolador porque nos dicen que el mercado interno está sumamente planchado. Comparto un comentario que me llamó mucho la atención: pequeños productores porcinos nos transmitieron al bloque en una reciente reunión que Argentina hoy importa bondiola de Dinamarca o Brasil. Es una situación tan inimaginable como injustificada. Es más, desde el ministerio de Producción justifican ante ellos esa cuota importadora alegando que ellos son ineficientes.

Es definitiva, creo que Macri está ante dos problemas. Las cosas que nosotros, como gobierno, habíamos hecho bien, las destruyó. Y los temas que teníamos por corregir o mejorar, llámese impuesto a las ganancias, las empeoró.

-Eso lo decís para subrayar que Unidad Ciudadana debe ser generosa en su marco de alianzas electoral.

-Generosa, y amplia.

-Amplia pero, ¿Siempre fronteras adentro del justicialismo?

-Significa, básicamente, que nuestro límite debe ser Macri.

-¿Eso debe ser el ordenador de la estrategia electoral?

-Exactamente. Tenemos que hilar un gran acuerdo programático con otras fuerzas políticas. Por ejemplo, nosotros, como espacio político, somos antineoliberales, y queremos ganar en el 2019 para volver a construir un país que no sea colonial ni neoliberal. ¿Qué quiere decir esto? Un país que proteja el trabajo argentino, la industria nacional, que promueva la educación y salud pública de calidad, que impulse un Estado presente y garante, que sea regulador de la actividad privada y de la actividad pública.

Por el contrario, Cambiemos quiere instalar dos valores en el país. El primero sería transmitir el mensaje de que cada argentino puede salvarse por sí mismo si pone el empeño suficiente. Nadie niega la necesidad de ponerle tesón y voluntad a la vida, pero la verdad que si el Estado no acompaña a los sectores más vulnerables es muy difícil alcanzar altas metas de realización desde lo individual. No un Estado elefancíaco, si no un Estado inteligente, activo. Y la otra gran mentira es transmitir que hay un sólo camino posible para la economía argentina. Acordar con el Fondo y emitir bonos de deuda a cien años, no puede ser el único camino posible. No es cierto, el kirchnerismo demostró que el país puede desendeudarse y, a su vez, generar crecimiento de la economía con aumento de la tasa de trabajo.

-Insistís en mencionar el endeudamiento como un déficit importante del gobierno. ¿El FMI puede ser  un nuevo eje polarizador, tanto cultural como político, como lo fue en su momento el multimedios Clarín?

-Creemos que la sociedad conoce por experiencia propia los padecimientos que conlleva el endeudamiento extremo. Y también creo que está muy claro, a nivel popular, que el Fondo nunca llega sólo cuando pesa en las decisiones de un país. Que con sus técnicos sólo llega más ajuste y recesión. Y ese consenso, de que no queremos más endeudamiento y presencia del FMI, tiene que estar muy presente en la construcción del 2019. Es muy importante remarcar ese común denominador. Porque el próximo presidente va a recibir de herencia un campo minado.

-¿Ese acuerdo puede alcanzarse con el Frente Renovador?

-Puede suscribirse con todas las fuerzas que se declaren anti neoliberales, y que quieran ganar en el 2019. Pero, claro, para eso hay que dar señales políticas claras. Por ejemplo, cuando se convoca a una sesión legislativa para transmitir, claro, un fuerte mensaje político a Christine Lagarde, en el sentido de dejarle en claro que los legisladores argentinos no vamos a bancar el ajuste, es importante que esos diputados pongan el cuerpo y bajen al recinto. Porque si no es muy difícil acordar el programa de gobierno para el 2019. Claro, es más fácil acordar ideas y críticas cuando somos parte de un debate televisivo. Frente a las cámaras siempre es más fácil criticar al Fondo, pero lo importante es hacerlo, ahora por lo pronto, en el Congreso de la Nación.

-Sos diputada por la provincia de Buenos Aires, y tuviste responsabilidad de gestión en esa Provincia. Precisamente, como dirigente bonaerense que sos, la pregunta es: ¿Vidal es Macri?

-Sí, claro. Así se referencia la gobernadora, como parte del equipo del presidente. Y está bien que lo diga, porque es la realidad. Ella replica en Provincia las políticas centrales del Ejecutivo: el endeudamiento que está llevando a cabo es salvaje. El cierre de industrias nacionales que estuve mencionando se están dando mayormente en la provincia gobernada por (María Eugenia) Vidal. Por eso, han detenido el timbreo con los vecinos, porque cuando tocan la puerta de los ciudadanos se encuentran con compatriotas muy enojados. No sólo porque le meten la mano en el bolsillo, si no porque sienten que le toman el pelo, con los tarifazos, con las promesas de parar un dólar al que no pueden estabilizar, con las promesas de estabilizar una inflación que no cede. Y la bronca va en aumento. Pero yo, la verdad, no quiero que explote todo.

-¿No sos parte del club del helicóptero como dice Luis Majul?

-No, para nada. Nosotros no queremos que Macri se vaya antes. Lo que deseamos con premura es que modifique su rumbo político y económico.

-Solés reivindicar al Papa. ¿Francisco tiene que volver?

-Primero, me gustaría decir que lo considero un líder mundial, que en la Argentina se insiste en invisibilizar porque él es un luchador incansable contra el capitalismo salvaje; entonces, su prédica incomoda. Digo eso y, a su vez, remarcó que es importante no enlodar a Francisco en el barro de la política local. Claro, él hace política, no lo niego, pero hace una política centrada en la ética de la solidaridad y en el buen vivir.

-Si existiera un delivery de la política, el pedido de autocrítica al kirchnerismo colapsaría todas las líneas. ¿Para vos ese fastidio con la conducción de tu espacio, que se da incluso entre la militancia propia, está firme o va desapareciendo?

-Nosotros hemos hecho muchísimas autocríticas. Las derrotas en Provincia y en la Nación fueron muy dolorosas. Aunque recordemos que fueron por un escaso porcentaje de votos. A ver, hemos revisado bastantes cosas, no debemos autoflagelarnos. Hemos renovado, incluso, nuestra comunicación política, que era siempre percibida con malos ojos. También es cierto que nos ganó un grupo político que llegó al gobierno enarbolando muchas mentiras. Cambiemos rompió el contrato electoral asumido apenas llegaron a la Rosada. Recordemos, Pobreza cero, no tocar Fútbol Para Todos y bajar la inflación fueron algunas de sus propuestas. ¿Y qué quedó de eso? Nada. Entonces, autocrítica sí, pero también mucho trabajo y propuestas para volver a enamorar a los argentinos y las argentinas en el 2019.

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Emiliano Guido

Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Forma parte del Programa de Integración Regional y Financiamiento para el Desarrollo en Fundación SES (Argentina). Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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